De José L. Barrios y Karen Cordero

Señor director:

En nuestro carácter de profesionales del arte y académicos del claustro de profesores de la Universidad Iberomericana, estamos obligados a hacer del conocimiento público nuestro desacuerdo con los comentarios vertidos por Blanca González en su artículo El MUAC, ¿orgullosamente público?, donde aventura una serie de afirmaciones parciales que en su conjunto desinforman, confunden y, peor aún, esgrimen valoraciones sobre la validez o no de las trayectorias institucionales y profesionales de personas que al menos llevan 20 años ejerciendo su práctica profesional, académica y docente.

Consideramos falto de toda seriedad profesional aventurar juicios sobre la pertinencia o no de los equipos de trabajo del MUAC en función de su procedencia profesional, allende de lo sesgado de los nombres que enuncia de colaboradores procedentes de universidades privadas, no sólo sin ofrecer al lector un balance objetivo sobre los estudios, grados y movilidad académica y profesional del conjunto de equipo de trabajo del MUAC, sino –lo más importante– tampoco un análisis de la calidad y la pertinencia de los recursos humanos del museo.

En lo que es una clara omisión de las instituciones donde se han formado los colaboradores, más allá de sus licenciaturas, el contexto en que los ubica falsea la información sobre los términos de colaboración de al menos uno de ellos, quien es egresado del doctorado de historia del arte, profesor y director de tesis de maestría y doctor en historia del arte de la UNAM, sin que forme parte de la planta laboral del museo.

En este tenor, la legitimidad de una nota crítica debería fundarse en la capacidad de sustentar sus valoraciones en datos objetivos y comparables, y no en retóricas populistas sobre el valor de lo público. Asimismo, sería importante que una crítica de esta índole al menos verifique la diversidad de modos de colaboración académica y docente interinstitucional; no hacerlo demuestra la falta de seriedad profesional en el ejercicio del periodismo.

Atentamente

Doctor José Luis Barrios (jose.barrios@ibero.mx) y maestra Karen Cordero

(karencordero@ibero.mx)

Respuesta de Blanca González

Señor director:

¿Por qué genera una reacción tan agresiva mi solicitud de transparentar los presupuestos ejercidos y los procesos de contratación del personal que operan en la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM? Y sobre todo, ¿por qué responden colaboradores y artistas beneficiados por la Dirección, cuando mi nota cuestiona sólo el desempeño tanto de su titular como de la coordinadora de Difusión Cultural?

La dificultad de ingresar a la UNAM que padecen los jóvenes mexicanos que no tienen recursos para pagar una universidad privada –a través de la cual es más fácil conseguir empleo al terminar los estudios–, su imposibilidad de aspirar a una movilidad social por el conocimiento, y la falta de empleos que padecen, exigen actitudes solidarias de los académicos y funcionarios de las universidades públicas.

En mi texto me refiero únicamente a los puestos relevantes y directivos porque a partir de ellos se contratan los equipos profesionales. Si bien es cierto que la UNAM carece de una licenciatura en historia del arte, sí cuenta con la licenciatura en historia y una Facultad de Artes y Diseño. Además, basta recorrer los currículos de los decanos del Instituto de Investigaciones Estéticas para comprobar que esta carencia puede cubrirse.

En cuanto a la exhibición de la colección de arte contemporáneo, le recomiendo a Cuauhtémoc Medina que lea nuevamente mi nota. José Luis Barrios ha colaborado con la Dirección en diversas ocasiones, incluyendo su desempeño curatorial en la exposición actual de Lozano Hemmer.

El deterioro de la Dirección de Artes Visuales de la UNAM se evidencia, con claridad, en el tono y contenido de las cartas recibidas.

Atentamente

Blanca González Rosas