Bailarina y coreógrafa, directora de la compañía El Cuerpo Mutable, Lidya Romero cumple 40 años en el ejercicio de la danza. Para ello montó recientemente su obra Escaparates. En entrevista, habla de ésta, pero sobre todo de sus pensamientos de orden dancístico, camino que la ha situado en un primerísimo lugar dentro del arte nacional.
Lidya Romero está cumpliendo 40 años como bailarina. En los setenta formó parte del Ballet Nacional de México, a cuyo frente se encontraba la coreógrafa Guillermina Bravo. Ahí, en 1975, bailó la obra titulada Interacción y recomienzo como primera experiencia escénica. A partir de 1982, inició su faceta como coreógrafa de la compañía El Cuerpo Mutable, teatro de movimiento. Desde ese año la bailarina y la coreógrafa que rigen en ella van de la mano.
Hoy piensa que la fachada escénica tiene un fondo de varias capas que abordan el bailarín y el espectador. En ese sentido, lo escénico es un asunto de percepción conjunta.
Para festejar su aniversario, Romero invitó al público a ver la obra Escaparates, su más reciente trabajo coreográfico –en el que ella también participa como parte del elenco –, en los recintos Palacio de Bellas Artes, Teatro Flores Canelo y Sala Miguel Covarrubias.
Habla en entrevista con Proceso:
–Cuarenta años en la danza. ¿Cuál es el aprendizaje?
–En la trayectoria del bailarín hay algo que está siempre: la relación con el propio cuerpo. De pronto noto, como bailarina, que no es tanto cuánto hago sino cómo lo hago, y que el movimiento se expande hacia adentro del cuerpo. En ese sentido, el movimiento es elocuente en sí mismo.
–¿Ha habido un tema recurrente en su trabajo?
–Hay varios: Los personajes de la ciudad, la mujer… pero no soy feminista.
–¿Femineidad?
–Sí, más bien… Y también lo sombrío, es decir lo que está en los bajos fondos.
–¿Lo subterráneo?
–Lo subterráneo… y la ironía. En la mirada hay cierta ironía, no se ve todo así como es, siempre hay un comentario ácido, irónico. Y otro tema que también me planteo es la frivolidad. La aparente frivolidad que encierra muchas cosas.
–En su más reciente obra, Escaparates, ¿el lujo es el tema?
–Más bien, la obra aborda la elegancia. Esa frase inscrita en el programa de mano, de Sacha Guitry, que dice: “El lujo es cuestión de dinero, la elegancia materia de educación”. ¡Me gusta! Tengo una prenda, que me obsequió una tía, un abrigo aterciopelado negro con un cuello en forma de capa, confeccionado en los cincuenta. Como ese ya no hay otro igual. Es un tesoro porque ha acumulado historia original desde una época. Para mí eso tiene un gran valor. La obra tiene relación con los objetos que tienen historia.
–¿Cómo distingues la elegancia del lujo?
–Por el afecto. El escaparate es un sistema que me ha fascinado siempre. Esa vitrina que expone objetos a la vista del que pasa para generarle una pulsión. Las cualidades de un objeto afectan al sistema endócrino del cuerpo, despertando reacciones involuntarias. La psique humana se rige en un nivel primario por esa química del cuerpo. De ahí que, la no indiferencia como tema me sea interesante de investigar. Lo que hacemos en las artes escénicas es un escaparate. En el teatro nos mostramos o mostramos los personajes o los diseños y el lenguaje; lo que elegimos para mostrar en el teatro mueve los sistemas más profundos del espectador. Tomar consciencia de ese principio fisiológico de la escena me parece hoy importantísimo.
–¿Le interesa llegar a un siguiente nivel donde el espectador se hace consciente de su primer impulso?
–En el fenómeno que estamos investigando por medio de la escena, el espectador mira un objeto en el teatro, ese objeto le provoca una reacción, y esa reacción sorprende al mismo espectador. Su mirada y reflexión recaen sobre él mismo debido a la escenificación. Hasta ahí se produce el diálogo con él mismo. Escenificar es provocárselo, como diría mi maestro Juan José Gurrola.
Gama de múltiples realidades
–¿Cuál cuerpo es el que le ha interesado tratar en la danza?
–Voy a referirme a Escaparates, que consta de 18 escenas. En cada escena hay un tratamiento específico del cuerpo, no siempre es el mismo cuerpo. El cuerpo a veces es el objeto dentro del escaparate, a veces el transeúnte que ve el escaparate, a veces quien maneja el objeto del escaparate, a veces la ropa como material replicante del cuerpo es la que tiene el acento.
“La obra inicia con un cuerpo humano pero también es máquina en el escaparate, es decir, un objeto híbrido, algo parecido a la protagonista de Blade Runner. Esa condición extraña, que no se percibe en el cotidiano, me da mucha materia para investigar el movimiento que pasa de una cualidad a otra. Y esto me lleva a plantearme cuestiones sobre que el cuerpo no funciona de una única manera, más bien el cuerpo encierra múltiples funciones. Me interesa tomar hiperconciencia de ello para observar una gama de realidades en un sólo cuerpo.
–En Escaparates, el público se la pasó realmente bien…
–Sí. Acudió mucha gente a ver la obra. Me siento contenta porque no la realizamos para mis tías, sino para un público que tiene reacciones y reflexiones en el momento en que éste percibe lo que pasa en el teatro. El público se forma una opinión al respecto.
–¿Tomó el formato de los grandes ballets de la tradición clásica para realizar Escaparates?
–El formato de la suite. Es decir, una suite compuesta de muchas piezas pequeñas. Sí, ese formato me gusta mucho. Aunque más bien la obra tiene un formato de teatro de revista. Escaparates sería algo cercano a una revista musical. Y dentro de los referentes están los musicales de Broadway, Fred Astaire y también Astroboy.
–Y la obra es autorreferencial.
–Ajá, ajá, inevitablemente, porque estaba buscando durante el proceso qué había en existencia de obras anteriores mías que tuvieran que ver con escaparates. En específico, tomé elementos de las obras Arqueología posmoderna (1997), Papeles de guerra (2004) y XXV Aniversario (2007).
–Dedicó Escaparates a su papá.
–Sí. Él murió el 13 de enero, a los 90 años.
–¿Qué figura tiene su papá en su vida?
–Es fundacional. Mi papá fue a verme bailar en todas las obras, desde la primera.
–Dirige la compañía El Cuerpo Mutable hace 33 años. A ese título lo ha acompañado el concepto “teatro de movimiento”. ¿A qué se refiere?
–El concepto viene de una perspectiva de la danza como hecho teatral. El énfasis está puesto en las acciones del cuerpo que incluyen la danza.
–¿Le interesa la danza actual?
–Me interesa la diversidad del moverse… creo que la danza no se reduce a la repetición de códigos o formas de bailar. La danza es más bien investigación a título personal. Aprendemos los códigos dancísticos como herramientas, pero la danza en sí es un pensamiento.








