Mientras sus colegas de Los Folkloristas recibían la tarde del miércoles 16 de diciembre en Palacio Nacional el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015 –medio siglo de labor en pro de los géneros sonoros de México y América Latina–, uno de sus fundadores, Héctor Sánchez Campero, manifestaba con orgullo a Proceso:
“No hay nada más justo pues ha sido un enorme reto mantener durante cincuenta años a una gran familia, que es lo que significa para mí Los Folkloristas. Seguimos tocando y aprendiendo en el mismo tenor de búsqueda de sonidos, para conseguir instrumentos, enseñar y cantar las canciones de nuestro exquisito folclor con sus sabores originales.”
Oriundo de La Romita capitalina (1939), Sánchez Campero se acercó desde muy joven a la riqueza rítmica “inigualable” de los ricos sones mexicanos y a una amplia variedad de músicas latinoamericanas que han sido la razón de su existencia.
“El grupo ha tenido la cualidad de marcar las vidas de una multitud de músicos que han pasado por ahí. Por ejemplo, de Salvador El negro Ojeda siempre se habló de su extensa participación con Los Folkloristas cuando sólo estuvo con nosotros un año. Eso sí, su café Chez Negro en la colonia Del Valle fue nuestra cuna.”
Supo sobre aquel lugar de risas y cantos por un compañero que estudiaba con él arquitectura en la UNAM, “llegué un buen día de 1966 para ver cómo ensayaban ahí y a la semana ya estaba dentro del grupo”.
–¿Cómo aprendió a tocar el arpa jarocha y los bombos?
–Yo toqué mucho tiempo con huastecos jarochos. Iba cargándoles el arpa y así aprendí. Igual con el bombo legüero, me clavé tan a fondo que una noche me oyó Mercedes Sosa por casualidad, preguntó quién había tocado. ‘Yo’, le dije.
“A partir de entonces me contrató para trabajar con ella y siempre que venía me buscaba para irnos de gira. Los Folkloristas ganábamos dos mil por concierto y ella me pagaba 10 mil.”
Según Sánchez Campero, Los Folkloristas jamás se plantearon vivir de la música.
“Éramos una bola de amigos, no teníamos en mente la visión de trascendencia que se nos atribuye, la hemos logrado a base de 50 años de trabajo. Nuestra pasión era estar oyendo, aprendiendo, grabando e ir en pos de los instrumentos necesarios para nuestra música. Al principio noté que se tocaba a nivel de puras guitarras españolas, no tenían la huapanguera para los sones huastecos, y al llegar yo con el arpa enriquecí su instrumentación.”
–¿Quién bautizó a Los Folkloristas?
–Rosa Elena Domínguez, mamá de Gerardo Tamez. A todos nos gustó el nombre. Ella y su hermana Emilia, Mila, directora del coro de Filosofía y Letras, eran cantantes profesionales que nos dieron cohesión y seriedad.
“Gerardo fue esencial en Los Folkloristas, compuso ‘Tierra Mestiza’ que nos grabó la UNAM en Voz Viva de México, a la fecha sigue vigente.”
–¿Cómo fue su relación con Jorge Saldaña?
–Excelente, es de los meros fundadores. Me invitó a la primera grabación de su canción “Juan sin tierra”, donde toqué el arpa y él canta.
“Yo ya conocía a Pepe Ávila, pues en Televisa hacíamos música para el programa del Loco Valdés. Siempre mantuvimos una buena amistad y también con sus hijos. Los Folkloristas era una palomilla extensa, tocábamos día y noche abrazados a la guitarra. También recuerdo que iba el excelente músico Nacho Méndez Giui… Cuando entré faltaba un violinista y conseguí a Adrián Nieto, con él empezamos a montar sones huastecos. El hijo del fotógrafo Walter Reuter tocaba quenas, con René Villanueva…”
–Era como su vocero, ¿no? Se quejaba del rock como música del imperialismo yanki.
–Bueno, es que un amigo que se llama Federico Arana escribió un libro muy lapidario contra Los Folkloristas. Era su enemigo a muerte, pero René tuvo la puntería de no hacerle caso y el otro nos tiraba más leña. Fue una batalla chistosa. René estaba muy metido en política, pero cuando ocurrió lo de Tlatelolco en el 68 todos le entramos. Fuimos a tocar para los presos políticos en Lecumberri, a José Revueltas yo le daba clases, a la Chata Campa…
Las peñas folclóricas surgieron una década después, “ya que nosotros comenzamos a dar clases en una casa que se convirtió en La Peña de Los Folkloristas, de la calle de Manzanas, frente al Parque Hundido, la inauguró doña Chabuca Granda, ¡increíble!, luego vino la plana mayor de la música latinoamericana: Víctor Jara, Quilapayún, Illapu. Nuestra peña prendió.”
–¿Cuántos eran por entonces?
–Mira, en Los Folkloristas había problemas tipo “el Club de Tobi” con los hombres siempre abrazados a la guitarra, y las mujeres relegadas aparte. Entonces se instituyó que todo miembro del grupo tenía derecho a meter a su pareja. Rubén Ortiz metió a su esposa María Elena. A una gira por Cuba fuimos hasta 22… Muchos sólo participaban en una o dos piezas del programa largo en teatros, Saldaña cantaba su corrido, otra venezolana y punto. Tere Bourlón cantaba bossa nova. Pero como éramos profesionistas y los requerimientos técnicos del grupo crecieron, Los Folkloristas se depuraron.
Héctor Sánchez dejó dos veces aquella gran familia:
“Hubo problemas por 1976 cuando metí a mi esposa Yocasta Gallardo, acabó peleándose con todos. Tuvimos junta y la salimos, no encajaba. Yo también por solidaridad, pero volví a Los Folkloristas por a’i de los ochenta.
“Y en los noventa me salí de nuevo. No aguanté la violencia, para llevar a mi hijo a su escuela desde el Desierto de los Leones me armaba con pistolas, la Ciudad de México se puso muy brava y nos fuimos a Barcelona. Dije: ‘Yo no quiero esto pa mis hijos’.”
–¿De qué vivía allá?
–¡De mariachi! Y bastante bien, ¿eh? Ya van 17 años que vivo allá.
Con Rafael Acosta y el bajista Jorge García formó el conjunto de rock y folclor Míster Loco, “ganamos el Festival Mundial de la Canción Popular 1975 en Tokio”, y obtuvo un Ariel 2010 por musicalizarle a Rafael Corkidi Auandar Anapu.
La fortuna lo ha ido siguiendo, dice, y si hoy está acá es porque “nada se compara a México, yo le he dado clases de folclor a medio país”.
–¿Por qué no acompañó a los Folkloristas para recibir el premio?
–Ya te dije, somos una familia muy extensa. No cabríamos todos en Palacio Nacional. Los papeles para obtener este Premio Nacional de las Ciencias y Artes se metieron desde hace años y si hasta ahora nos lo otorgan, ¡pues enhorabuena! l








