“Heimweh- Estaciones”

Una pareja de jóvenes se enamoran en un viaje, y después de vivir en diferentes ciudades, se casan y se establecen en Austria, lugar de origen de Jakob. Ella es mexicana y apenas ha aprendido hablar el austriaco, así que su vida en ese lugar se convierte en un aislamiento atroz por el que crece su insatisfacción.

La historia de amor de Soledad y Jakob, planteada en la obra de teatro Heimweh-Estaciones, es simple. Transcurre linealmente y se detiene en detalles que poco construyen la problemática de los personajes. Son dos jóvenes encantadores cuya relación se ve afectada, lentamente, por  la situación desigual en la que viven. Y digo muy lentamente, pues el planteamiento se extiende a más de la mitad de la obra, recurriendo a lugares comunes, a estereotipos y a la descripción de acciones sin tensión dramática.

La autora, Myriam Orva, al escribir una obra autobiográfica, es condescendiente con sus personajes y poco se atreve a incursionar en su mundo oscuro, en sus defectos y contradicciones. La problemática está afuera de ellos, y ella los determina para llevarlos por senderos transitados por muchos: la soledad del que vive en el extranjero, la comodidad del residente, el amor por sobre todas las cosas, la insatisfacción y la pasividad, la depresión y la desilusión hacia el otro.

El recorrido de la vida de Sol y Jakob, interpretados por Cecilia Zolev y Gonzalo Guzmán, se vuelve previsible. Hasta el último tramo, el cual arranca con una pérdida, es cuando las emociones comienzan a aflorar. En ese momento los personajes se ven afectados, y  a pesar del gran amor que se profesan, la necesidad que tiene cada uno de vivir en su propio país determina sus decisiones.

Los actores Cecilia Solev y Gonzalo Guzmán, interpretan con naturalidad a sus personajes; su personalidad es contrastante y complementaria. Ella es activa y vital, es la narradora de la historia. Describe lo que hace y cómo le fueron pasando las cosas. Ambos las representan, las complementan o las traducen en acciones análogas, ya sea con sonidos, ritmos o repetición de acciones. El juego más sólido está dado en los diálogos y la interacción entre Soledad y Jakob.

El director Isael Almanza desarrolla con ingenio y creatividad los movimientos para las situaciones y las transiciones de escena. La hiperactividad de los actores ayuda al dinamismo de la obra, ya sea representando la escena o moviendo los armazones de madera. No hay descanso más que en momentos claves y emotivos.

Heimweh-Estaciones, que obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Dramaturgia joven Gerardo Mancebo del Castillo en 2011, hace referencia al periodo que vive la pareja según cada estación del año, empezando por el invierno. El diseño escénico de Anabel Altamirano y Teresa Alvarado está conformado principalmente por cimbra de madera para la construcción y bolsas de plástico en el techo que, con la luz, adquieren diferentes tonalidades. Los actores y la escenografía se integran con agilidad, y la presencia de la bicicleta hace un contraste atrayente.

Heimweh…, palabra austriaca cuyo significado remite a la nostalgia del hogar, se presentó el año pasado en el Teatro la Capilla y ahora está por concluir temporada en el Foro de la Gruta del Centro Cultural Helénico. La imposibilidad de mantener el amor fuera de los determinantes físicos y la dificultad de aceptar una ruptura, toca en el espectador fibras sensibles y crea una emotividad compartida por los asistentes.