Efecto bumerang

PARÍS.- Durante décadas Francia ha cometido “una cadena de errores” en su relación con Medio Oriente. Su política exterior “ciega e inconsciente” ha provocado la desestabilización en esa región, así como la proliferación de grupos yihadistas y el resentimiento contra Occidente.

Ahora, esta nación debe reflexionar “sobre sus responsabilidades de larga duración en el desastre que vivimos”.

En medio de la conmoción provocada por los atentados del viernes 13 en París, el investigador Jean-Francois Bayart hizo tal exhorto a sus compatriotas en un extenso artículo, “El retorno de Bumerang”, que el diario Libération publicó en su edición del lunes 16.

Y Bayart sabe de lo que habla: es profesor del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra y fue consultor del Centro de Análisis del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia.

De acuerdo con este experto, durante décadas los gobiernos franceses apoyaron a regímenes militares y autoritarios en países de Medio Oriente. Fueron los casos de Argelia, Túnez, Egipto, Irak y Siria.

La razón: veía en ellos “una garantía de estabilidad, acomodándose a la polarización étnica y religiosa sobre la cual se apoyaban estos regímenes”. Pero con este proceder, Francia dejó a los islamistas “el monopolio de la disidencia”, y después de las “primaveras árabes” que tumbaron a varios generales de la región fueron movimientos islamistas los que llegaron al poder o fueron reprimidos en ese intento.

En entrevista con Proceso, Bayart subraya que en múltiples países del mundo árabe-musulmán Francia y el resto de las naciones europeas “siempre han optado por apoyar a regímenes autoritarios, porque consideran que los movimientos democráticos son un factor de inestabilidad e incertidumbre”.

Esta política de “alianzas dudosas” que ha practicado Francia se inició, según Bayart, en los setenta y se concretó en 1980, cuando el gobierno galo “apoyó la agresión de Irak a Irán”. Incluso le prestó a Sadam Husein aviones y probablemente pilotos para bombardear” a este último país.

Pero el costo fue elevado: “Irán castigó a Francia”. Así, precisa, “hubo una toma de rehenes franceses en Líbano (1985), un atentado contra la presencia francesa en Beirut y el atentado de la calle de Rennes, en París (1986), ordenado por Irán”.

Posteriormente “Francia apoyó el régimen militar argelino en su golpe de Estado” tras la victoria electoral del partido islamista en las elecciones de 1991.

“Y ocurrió lo mismo con Ben Alí (presidente de Túnez durante 22 años consecutivos): recibió un apoyo incondicional de Francia contra el supuesto peligro islamista”, señala el especialista.

Más recientemente “no ha entendido que en Turquía el partido AKP (del actual presidente islamista, Recep Tayyip Erdogan) contribuyó a mandar al ejército a sus cuarteles, un ejército que era visto como garante de la laicidad”. Más aún, París “despreció” la candidatura de Turquía para formar parte de la Unión Europea, a partir de lo cual Ankara inició “relaciones peligrosas con movimientos yihadistas”.

Tratos mercantiles

Bayart denuncia además las alianzas “por cuestiones mercantiles” que Francia estableció con las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, como Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Explica: “A partir de los setenta Francia enfrentó un grave problema de desequilibrio en su comercio exterior. Los choques petroleros (provocados por el aumento brutal del precio del barril de crudo en 1973 y 1979) pusieron fin a la energía barata en la que se sentaron las bases del crecimiento económico francés y la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial”.

Los dirigentes políticos franceses de la época buscaron entonces firmar megacontratos de armamento con los países emergentes, entre ellos las monarquías petroleras del Golfo.

“Desde el fin de los setenta hay acuerdos militares muy vinculantes con Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, a cambio de la compra, por estos países, de material militar francés”, apunta. La contrapartida es que “en caso de que estos países entren en guerra, Francia será obligada a intervenir militarmente de su lado”.

El actual gobierno francés de Francois Hollande dio continuidad a esta política. En abril pasado, Qatar compró 24 aviones de caza franceses de tipo Rafale por 6 mil 300 millones de euros.

El resultado de estas alianzas con las monarquías petroleras es que “Francia ya no tiene ninguna legitimidad para dar lecciones de democracia a Irán o Turquía, porque nunca dice nada de la lapidación en Arabia Saudita, por ejemplo”.

Bayart recuerda que gracias al respaldo francés las monarquías petroleras inundaron a Medio Oriente de petrodólares para difundir su propaganda salafista (corriente radical del Islam). Ello ocurrió en un contexto de ajustes estructurales neoliberales y de desmantelamiento de la ayuda pública para el desarrollo.

El resultado: se empobreció a la mayoría de la población musulmana, se debilitaron los Estados seculares en la región y se crearon las condiciones para que los servicios de salud y de educación quedaran en manos de organizaciones religiosas financiadas por los defensores del Islam radical.

“En varios países del Sahel (zona al sur del Sáhara), Francia se asoció en los ochenta con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial para acompañar los planes de ajustes estructurales”, explica Bayart durante la entrevista con Proceso.

“Los occidentales favorecieron el desmantelamiento de los sistemas educativos y de salud públicos mientras que las petromonarquías que estaban desbordadas de dinero financiaron a ONG islamistas para desarrollar escuelas y hospitales”, detalla el experto, quien habla de la actual existencia de un islamo welfare (estado de bienestar islámico).

En resumen, los errores de cálculo en Afganistán, Siria, Irán y Libia, así como el apoyo a regímenes autoritarios y las alianzas con países que indirectamente promueven una visión radical de la religión musulmana, contribuyeron a desestabilizar profundamente al mundo árabe. Y fue en medio de este caos político que se extendió la galaxia yihadista compuesta por grupos como Al Qaeda en el Magreb, Boko Haram en Nigeria y el más poderoso: el Estado Islámico en Irak y Siria.

Hoy Francia recibe un “retorno del bumerang” que lanzó hace varios años y, según Bayart, en ello no sólo existe responsabilidad por parte de los presidentes franceses de la posguerra, sino también de los ciudadanos que los eligieron. l