En 1991 Proceso fue testigo de un desencuentro entre dos escritores mexicanos de altura internacional: Octavio Paz, quien el año anterior acababa de obtener el máximo galardón literario, el Premio Nobel, y Fernando del Paso, que el jueves pasado consiguió la más importante presea en lengua española, el Premio Cervantes (Paz lo había recibido, primer mexicano, en1981).
La polémica entre ambos surgió a raíz de un envío periodístico de la corresponsal de este semanario en París, Anne Marie Mergier, al testimoniar un ciclo de conferencias en la Universidad de La Sorbona, organizado por el Ministerio de la Cultura de Francia, «Las bellas extranjeras», del 11 al 18 de marzo de ese año. Los invitados: Además de Del Paso, 15 autores nacionales: José Agustín, Homero Aridjis, Emilio Carballido, Elsa Cross, Vilma Fuentes, Daniel Leyva, Marco Antonio Montes de Oca, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol (Premio Cervantes, 2005), Elena Poniatowska (Premio Cervantes, 2013), José Luis Rivas, Guillermo Samperio, Álvaro Uribe, Juan Villoro y Eraclio Zepeda.
Mergier reportó la postura del autor de Palinuro de México (1976), entonces cónsul general de México en Francia, en “Fernando del Paso ‘hizo trizas’ un texto de Octavio Paz en una reunión de escritores en París” (Proceso, 750).
Ahí Del Paso reaccionó ante un fragmento del libro El laberinto de la soledad (1950), de Paz, que los organizadores reprodujeron en el folleto. Abrió Del Paso cuestionador:
«Ya que se me da la oportunidad de tomar la palabra en la Sorbona quiero aclarar que a pesar de mi gran admiración por Octavio Paz, no estoy de acuerdo con el texto que se ha elegido como prefacio del folleto de presentación del evento, y sobre todo con un párrafo que dice: ‘Gentes de la periferia, habitantes de los arrabales de la historia, nosotros los latinoamericanos somos los comensales no invitados que entramos por la puerta de servicio de Occidente, los intrusos que llegan al espectáculo de la modernidad en el momento en que las luces se van a apagar’.”
Dijo el autor de Palinuro de México (1976):
“Yo, que de niño me nutrí con Jules Verne, Alexandre Dumas, Walter Scott, y que después alimenté mi educación sentimental con Floubert, Marcel Proust, André Gide y Wiliam Faulkner, de ninguna manera me siento gente de la periferia, ni habitante de los arrabales de la historia, ni comensal no invitado. Yo no he entrado a la cultura occidental por la puerta de servicio, ni de ninguna forma me siento intruso en ella.”
Al día siguiente, en el consulado mexicano en París, la reportera entrevistó al también autor de Noticias del Imperio (1987), quien expresó:
“No fue mi intención. Yo sólo quise aclarar unos puntos”, para luego contar a Mergier que un periodista de la Agencia France Press le había llamado poco antes para preguntarle si había roto un libro de Octavio Paz en público. Y en referencia al prefacio que generó el desencuentro, expresó::
“No he logrado tener el texto en español. (…) En la Sorbona lo leí en francés. Ahora se lo comento en español, con mi propia traducción y quizás mis palabras no sean exactamente las que usó Paz. Pero de todos modos el sentido general no cambia. La parte que cité me parece un verdadero acto de autodesprecio que no admito. Me disgusta mucho que los organizadores hayan elegido precisamente este texto para presentar nuestra literatura. No tenemos por qué entrar en la Soborna con arrogancia. Pero tampoco debemos hacerlo con la cola entre las piernas.
“Pobres de nosotros que sólo somos los habitantes de los arrabales de la historia. Eso me recuerda la frase de Alfonso Reyes: Llegamos tarde al banquete de la civilización. Reyes dijo eso porque sintió el enorme peso de grandes logros literarios de este siglo y de los ricos movimientos artísticos que se generaron en Europa: el dadaísmo, el surrealismo, el cubismo. Tuvo la impresión de que todo había sido hecho y que llegábamos tarde. Pero es absolutamente falso.
“Los jóvenes europeos, que hoy empiezan a escribir, sienten también que todo ha sido dicho y hecho ya. Además, pesa sobre sus hombros toda la herencia de la literatura latinoamericana: la obra de Borges, Cortázar, García Márquez, Octavio Paz, y otros muchos. No hemos llegado tarde a ninguna parte. Basta de autoflagelación. Tuvimos todos una educación europeizante y por lo tanto nos considero como parte de esta civilización occidental.”
Las cartas
Para la siguiente entrega de Proceso, la 751, en carta enviada, Paz se defendió ante lo que consideró una especie de ataque, dejando en claro que el párrafo destrizado pertenecía al prólogo de su libro Postdata (1969).
“Los organizadores de la reunión, sin consultarme, lo reprodujeron en la invitación al encuentro. Probablemente no les pareció que fuera necesario; tampoco supusieron que esas pocas palabras podrían herir la vidriosa susceptibilidad de algunos. Se equivocaron: la reacción que involuntariamente han provocado revela que no eran ni son fantásticas ciertas descripciones de El laberinto de la soledad. Pero hay algo más… y más grave. Fernando del Paso, con ligereza que prefiero no calificar, omite citar la conclusión del párrafo ajusticiado. Dice así: ‘No obstante, desde el modernismo de fines de siglo, en estas tierras nuestras hostiles al pensamiento, han brotado, aquí y allá, dispersos pero sin interrupción, poetas y prosistas y artistas que son los pares de los mejores en otras partes del mundo’.”
Y remataba:
“Guarde sus tijeras melladas y esconda sus uñas rotas Fernando el Destrizador. Sería mejor que se comprase unos anteojos para leer lo que realmente escriben sus colegas. En cuanto a los 14 escritores mexicanos, mudos testigos del exabrupto: su actitud me recordó la comedia de Alarcón, Las paredes oyen … pero callan. No es la primera vez: cuando unos energúmenos me quemaron en efigie, ellos también perdieron la voz.”
Respuesta de Del Paso
En el número 752 contraatacó Fernando del Paso, mediante una carta fechada en París a la que tituló «Respuesta de Fernando ‘El Destrizador’ a Octavio Paz ‘El Desuñador’ (O por qué yo no acepto ser paria ni con la esperanza de ser par)».
Ahí asentó que la reacción virulenta de Paz era previsible:
“Esta virulencia, y la ordinariez de sus imágenes me obligan a hacer unas cuantas precisiones tras reiterar que, malgré tout, lo admiro enormemente:
“Primero, no entiendo por qué, si tiene lo pedestre y lo soez en la punta de la lengua y de la pluma, le es difícil atreverse a calificar mi ‘ligereza’…
“Segundo, quiero decir que por supuesto que sí leí y sí entendí el otro párrafo al que se refiere. Lo que sucede es que asegurar que también entre nosotros ha habido poetas y prosistas que ‘son los pares de los mejores del mundo’, no es ninguna conclusión de lo que Paz llama el ‘párrafo ajusticiado’. O en otras palabras, no lo complementa, no es una derivación lógica de lo afirmado y, lo que es más, no atenúa la ferocidad de las comparaciones: ‘gente de la periferia que entró por la puerta de servicio de Occidente, habitantes de los arrabales de la Historia, intrusos…’, frases que están allí, escritas por Paz, intocables, intocadas (y que El Poeta se cuidó mucho de no mencionar en su desaforada carta), frases que quedarán, indestrizables, para que se las pongan los latinoamericanos a quienes les quede el saco. Para que se las autoendilguen los latinoamericanos que acepten ser llamados parias con la esperanza de ser, algún día, pares.
“Tercero. Pero ojo parias pacifistas: no será Don Octavio quien sacará a los prosistas de la nonedad para lanzarlos al mundo de la paridad. Hace tres años, en el homenaje que se le hizo en Aix-en-Provence, cuando se le pidió que hablara sobre la novela mexicana, delante de todo el mundo Paz contestó que no leía novelas.
“Cuarto: no veo por qué Paz pone en duda la generosa apreciación que hizo la Señora Mergier (así: Señora, con mayúsculas, y no mademoiselle) sobre mi manera de hablar francés….Octavio, el inocente, tiene, en francés, una pronunciación y un acento que no sé si me atrevería a calificarlos… sí, sí me atrevo: atroces.”
En ese mismo número se dejó el testimonio de siete de los 16 autores presentes en la reunión de Paris: Homero Aridjis, Elsa Cross, Vilma Fuentes, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, y Álvaro Uribe, en una nota que se tituló: “Hablan siete de los dieciséis escritores de la reunión de París: ‘Del Paso no insultó a Paz, lo refutó”.
Todos en coincidencia, y con ello cerrando las cartas de Paz y Del Paso, negaron un insulto por parte del autor de José Trigo (1966) hacía el único Nobel de Literatura mexicano, y por supuesto rechazaron la complicidad. Consideraron que Del Paso no fue irrespetuoso. «Él no es así», señaló Poniatowska, mientras que Monsiváis expresó: “Mi versión de lo que sucedió ese día en La Sorbona es la siguiente: En ningún momento me pareció que Fernando del Paso hiciera ‘trizas’ a Paz, o se propusiera hacerlo. Más bien, él se limitó a discrepar de una idea de Paz presentada de manera fragmentaria. Y los otros mexicanos presentes no nos solidarizamos calladamente con exabrupto alguno. Sí algo, el encuentro en París y en diversos sitios de Francia fue un continuo homenaje a Octavio Paz, y un insistir en el orgullo que nos causa la premiación y la difusión de su obra, lo que es también y por fuerza un reconocimiento a la literatura de que es parte tan central.”
Se lee al final:
“En un acto a fin de cuentas protocolario, un escritor refutó con énfasis despersonalizado una tesis de otro escritor. De eso fui testigo, y no del ‘destrizadero’ que condujo de nuevo a Octavio Paz al territorio del regaño…”. l








