¿Cuál paz provinciana?

En el turno al bat de la protervia de unos contra otros, desatada con furor indecible en nuestro último decenio, se encuentra el profesor José Guadalupe Madera Godoy. La información que los medios proporcionan al público es más que somera. Tal vez por su precariedad nos sirve de poco para obtener claridad sobre su situación particular. Interrogado sobre el caso el señor Almaguer, fiscal general del estado de Jalisco, lo evadió. Dijo que no iba a proporcionar informe alguno “por no ponerlo en peligro”. Si esperábamos conocer algún avatar de los malos sucesos que rodean hoy la vida del profesor Madera, y si sabemos contar, con las autoridades del caso no contemos.

Recapitulemos lo hasta hoy sabido. El pasado 26 de noviembre, Madera Godoy quedó de verse en Atemajac de Brizuela con Carlos Huitrón Ramírez, otro profesor. Madera ostentó el cargo de secretario general de la sección 47 del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Carlos Huitrón, la persona con quien se entrevistaría, perteneció a su equipo de trabajo, cartera o gabinete, en el periodo en que estuvo al frente de la sección. Huitrón no llegó a la cita.

Según algunas fuentes, la noche del mismo 26 de noviembre fue localizada una camioneta Toyota Tundra blanca, placas JT42608 de Jalisco. Un poco antes de llegar a la población de Zacoalco, viajando de Guadalajara hacia el sur, se encuentra un crucero de esta vía, por la que se puede remontar hacia Atemajac de Brizuela. El punto más cercano a estos referentes de ubicación es el poblado de Santa Catarina. A unos 20 metros de la carpeta asfáltica fue descubierta abandonada la unidad automotriz propiedad del profesor Madera, sin que se proporcionen más rastros o pistas de su paradero.

En algunos medios se sostuvo que fue encontrada, en estas condiciones relatadas, el día 27; en otros se leyó que fue hasta la mañana del 28 cuando se fue encontrado el vehículo. La diferencia de estas precisiones carece de relevancia frente al fondo del asunto que es la desaparición de una persona de reconocido perfil político en la vida pública del estado.

El profesor José Guadalupe Madera es oriundo de Lo Arado, municipio de la Huerta. De su carrera profesional como maestro es de destacarse que llegó a El Grullo donde se desempeñó una década en la dirección del centro escolar Manuel Ávila Camacho. Ahí se dio a conocer y a estimar de una buena cantidad de vecinos, por lo menos de todos aquellos que llevaron a sus hijos a la escuela en el tiempo de su gestión. Como para su inquietud política resultaba bastante reducido el cargo, saltó a la palestra de la disputa electoral. Contendió por la diputación del distrito 18 bajo las siglas del PRD y ocupó dicho escaño. Lo ganó por la vía del conteo por repechaje. Fue pues diputado plurinominal.

Posteriormente volvió a contender para un escaño parlamentario, ya no con las siglas del sol azteca, sino por la franquicia que le otorgó el gobierno a la maestra Elba Esther Gordillo, cuando aún no había ni visos de que se dedicarían a romperse las medias. El llamado partido de la Nueva Alianza lo llevó a la curul de nuevo en su misma calidad de diputado local y bajo la misma figura de plurinominal. De estos puestos se obtiene brillo propio o prestado, como sea, pero brillo al fin. Madera, como se le conoce popularmente, pasó a ser una figura pública estatal. Su presencia política terminó de cuajar cuando ocupó la secretaría general de la sección 47 del sindicato magisterial.

De su captura y posterior retención no trasciende ninguna pista. Su esposa Olivia Michel y los hijos de ambos, que residen en El Grullo, aún no salen de su asombro por la desaparición de este pilar familiar. Su círculo cercano refiere que el profesor sufre serio padecimiento de diabetes y de males derivados del azúcar. Suponen, o lo saben, que sus captores no le prodigan los cuidados que estos agudos males requieren, por lo que deducen que la salud física del desaparecido se está deteriorando. En cuanto a los móviles del secuestro o desaparición, nadie se atreve a elevar hipótesis alguna. Se rumora, sin poder precisarse la fuente ni los datos, de que la familia ya recibió alguna comunicación de los captores en la que les exigen la suma de un millón de dólares por su rescate.

Este dato puede ser una mera especulación. El señor fiscal general, Almaguer, otra vez, al ser abordado por los reporteros para que les diera alguna pista a la cual atenerse, dijo que no quería poner en riesgo la vida de este profesor, nada más. Pero soltó también, como no queriendo, que había de por medio mucho dinero. Si hablar de un millón de dólares por su rescate es especulación, vincular su secuestro (en caso de que ésta sea la figura delictiva bajo la cual esté sometido) a su participación en el destino del dinero de Pensiones del Estado, autorizado para edificar el Nuevo Cancún, viene siendo otra pista con cimientos en el aire. En el periodo de Emilio González Márquez, Madera fue señalado como responsable de aplicación de altas sumas pensiones a estos fines heterodoxos, como se estila. Han aportado tesis y estudios en los que se documentan desvíos y quebrantos a esta caja de ahorros.

Si son estas dos razones señaladas las que están detrás de la desaparición del profesor Madera, o si son líos de faldas, o si se trata de otro tipo de ajuste de cuentas, lo claro es que no se trata de ningún proceso judicial de los que invoca nuestra normativa formal. Le aplicaron el ejercicio de la justicia por propia mano o el del abuso arbitrario de la saña en su contra. Sea una u otra su situación especial, no abrigan gran esperanza los suyos de volver a tenerlo a su lado, o por lo menos no a la plenitud y salud con que compartía con ellos su vida cotidiana. La incertidumbre por su ausencia forzosa parece haber desplomado el buen talante y disposición de sus seres queridos más cercanos.

La incertidumbre del paradero presente de Madera, exdiputado grullense, obliga a recordar el secuestro y homicidio con saña hace poco más de un año de otro diputado de esta tierra, antaño cantada y celebrada como pacífica y festiva. El doctor Gabriel Gómez Michel murió de forma violenta, aún sin explicar, recién pasadas las fiestas patrias del año pasado. Su mala estrella hizo que unos días después viniera el desaguisado de lo de Iguala, con los muchachos de Ayotzinapa, que retiró totalmente la atención de este crimen artero. No hubo ya aclaración. Al contrario. Una pesada loza de silencio es el manto que cubre la tumba del doctor Gabriel Gómez.

Lo mismo puede afirmarse de la muerte de Javier Galván, prominente político priista de Autlán, asesinado en Guadalajara en junio pasado. La memoria colectiva empieza a desvanecerlos a ambos. A la polla de los infortunios locales en cabeza de nuestros hombres públicos viene a sumarse el caso Madera. Ojalá no lamentemos de él también un triste desenlace, como se nos vuelve rutina poco a poco, sin que reaccionemos. l