Pasar de la producción de cómics a poner en pantalla relatos protagonizados por seres de similar estirpe, ha resultado para la compañía Marvel un tránsito imperativo. Debía salvarse de la crisis de los años 90. Hoy, de la mano de la cadena ABC, realiza la serie televisiva Jessica Jones, historia de misterio con rasgos de terror más elementos característicos de los múltiples súper héroes creados por la industria cultural estadunidense.
De Batman, a Superman a Wonder Woman, Gatúbela o el Hombre Araña, los intérpretes de hazañas increíbles pueblan el imaginario de varias generaciones. Jessica Jones proviene de esa zaga. Difiere de las anteriores en que está pensada para adultos: hay sexo en abundancia.
Su perfil es curioso: posee una fuerza capaz de levantar un auto con una mano, de golpear y lanzar a varios hombres por el aire; sus ojos son especiales. No vuela pero da enormes saltos, cae parada. En todo lo demás es normal. Le da hambre, sueño, frío; sufre, quiere, se preocupa por los otros. La guía la necesidad de sobrevivir en un mundo hostil, de mantenerse fiel a sí misma y especialmente de protegerse. La historia comienza cuando la vemos huir de un sujeto que la incita al mal. Para contraatacar se refugia en el papel de detective privado. Con la solución de casos de infidelidad, pequeños fraudes y minucias semejantes, se gana la vida. Al mismo tiempo resguarda a las nuevas víctimas del ser perverso que obliga a cometer crímenes horrendos mediante la manipulación de las mentes, siempre y cuando esos cerebros correspondan a personas con algún poder sobrenatural.
El escenario está constituido por los bajos fondos de Nueva York. Jessica se mueve por ahí, tiene sus cómplices, sus amistades en ese mundo. Aunque conoce las altas esferas de donde saca trabajo y dinero.
La serie se va desenvolviendo poco a poco. En cada episodio obtenemos mayores datos, aparecen diferentes personajes secundarios, se inicia y cierra otra persecución. Desde el principio notamos que Jessica tiene rarezas; sus dones quedan evidenciados hasta el tercer capítulo.
El relato es un híbrido de géneros, pocas novedades lo adornan, se distingue por la fotografía. La composición y los puntos de vista son originales, se usa mucho la visión cenital, los planos medios, el posterior, el gran acercamiento que remite al dibujo de historieta. Priva la oscuridad, las tomas nocturnas o en interiores sórdidos, mal iluminados. La heroína usa siempre la misma ropa, no se peina, duerme poco, bebe mucho de un licor cuya marca es el inevitable anuncio, se identifica con el prototipo de lo underground en batalla por conseguir que el bien triunfe.
Es una producción reciente para la plataforma de Netflix.








