Un mural en litigio

Lo que comenzó como un amistoso acuerdo verbal para que el pintor Antonio Sandoval Valle realizara un mural en la sede del Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva, se convirtió en litigio cuando José Guerrerosantos le pidió al artista que cambiara la obra de lugar: en vez de una pared sería un cubo de escalera. Eso elevó la cotización, pero el cliente no quiso pagar y llevó a juicio al pintor. El proceso comenzó en 2009 y está empantanado.

El mural que en 2009 dejó inconcluso Antonio Sandoval Valle en el Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva, A.C. (IJCR), sigue siendo motivo de polémica: el patronato de la institución pretende que el pintor termine la obra mediante una demanda, que se encuentra radicada en el Juzgado Segundo Civil del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado de Jalisco con el número de expediente 1037/2010.

El IJCR demandó al artista por daños y perjuicios como consecuencia de un supuesto incumplimiento.

El juez que lleva el caso, Felipe Sánchez Montes de Oca, solicitó al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) que asigne a un perito en arte para que valore si las acusaciones del patronato son ciertas. Pero Sandoval Valle cree que la intervención del IJCF es innecesaria, porque existen la Secretaría de Cultura de Jalisco, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes, que podrían hacerse cargo del peritaje.

Desde su punto de vista, la solicitud del juez revela que en la entidad no existe un ente especializado en la valoración del arte, o bien que el patronato del IJCR intenta a toda costa que termine el mural en forma gratuita.

El pintor señala que el conflicto surgió porque la cotización de la obra se elevó cuando el titular del IJCR, José Guerrerosantos, le pidió que trasladara el mural de una pared hacia el cubo de las escaleras. Originalmente habían pactado 590 mil pesos, pero con esa modificación se incrementó a poco más de 2 millones de pesos (Proceso Jalisco 393).

Fue cuando el patronato decidió suspender la obra e interponer la demanda por incumplimiento, además de exigirle a Sandoval Valle la devolución de lo que había cobrado. El pintor reaccionó con una contrademanda en la que reclama el pago de sus honorarios, así como daños y perjuicios por 4 millones de pesos.

Según el abogado del artista, José Manuel Michel, antes de que el juez recurriera al IJCF, había solicitado a tres profesionistas que evaluaran el trabajo de Sandoval Valle pero ellos no aceptaron, con el argumento de que no tenían la capacidad para valorar la obra.

“El juez no ha encontrado un perito valuador en arte que pueda auxiliar, pueda determinar realmente cuánto vale la obra de Sandoval Valle; en esa etapa procesal nos encontramos”, precisa.

Comenta que dichas etapas prácticamente se habían agotado, pero el juez consideró que hacía falta un testimonio y ordenó reponer el procedimiento e iniciar desde cero.

No obstante, continúa, para entonces ya se habían efectuado dos peritajes, uno a cargo del académico de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, Sergio Murillo González, y otro del arquitecto Héctor García Curiel.

Según el documento expedido por el primero, “el solo hecho de poner límites y condiciones artísticas, técnicas y presupuestales a un muralista no pueden ser fijadas por personas ajenas al oficio y sin ninguna experiencia directa en el arte de que se trata, son tantos los elementos que entran en juego, que ni es fácil en modo alguno prever de antemano el resultado final”.

En cambio, García Curiel concluye que la obra lleva un avance de más de 80% y que el autor ha invertido alrededor de 1 millón 250 mil pesos en “materiales, aplicación, mano de obra y expresión artística”.

A juicio

Sandoval Valle sostiene que llegó a un acuerdo verbal con Guerrerosantos para realizar el mural, y cuando ya había avanzado se enteró de la existencia del patronato, el cual comenzó a reclamarle su “tardanza” en terminar la obra y a cuestionarle la elevación del presupuesto original.

El artista señala que el peritaje de García Curiel está sesgado, pues se apega al presupuesto que asignó el patronato y no contempla todos los gastos que se requieren para concluir la obra.

Su abogado precisa que el IJCF aún no determina al perito y su cliente teme que aquél no tenga el perfil necesario para valorar la obra.

Recuerda que en agosto, septiembre y octubre pasados trataron de llegar a una conciliación con el IJCR mediante audiencias celebradas en el Instituto de Justicia Alternativa del Estado de Jalisco, donde el artista aceptó rebajar 50% de su demanda original de 4 millones de pesos como indemnización, pero el patronato rechazó esa propuesta, por lo que decidieron ir a fondo en la demanda judicial.

En su declaración judicial, Sandoval Valle relata que conoció al médico José Guerrerosantos en su consultorio particular, donde le ofreció reproducciones de sus dibujos, y le gustaron tanto que lo invitó a ejecutar un mural en el edificio del IJCR.

El tema sería el síndrome de Parry-Romberg, desorden que se caracteriza por el desgaste lento y progresivo de los tejidos blandos de media cara y se manifiestan en labio y paladar hendido, entre otros síntomas. “Lo que usted hace con el lápiz, yo lo hago con el bisturí”, le dijo el médico a Sandoval cuando llegaron al acuerdo.

El mural de Sandoval Valle abarca cuatro muros y el techo. En uno de ellos se observa un boceto de José Guerrerosantos aplicando un bisturí en el rostro de un paciente. En otro están los retratos de los integrantes del patronato, entre ellos el exalcalde de Guadalajara Enrique Dau Flores, a quien se le atribuyó responsabilidad por las explosiones del 22 de abril de 1992 en el sector Reforma.

En el portal de videos YouTube puede apreciarse la obra inconclusa de Sandoval con el título Un instante en el mural. De acuerdo con el artista, en 2007 comenzó el trabajo con la preparación de techos, pilastras y pasillos, él solo porque el presupuesto no le permitió contratar ayudantes.

En 2008 se abocó a las anatomías, detalles, texturas y correcciones del mural, que lleva por título El espejo interno y está basado en los conceptos de fealdad y de belleza, relacionados con la cirugía reconstructiva. La obra causó polémica cuando Sandoval Valle colocó espejos en cada una de las paredes para provocar ilusiones ópticas.

“Era para crear un movimiento ilusorio, tanto desde abajo como desde arriba, en el cual se iba a mover el mural, y al irse movimiento el espectador iban a estar observando partes de arriba y de abajo al mismo tiempo. Ellos nunca comprendieron y no quisieron ver mi proyecto definitivo porque se les hizo muy caro lo que les cobraba”, dice.

En entrevista con Proceso Jalisco, el pintor dice estar preocupado por la posibilidad de no terminar el mural, porque han transcurrido varios años y agrega que el patronato no ha mostrado disposición para llegar a un arreglo, a pesar de que él tuvo con el médico Guerrerosantos una relación “totalmente profesional y llena de anécdotas”.

Sandoval Valle puntualiza que desde el trazado del mural se enfrentó a dificultades porque nunca había pintado en cubos de escalera y esto le representó un reto que debía solucionar con una composición diferente. Así que debió estudiar la temática, lo cual no podía hacer en el edificio, y no se ausentaba “porque estuviera de flojo, como señalan los miembros del patronato”. Además debía trabajar en las noches para evitar las interrupciones por el tránsito de pacientes y personal médico.

El artista recalca que el muralismo nunca ha estado exento de cuestionamientos. Recuerda el mural que pintó Antonio Ramírez Chávez en la entrada del Congreso del Estado, en 2007. Dice que concluyó en alrededor de seis meses y cobró cerca de 4 millones de pesos, pero la obra no les gustó a los legisladores y estuvieron a punto de borrarla.

“Lo mismo me ocurre: una ignorancia absoluta de parte del patronato; en mi peritaje hay toda una justificación de los tiempos de mi trabajo… Quieren convertirme en reo y meterme a la cárcel por pintarles un mural gratuitamente”, ironiza.

El pintor relata que no tiene dinero para enfrentar la demanda, por lo que sus abogados aceptaron defenderlo sin cobrarle honorarios. Dice que para conseguir recursos ha ofrecido trabajos a diversas instancias, pero no les ha interesado.

“Hice propuestas a la universidad, a varias instituciones, y no existe ni el presupuesto ni las ganas de darme empleo como muralista. Uno a veces piensa: me encantaría fundar todo un movimiento muralístico nuevo porque el último que hubo en Jalisco fue el de los neorrealistas con Gabriel Flores y Guillermo Chávez Vega”, pero no existen las condiciones para ello.

Cuando no está pintando murales, realiza litografías para venderlas, pero siempre le regatean el precio: “Es muy difícil vivir de ellas. Me he encontrado desde los galeristas más sinvergüenzas hasta los coleccionistas más ratas, pero extrañamente me encuentro con una persona decente que no me regatee. Lo que se vende es lo decorativo, cuando es algo crítico no es muy vendible”.

Actualmente Sandoval Valle pinta un mural en el Smoke Hug, un bar restaurante de la colonia Americana. Es también en el cubo de una escalera, pero ahí el responsable del lugar, Javier Durán, corre con los gastos de materiales.

Ese mural está relacionado con el cultivo del agave y el rock, por lo que el pintor retrató a cantantes de ese género. Dada su precaria situación, comenta que pretende inscribirlo en alguna convocatoria de la Secretaría de Cultura para obtener apoyo económico.   l