Adiós y hasta siempre Buena Vista Social Club

Tienen el pelo completamente blanco, pero sacan juventud de su pasado (ay José Alfredo, lo único que faltó a los de Buena Vista fue grabar mil veces tus canciones y darles ese sabor que sólo, sólo ellos les podrían dar), y tocan como si tuvieran quince años y celebraran su fiesta de cumpleaños. Es la gira del adiós, el “Adiós Tour” de la banda cubana Buena Vista Social Club.

En pocos años, muy pocos realmente para lo que lograron, se convirtió en referente obligado de la música cubana. La de ayer y la de hoy, la tocada y la cantada.

Surgió a finales de los noventa del siglo pasado en una extraña combinación cubano-gringa de fundadores, Juan de Marcos y Ry Cooder, y desde entonces se hizo símbolo, tanto que a los pocos años el consagrado director de cine alemán, Win Wenders, hizo de ellos una película que dio la vuelta al mundo y los situó en el pináculo. La bella isla quedó pequeña para su fama y se lanzaron no a conquistar el mundo (que ya habían conquistado con sus grabaciones, sino a recorrerlo y corroborar su señorío). Fue así como aquí arribaron no sé cuantas veces pero, dicen, la noche del domingo 15 fue la última que pisaron escenarios mexicanos.

Un adiós que por supuesto será recordado siempre por quienes tuvieron el privilegio de presenciarlo aquí y en otras latitudes, ya que, de cumplirse realmente (el deseo es que no, desde luego), nunca más existirá la posibilidad de tener en vivo a este grupo excepcional.

Dicen los que se ocupan de esas cosas que los Buena Vista ofrecieron más de mil conciertos en sus, hasta el momento, 17 años de existencia, lo cual quiere decir que dieron un concierto cada cinco días (más o menos), o sea, no hubo una sola semana durante ese lapso en que no se presentaran en vivo, en directo, a todo color y, por supuesto, a toda música.

Esa actividad y las personalidades que lo integraron fueron los que lo hicieron un grupo legendario porque, ¿quién que lo conoció podrá olvidar alguna vez a Compay Segundo, para solo mencionar un nombre?

Y en el concierto de despedida en el Auditorio Nacional, sacando chispas en el piano, Rolando Luna; y no sabiendo cómo es que no se les salen llamaradas en las manos, incendiando los bongós, La noche Alberto, y las congas, Andresito Coayo y, por supuesto, Barbarito Torres y el Guajiro Miraval. Y al frente, como desde hace algunos años, Jesús Aguaje.

“Solo faltaba un brindis, el de Arturo”, dice el poema popular, y aquí también faltaba algo, una sola cosa pero que, sin ella, la esencia misma de la banda se desvirtuaría, no sería lo que es, lo que ha sido. Pero…ya no faltó más: roja antorcha refulgente enfundada en su vestido rojo, ¡Omara Portuondo!

Emblema ella misma, orgullosa blandió el orgulloso emblema de su patria, territorio de hombres y mujeres libres. En manos de Omara Portuondo la bandera cubana nos recordó lo que su himno dice, que “la Patria os contempla orgullosa”. Razón tiene para ello porque su música y canciones difícilmente podrían estar mejor representadas.

Dicen que se van, que es la gira del adiós, pero nosotros no podemos sino desear larga vida al Buena Vista Social Club.