Los descendientes de Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, quien adoptó el nombre de Benedicto XIII cuando fue entronizado como Papa, buscan reivindicar la figura del cismático religioso. Uno de ellos, Óscar González Garí, escribió ya el tomo I del libro Aportes y secretos de la familia González Luna a la historia de México e Hispanoamérica. Genealogía de ancestros y raíces en Aragón y Autlán, y lo presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Lo que sigue, dice, es aprovechar la visita del Papa Francisco para darle un ejemplar del libro y pedirle el levantamiento de las sanciones a su familiar.
La familia González Luna Romero, de abolengo en Jalisco, solicitará al Papa Francisco poner fin la excomunión de su ancestro Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, quien adoptó el nombre de Benedicto XIII de Aviñón en diciembre de 1394 cuando fue entronizado como Papa.
Conocido popularmente como Papa Luna o del Mar, Martínez de Luna es pariente lejano de Óscar González Garí, representante de la Red Jalisciense de los Derechos Humanos, abogado y teólogo, egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).
González Garí, quien promueve la defensa de los derechos de los indígenas a través de los egresados de la Universidad de Salamanca, asegura a Proceso Jalisco que existen las condiciones para iniciar el rescate de la imagen de su ancestro, nacido en la localidad de Illueca en 1328, en el entonces reino de Aragón, es una de las figuras más connotadas de la dinastía González Luna, extendida en seis ramas genealógicas.
Benedicto XIII, considerado como antipapa tras un bloqueo militar de los franceses, quienes se oponían a que continuara como representante de San Pedro, huyó de su palacio papal en Aviñón en 1403. Portugal y Navarra se sumaron Francia para desconocerlo. Sin embargo, Martínez de Luna siempre adujo que su papado era válido dado que era el único cardenal elegido antes de que se produjera el Cisma de Occidente, en 1398.
El Papa Luna, quien fue excomulgado por el Concilio de Constanza en 1417, también excomulgó a los cardenales y arzobispos convocados por el emperador alemán Segismundo de Romanos. La vida y obra de Benedicto XIII apenas empieza a ser estudiada en América.
El viernes 4, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, González Garí presentó su libro Aportes y secretos de la familia González Luna a la historia de México e Hispanoamérica. Genealogía de ancestros y raíces en Aragón y Autlán, tomo I en el que hace un análisis del periodo 1328-1863, rescata los antecedentes del papado de Benedicto XIII, así como de los González Luna, asentados en Jalisco desde hace varios siglos.
Las ramas de esa familia se dividen en González Luna Romero; González Orendáin; González Luna Morfín; González Luna Vázquez; González Luna Chao; González Luna Sauza y González Luna Ochoa.
El autor del libro pertenece a la primera rama, una de las más conocidas en Jalisco por su participación política. A esa familia perteneció Efraín González Luna, fundador del Partido Acción Nacional (PAN), aspirante a la Presidencia de la República en 1952, al igual que su hijo del mismo nombre pero de apellidos González Morfín.
González Garí relata una historia inédita y reconstruye los antecedentes de la referida familia en España y de sus primeros integrantes que migraron a América y llegaron Jalisco.
En la obra desfilan personajes claves para entender el desarrollo histórico de la región centrooccidental de México, entre ellos los líderes cristeros como el alcalde de Guadalajara Mauro Heliodoro González Álvarez, reconocido por su filiación maderista, hoy injustamente olvidado. González Álvarez se casó en 1890 en Autlán con Rosario Luna Michel, dando origen a la familia González Luna.
El autor de libro recién presentado comenta que en 2016 se publicará un segundo tomo sobre sus ancestros que abarcará el periodo 1863-2014. Y adelanta que en febrero próximo, cuando el Papa Francisco visite por primera vez nuestro país, acudirá a Morelia, Michoacán, para buscar una entrevista con él o con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin.
“Por lo menos queremos entregar el libro y una carta en la cual solicitaremos al Papa Francisco como descendientes de la familia González Luna la revisión profunda y definitiva del caso para el levantamiento de las sanciones (a Benedicto XIII)”, sostiene González Garín.
También, pedirán que se reconozca la virtud de ese pontífice y su obra como un hombre preocupado por el reconocimiento de los nativos del nuevo continente en calidad de seres humanos “con alma”.
Esa condición les concedió en el siglo XV el sacerdote dominico Francisco de Vitoria –fundador del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional público– a petición de Fray Bartolomé de las Casas, insigne defensor universal de indios.
Según el entrevistado, el Papa Luna no tuvo descendientes directos; “no tuvo hijos, por lo tanto no podía tener un parentesco consanguíneo directo, pero sus hermanos Juan y Contesina si tuvieron hijos”.
Sus apellidos eran Martínez de Luna, porque antes se ponía primero el apellido de la madre y al final el del padre. Incluso al Papa Luna se le conoce más como Pedro de Luna que como Pedro Martínez de Luna. Su mamá era hija de un rey en Mallorca y tenía sangre árabe.
Benedicto XIII fue el primer Papa de origen español, pues nació en Illueca, un pueblito cerca de Zaragoza, España.
La genealogía
A principios de siglo en México no se sabía nada de Benedicto XIII, comenta González Garí; ni siquiera las familias Luna y González Luna saben la historia del pasado glorioso y polémico del último Papa de Aviñón. Esto se debió a que sus integrantes no querían correr el riesgo de ser procesados por herejía o blasfemia. El tiempo lo mandó al olvido, pero pudo más la memoria.
“Benedicto XIII es el segundo Papa más longevo de toda la historia de la Iglesia católica, pues ostentó ese mandato durante 29 años, de 1394 a 1423, según el libro de González Garí.
En 2003, escribió, “mi tío Eduardo Francisco González Luna Sauza, hijo de Ramiro González Luna, decidió ir a España a investigar el caso e intervenir en apoyo a la Iglesia española, que a través del obispo auxiliar de Toledo, Carmelo Borobia Isasa, simpatiza con la causa de la reiniciación del Papa Luna dentro de la Iglesia católica por ser una ingratitud y una injusticia mayúscula, en su agravio”.
Como presidente de la Conferencia del Episcopado Español, Borobia entregó un alegato para pedirle a Juan Pablo II que le fueran levantadas las sanciones terribles del Concilio de Constanza a Benedicto XIII. Ese concilio lo definió como “rama seca, perjuro, cismático, heresiarca y nigromántico (brujo). Y aunque se le expulsa de la Iglesia, él se considera represente legítimo de ella”.
Tres veces quisieron matarlo para nombrar un Papa romano: la primera en el cerco militar a los Papas de Aviñón (1399-1401; la segunda mediante con brujería por medio de J. de Hátenes (1406 y 1407), y en la última (1418), los frailes Dálava y Cálvet le dieron galletas con arsénico.
González Garí describe que otro de los actos importantes en los que contribuyó Benedicto XIII fue la aportación de 28 mil bulas –documento pontificio– firmadas por el Papa Luna, en asuntos de reyes, iglesia, educación, ciencia y arte.
En ellos se pueden localizar los decretos que crearon las escuelas de teología y derecho de la Universidad de Salamanca, que más tarde serían promovidos por los juristas españoles de la escuela salamantina, entre ellos fray Francisco de Vitoria, el más grande representante de la Iglesia católica.
“Pero, ¿quiénes van a formar esa escuela (de Salamanca) y qué trascendencia van a tener en Europa y América?”, se cuestiona González Garín.
Relata que antes de las bulas promulgadas por el Papa Luna, la escuela de Salamanca sólo ofrecía estudios en medicina, astronomía y letras.
“Fray Francisco va a formar a otros religiosos claves en la promoción de los derechos humanos del nuevo continente como los frailes Bartolomé de las Casas, Antonio Alcalde y Tata Vasco, Julián Garcés, obispo de Tlaxcala, Toribio Mogrovejo, obispo de Perú y Antonio de Montesinos, en las Antillas, un gran predicador y defensor de indios”, sostiene el entrevistado.
Este hecho, dice, fue “una bendición para América Latina y sus pueblos indígenas”. Los religiosos llegaron a humanizar, no a imponer el cristianismo; a respetar los orígenes de los pueblos y su identidad. Y fueron esos salmantinos quienes realizaron un papel protagónico en la defensa de la dignidad humana de los pueblos originarios.
“Por lo tanto, es posible que si los mexicanos tenemos más tesón, más organización y más tacto, podemos llegar al Papa Francisco, podemos lograr que él analice el caso y levante la excomunión a Clemente VII y Benedicto XIII, nuestro ancestro.
“Eso es lo que estamos buscando nosotros, porque ambos fueron indebidamente excomulgados. Lo más grave es que el cráneo del Benedicto XIII está sin enterrar desde hace 600 años, lo que es un verdadero sacrilegio.”
González Garín comenta que sus familiares tendrán también una entrevista con el cardenal Francisco Robles Ortega en Guadalajara. Confían en que, por ser autlense –“y por haber sido asistido por mi tía Dolores García Luna, quien donó el terreno de cinco hectáreas del seminario de la diócesis de Autlán en la década de los sesenta donde él estudió”– los escuche.
El año 2000 un grupo de adolescentes robó el cráneo de Benedicto XIII e intentó cobrar un rescate de 1 millón de euros, aproximadamente 17 millones de pesos mexicanos. En fechas recientes, el cráneo del Papa Luna fue recuperado por las autoridades de Zaragoza, la capital de la provincia de Aragón, por considerar que “reviste interés de orden cultural para esa región de España”.
Sostiene que es tiempo de que la representación de la Iglesia católica analice y reconozca el aporte del Papa Luna en la prédica del Evangelio y en aporte de ese personaje para el desarrollo del humanismo, de los derechos del hombre, y de su promoción en materia de la educación superior en Europa.
La investigación sobre Benedicto XIII, dice González Garí, se inició en 2003, cuando su tío Eduardo González Luna Sauza, un empresario tapatío dedicado al negocio de las llantas, decidió investigar sobre su antepasado.
Hace más de una década, dice, realizaron varios exámenes para determinar el parentesco de Benedicto XIII con la familia Luna de Jalisco. El mismo González Garí se hizo una prueba de ADN que demostró que sí había afinidad genética en más de 70%, con relación al Papa Luna. l








