De Roberto Ramos Trujillo
Señor director:
El ensayo que publicó Jorge Sánchez Cordero en Proceso 2038 el domingo 22 de noviembre (La sumisión cultural de los iletrados) es uno de los más agudos y penetrantes que he leído con respecto a la acerba vicisitud de la precariedad de lectura en nuestro país.
Su elevada perspectiva académica permite al autor explorar con profusión y nitidez los ángulos más ulcerados del brete. Su argumentación es elocuente, rigurosa y demoledora. El texto resplandece con su docta retórica. Y ello no obstante, su reflexión establece un contraste entre la gente que lee y los analfabetos.
Para Jorge Sánchez Cordero la lectura es una suerte de panacea, y, por supuesto, tiene mucho de razón; pero no del todo. Me explico. Pienso que si bien es relativamente fácil embridar el albedrio de los ágrafos, también es relativamente sencillo tripular la conciencia de los que leen.
Ofrezco un ejemplo elemental: Los libros que producen la Universidad Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, el Fondo de Cultura Económica, todas las instituciones gubernamentales y muchas rúbricas privadas, nacionales y trasnacionales, gravitan en la esfera de la filosofía liberal.
En este sentido, en el mercado editorial hay un vasto hemisferio monolítico. La penumbra espesa de este territorio no alcanza a ser iluminada por las potentes luces heurísticas del doctor Jorge Sánchez Cordero.
Atentamente
Roberto Ramos Trujillo








