“45 años”

Kate (Charlotte Rampling) and Geoff (Tom Courtenay) no pudieron festejar sus cuarenta años de casados por problemas de salud de él; ahora van a hacerlo en grande, con banquete, música y todos los amigos, poco importa el ángulo agudo de la cifra.

Geoff recibe una carta oficial de Suiza anunciando que fue encontrado el cadáver de su novia de juventud, Katya, congelada en el hielo de los Alpes, en un accidente de 1962. El matrimonio se estremece, el conteo de los pocos días que faltan para la celebración provoca la tensión de una bomba que va a estallar.

45 años (45 Years; Gran Bretaña, 2015) es la adaptación libre de un cuento del poeta David Constantine, “En otro país”; el realizador y guionista, Andrew Haigh, adopta la perspectiva de Kate, maestra retirada, inteligente y de buen temple, bien asentada en una relación cincelada por décadas de convivencia, que de repente desconoce a su cónyuge y descubre que lo esencial de la relación se le habría escapado siempre; quizá la base sea una mentira que los años congelaron. La grieta viene desde la raíz; con el deshielo del glaciar, la relación se desquebraja.

Para Andrew Haigh, el tiempo es ese otro país donde el amor ocurre, y fragua su propia geología con paisajes nunca estáticos; de Weekend (2011), película de bajo presupuesto rodada con actores desconocidos, que explora el surgimiento y efecto del amor en un tiempo mínimo, un fin de semana, Haigh salta a una plataforma sostenida por dos íconos del cine inglés.

Entre Charlotte Rampling y Tom Courtenay hay más que la química habitual de dos veteranos de la pantalla; cada gesto durante los rituales cotidianos (dormir, desayunar, sacar a pasar al perro), muestra la fusión de una pareja adaptada al ritmo del otro a través de miles y miles de días; la superficie parece cómoda, la erosión del tiempo no ha hecho más que limar las asperezas, la ternura sigue viva, el amor se ve firme. Por eso el terremoto que destapa al cadáver provoca el terror de Kate; la cotidianidad, remedio de males y dudas, comienza a sofocar, y la desazón se instala donde gobernaba la confianza. Kate no puede evitar sentir cada vez más y más celos por una rival con la que no puede competir; entre gestos, tono de voz y miradas, Charlotte Rampling apenas deja entrever el desastre en la estructura psíquica de Kate.

La dirección de Haigh sostiene una atmósfera con un tono siempre temperado, Kate se controla gracias al cariño palpable en su relación con su marido, curarle una mano y poner atención a sus comentarios; Geoff, a pesar de su atracción hacia el precipicio que se tragó a su primer amor, se esfuerza por estar presente, contestar las preguntas directas de su esposa, pero el desasosiego termina por instalar una atmósfera de extrañamiento. En esa planicie de 45 años de matrimonio, a la que hace eco la belleza del paisaje taciturno de la región inglesa de Norfolk, el embrollo de emociones agobia; y el curso que toman asusta.

45 años semeja una versión naturalista de Lost Highway; ahí donde David Lynch muestra cómo se encarnan los demonios de los celos y de la culpa, Haigh deja que el espectador los imagine en detalles tan banales como retomar el hábito de fumar, esculcar un diario, o al sentirse al borde de la pesadilla escuchando una canción banal como “Humo en tus ojos”.