Una sorprendente propuesta pictórica presenta Ulises García Ponce de León (México, 1965) en el Muca Campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Dedicado durante toda su trayectoria a la investigación de la identidad pictórica, el artista ha construido un sólido concepto que se basa en la comprensión de la pintura como espacio. En su obra, el color, la forma, el gesto y la narrativa, se convierten en elementos destinados a crear espacios en un espacio que es y debe percibirse como una superficie plana.
Admirador explícito de pintores que no sólo han destacado por su obra sino por su pensamiento –Henri Matisse, Hans Hofmann, Jasper Johns, Frank Stella–, Ulises García ha sintetizado un lenguaje que, con excelente oficio y desbordante sensualidad visual, dialoga con numerosas problemáticas del ser pintor: angustia creativa, desprecio institucional por la pintura, la complejidad entre la representación y la presentación icónica, la narrativa figurativa y la autonomía –o inclusive ontología– de los gestos pictóricos.
Diseñada curatorialmente con un lúdico y dramático planteamiento, que relaciona el mito de Sísifo con circunstancias personales y profesionales que comparten actualmente numerosos pintores mexicanos –procesos creativos y gestiones administrativas que aun cuando exigen gran esfuerzo, están destinadas a fracasar y a repetirse indefinidamente–, la exposición Las paletas de la lista negra II está integrada por 12 piezas de gran formato realizadas en acrílico sobre tela de 2013 a 2015.
Emplazadas museográfica y casi metafóricamente al final, en un rincón de las amplias instalaciones del Muca, las obras presentan resoluciones formales que dislocan el orden de las composiciones convencionales. Trabajada cada pintura como un espacio que integra varios espacios sin recurrir a la composición en planos, las obras se convierten en sugerentes narrativas que mezclan referencias tangibles e intangibles como retratos, paisajes, figuraciones, abstracciones, sensaciones de ingravidez, ausencia de atmósfera, densidades acuosas, disolvencias, transparencias, chorreados, retículas, dibujos, citas fotográficas, asociaciones libres, palabras, signos.
Alevosas con el espectador, estas piezas, a diferencia de tantas obras que hoy en día sólo sirven para ser fotografiadas, exigen una mirada de larga duración que recorra las distintas presentaciones; en ellas la epidermis de la imagen ha sido sustituida por el contundente protagonismo de los elementos pictóricos –color, forma, materialidad– como entes autónomos.
Con pistas visuales que permiten relacionar un retrato de Matisse con la espacialidad plana del color rojo, la fisonomía de Hofmann con sus disolvencias cromáticas, la acción corporal de Pollock con la ingravidez de su gestualidad, a Haring con su irreverente saturación dibujística y al filósofo Danton con su absurda veneración a la Caja Brillo de Warhol, la propuesta narrativa está trabajada a partir de pequeñas escenas que se desarrollan sobre una paleta de pintor.
Resultado de la exploración que inició el artista en 2010 con Las paletas de la lista negra I, la exposición, sin caer en copias o influencias, se impone como un diálogo al tú por tú con lo mejor de la pintura contemporánea.








