Una transición inevitable

En las elecciones que Venezuela celebra este domingo 6 está en juego el control de la Asamblea Nacional. Las encuestas auguran el triunfo de la oposición, pero el presidente Nicolás Maduro ha echado mano de “la maquinaria del Estado” para impedirlo. Cualquiera que sea el resultado, se prevé que aumente la tensión política, pues el chavismo intentará mantener su hegemonía. En los hechos, sin embargo, el escenario está cambiando: el “proyecto del socialismo del siglo XXI” que impulsó el extinto Hugo Chávez muestra signos de agotamiento.

CARACAS.- Independientemente del resultado, las elecciones legislativas de este domingo 6 en Venezuela marcan el inicio de una transición que definirá la manera en que este país resolverá las crisis política, económica y social que comenzaron a expresarse con fuerza al morir el presidente Hugo Chávez, en abril de 2013.

“Este lunes 7 sabremos si la crisis venezolana puede resolverse por la vía electoral e institucional o si tendremos que esperar a que la tensión se siga acumulando y encuentre por sí sola otras válvulas de escape. En uno u otro caso, será el arranque de una transición hacia un cambio del sistema político”, dice el abogado constitucionalista José Armando Mejía.

El chavismo, aglutinado en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), se dice dispuesto a lidiar con cualquier escenario. Pero hasta el cierre de campañas, el jueves 3, el presidente Nicolás Maduro mantuvo un tono ambiguo sobre su disposición a reconocer una derrota electoral que le quite a su bloque político el control de la unicameral Asamblea Nacional (AN) y sobre cómo sería su convivencia con un poder del Estado de mayoría opositora, algo inédito en casi 17 años de chavismo.

Maduro recorrió el país haciendo campaña, destinó enormes recursos del presupuesto público a la movilización del electorado chavista, advirtió que Venezuela podría desestabilizarse con un triunfo opositor y llamó a sus rivales a acatar los resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE), un organismo controlado por abiertos simpatizantes del PSUV.

Y también advirtió que ese partido ganaría las elecciones “como sea”.

El secretario ejecutivo de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Chúo Torrealba, afirma en entrevista que “es imposible que haya un desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas y que ese desconocimiento sea exitoso”.

Por ello, Torrealba prevé que esa coalición que aglutina a los partidos opositores venezolanos obtendrá la mayoría de las 165 diputaciones de la AN, y que con ese triunfo “comenzará el ocaso de una hegemonía decadente y el cierre de un ciclo político” que se inició el 2 de febrero de 1999, cuando Chávez juró como presidente.

De acuerdo con el líder de la MUD, “en caso de que nuestras actas nos digan que perdimos y el CNE así lo anuncie, nosotros lo reconoceremos, pero si nuestras actas nos dicen que ganamos y el consejo dice algo distinto, entonces tendremos que utilizar los instrumentos que nos da la Constitución y reclamar respeto a la voluntad popular”.

Torrealba indica que, más allá del resultado de los comicios, “el siguiente paso de la MUD será convocar a un diálogo nacional al que se pueden incorporar sectores del chavismo que hasta ahora han sido presas de un chantaje interno muy poderoso por expresar posiciones autónomas”.

El diputado del PSUV y candidato a la reelección Juan Contreras Suniaga declara a Proceso que los chavistas irán “al debate parlamentario que haya que dar, así seamos mayoría o minoría en la asamblea”. Y añade: “En el caso hipotético de que obtengamos menos votos este domingo 6, vamos a seguir dando la lucha”.

El legislador oficialista reconoce que la recesión económica, la escasez de productos básicos y la hiperinflación han provocado malestar social. “Pero eso no quiere decir que el pueblo le dio la espalda al proyecto socialista de Chávez”, agrega.

Contreras Suniaga cree que, al margen de la coyuntura electoral, el fallecido presidente que impulsó el “socialismo del siglo XXI” en un momento de bonanza petrolera “es ya un fenómeno cultural muy arraigado en el imaginario colectivo venezolano”.

El declive

Es un hecho que desde la muerte de Chávez, el 5 de marzo de 2013, el PSUV ha tenido un camino cuesta arriba para mantenerse en el poder. En abril de ese año, Maduro obtuvo la presidencia en una reñida contienda frente al candidato de la MUD, Henrique Capriles, a quien superó por apenas 1.49 puntos, equivalentes a 224 mil votos. Los resultados fueron cuestionados por la oposición.

Desde entonces Venezuela ha vivido un periodo de tensiones políticas y un creciente deterioro económico y social. En los últimos tres años, el ingreso por habitante ha caído 17.7%, la inflación rebasó el 324% y la pobreza creció en más de 10 puntos porcentuales.

El año pasado, una serie de marchas estudiantiles contra la inseguridad pública
–en un país que tiene la tasa más alta de homicidios en América Latina, después de Honduras– se transformó en protestas masivas que fueron reprimidas por la Guardia Nacional y grupos paramilitares chavistas conocidos como “colectivos”. El saldo fue de 43 muertos y centenares de detenidos.

Y este año, la caída de los precios internacionales del petróleo, un producto que representa 97% de las exportaciones venezolanas, dejó al gobierno sin divisas para importar en forma suficiente los alimentos y productos básicos que demandan los ciudadanos, quienes deben realizar grandes filas en los supermercados para abastecerse.

Ormelys Díaz, una profesora retirada que siempre apoyó a Chávez, dice en una larga fila frente a un mercado de la cadena gubernamental Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos: “La situación está muy mala y yo no sé por quién voy a votar”. Ella quiere comprar café, leche y pañales desechables para su nieto, y no sabe si al llegar su turno encontrará esos productos. “Esto es así siempre, no es posible que en un país tan rico falten alimentos”, se queja.

Varias mujeres a su alrededor también responsabilizan al gobierno del desabasto, pero María Eugenia Achaguas, un ama de casa del popular barrio de Petare, vestida con la camiseta roja que identifica a los chavistas, dice que la escasez “es por la guerra económica que la oligarquía le hace a Maduro”.

Para el politólogo Alexis Alzuru, en las campañas para los comicios de este domingo se aunaron tres crisis: la económica, la social y la política, y su solución dependerá de la disposición del régimen que encabeza Maduro para reconocer un triunfo de la oposición, si éste se produce, y de la capacidad de la MUD para lograr un pacto político con el chavismo moderado.

“Vienen años muy complejos, de mucha más tensión, en los que la oposición tendrá que avanzar en un diálogo puntual con los chavistas que no son necesariamente maduristas y con los sectores independientes”, sostiene el profesor de la Universidad Central de Venezuela.

El secretario general del Movimiento al Socialismo, Felipe Mujica, cuyo partido salió de la MUD y hoy forma parte del bloque de independientes, considera que Venezuela requiere una transición de consenso que pase “por un pacto nacional entre las diferentes fuerzas políticas, y estas elecciones pueden ser una oportunidad para dar ese paso”.

La tensión que viene

El secretario nacional del Partido Patria para Todos, Rafael Uzcátegui, quien es candidato a diputado en alianza con el PSUV, señala lo que está en juego en estos comicios: el control de la AN, que es uno de los tres poderes del Estado, y perderlo no significaría la debacle del proyecto chavista.

Dice que, en ese caso, el chavismo se quedaría sin una herramienta muy importante, pero aún tendría la presidencia, 20 de las 23 gobernaciones, y 292 de las 337 alcaldías.

“La oposición trataría de construir desde la asamblea un poder paralelo, pero nosotros iríamos a una alianza cívico-militar para movilizarnos con el pueblo y tendríamos, además, muchas vías constitucionales y jurídicas para enfrentar ese poder paralelo. A Venezuela le quedan muchos años de tensión política”, asegura.

Juan Luis, un empleado de gobierno que omite su apellido, dice que “el venezolano está cansado de este bochinche (pleito), pero nadie quiere poner paz, todos están agarrados y el país está dividido”.

El abogado José Armando Mejía coincide con Uzcátegui en que estos comicios no aliviarán la polarización política de los últimos años porque, cualquiera que sea su resultado, el oficialismo tratará de mantener su hegemonía.

“Si hay un triunfo del PSUV, podría cerrarse la posibilidad de resolver la crisis venezolana por la vía electoral. Y si hay una victoria de la MUD, el gobierno entraría en confrontación con la Asamblea Nacional y recurriría al Poder Judicial para dirimir las diferencias, con la peculiaridad de que este poder está en manos de jueces que son connotados militantes del partido oficial”, señala.

Según el doctor en derecho por la Universidad de París, lo que le espera a Venezuela en ese caso “es un conflicto de poderes en el que el árbitro no es un actor imparcial”.

Menciona que si una mayoría opositora le rechaza a Maduro cualquier iniciativa de ley o aprueba algunas que no le gusten, éste podría desacatar la decisión legislativa y recurrir al Tribunal Supremo de Justicia, “que seguramente le dará la razón y usará el veto”, una facultad que no tiene el Ejecutivo en Venezuela pero sí el Poder Judicial.

El abogado constitucionalista sostiene que el chavismo “está incapacitado para cohabitar políticamente con la oposición, no lo ha hecho a lo largo de los 17 años que ha gobernado el país y no ha mostrado ninguna disposición de quererlo hacer, sino por el contrario, ha encarcelado, inhabilitado, perseguido y descalificado a sus contradictores”.

Señala que otro factor que debe tomarse en cuenta es la Fuerza Armada Nacional (FAN), que tiene una cúpula alineada con el gobierno y decenas de altos oficiales a cargo de ministerios, gobernaciones, empresas públicas, embajadas, universidades estatales y organismos de seguridad del Estado.

“Habrá que ver qué papel va a jugar la FAN en una profundización de esta crisis, y en caso de que el gobierno decida recurrir a una represión generalizada para sofocar la resistencia de más de la mitad del país al modelo político, económico y social del chavismo”, dice el profesor de ciencias políticas en las universidades Metropolitana y Católica del Táchira.

El martes 1 la MUD pidió a los integrantes de la Fuerza Armada cumplir con su deber constitucional y “desoír cualquier llamado, instrucción u orden” que sea contrario a la voluntad que expresen los votantes en las urnas.

El ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, descartó que el proceso electoral pueda derivar en un “golpe de Estado o autogolpe”, lo cual fue muy bien valorado por Torrealba.

Contrapeso

El presidente del partido Acción Democrática y directivo de la MUD, Henry Ramos Allup, señala que un triunfo opositor tendría “un efecto determinante en el futuro político inmediato de Venezuela” porque permitiría a la Asamblea Nacional asumir un papel fiscalizador de la función pública y de contrapeso al Ejecutivo.

El político socialdemócrata y abogado señala que una mayoría legislativa simple –al menos 83 diputados– le permitiría a la oposición aprobar o rechazar el presupuesto público, convocar a referendos consultivos sobre asuntos de interés nacional, emitir votos de censura al vicepresidente y a los ministros, y autorizar viajes del presidente al extranjero cuando sean de más de cinco días.

Además, la oposición asumiría la mesa directiva de la asamblea y la presidencia de las principales comisiones legislativas, y podría ejercer funciones de control político a los ministros y funcionarios públicos mediante interpelaciones, investigaciones y preguntas.

Una mayoría legislativa simple también puede declarar la incapacidad física o mental permanente del presidente, siempre y cuando ésta haya sido certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia, así como declarar el abandono del cargo por parte del mandatario.

De hecho, el bloque oficialista que controló el Congreso durante los últimos cinco años lo hizo con una mayoría simple de 99 diputados.

Para destituir al vicepresidente o a ministros y designar o remover a integrantes del Consejo Nacional Electoral, la asamblea requiere del voto de las tres quintas partes de los diputados (al menos 99).

Con 110 legisladores, la oposición podría someter a referendo tratados internacionales que pudieran comprometer la soberanía nacional, modificar leyes orgánicas, remover a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

“Seríamos un real contrapeso al Poder Ejecutivo y sería el principio de una transición que debe conducir a Venezuela al fin de una hegemonía política de 17 años”, dice Ramos Allup.

En lo que coinciden el dirigente opositor y sus adversarios chavistas es en que después de las elecciones legislativas, Venezuela –el país con las mayores reservas petroleras del mundo, con 297 mil millones de barriles netos– tiene que enfocarse en resolver sus apremiantes problemas de desabasto, hiperinflación y criminalidad, que son los que más preocupan a la población. l