El Cervantes para Del Paso, largamente acariciado

La justificación del jurado al otorgar el Premio Cervantes a Fernando del Paso fue “su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad, como en Cervantes”.  En este perfil, escrito especialmente para Proceso, el también narrador Hernán Lara Zavala apunta: “Qué mejor argumento para un hombre que ha escrito tres grandes novelas sobre México desde diferentes perspectivas y con una voluntad de estilo cervantino.”

Cuando el año pasado por estas mismas fechas el jurado del Premio Excelencia Literaria José Emilio Pacheco de la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán le anunció a Fernando del Paso que había obtenido el galardón –que antes recayera en el propio Pacheco y en Elena Poniatowska–, no debe haber imaginado que con ese reconocimiento su literatura volvía a la mente de críticos y lectores después de haber obtenido, tiempo atrás, el Premio Villaurrutia, el Rómulo Gallegos y el de la FIL Guadalajara, entre otros muchos.

Por ello al recibir el Cervantes este año Del Paso alcanza su pináculo literario, porque es el más prestigiado premio de la lengua española, y que en nuestro país obtuvieran antes que él Octavio Paz. Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Pacheco y Poniatowska.

La justificación del jurado fue “su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad, como en Cervantes”.

Qué mejor argumento para un hombre que ha escrito tres grandes novelas sobre México desde diferentes perspectivas y con una voluntad de estilo cervantino.

Pero hay que recordar que no obstante su reconocida trayectoria, Fernando del Paso no la tuvo fácil en sus inicios. Cuando comenzó su carrera se encontraba fuera del ámbito cultural mexicano, y su primera y ambiciosa novela José Trigo (1966) fue recibida con más burlas y denuestos que aclamaciones. Emmanuel Carballo, que casi nunca se equivocó en sus juicios, dijo lo siguiente de Del Paso y José Trigo: “Que a Fernando del Paso le parezca la crítica mexicana de ‘poca calidad’ es una actitud que no me asombra ya que en líneas generales coincido con él: nuestra crítica además de no sustentarse en bases teóricas y de ser impresionista, está viciada por defectos como éstos: el cuatachismo, la burocracia, la nebulosidad y muchas veces la mala fe.”

…Pero a Carballo no le tembló la mano para refutarlo:

“Para mí no tiene nada de extraño la tibieza o frialdad con la que la crítica recibió su novela. En literatura no cuentan buenas intenciones sino los resultados. En otras palabras, los medios por excelentes que sean no justifican el fin. Si Fernando del Paso es un héroe del trabajo voluntario, si dedicó siete años a escribir su libro, si sus propósitos además de ambiciosos son legítimos, éstas son circunstancias que no deciden por sí mismas la excelencia de la obra. De grandes obras fallidas (y la suya es una de las más espectaculares que en ese sentido se han escrito entre nosotros) está rebosante el limbo de cualquier literatura que se respete.” (Diario Público, 1966-1968).

Otros fueron más crueles y dijeron que Del Paso se había inspirado en el Ulises de Joyce para escribir José Trigo, pero que no lo había leído en el original sino en traducción y así se reflejaba en la novela. El hecho es que finalmente José Trigo, cuyo nombre rememora más a Pedro Páramo que a Ulises, obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 1966 y pese a todo ha logrado sostenerse a lo largo de los años.

“¿Quién es José Trigo?”, se pregunta el narrador que responde: “un hombre… un hombre cada vez más grande y cada vez más viejo… que habita Nonoalco, Tlatilco y Peralvillo… que una mañana del mes de abril saltó de un tren en marcha y una tarde de un mes de diciembre durmió en una caja de muerto y una noche de un mes de la Virgen en que dejó para siempre esta ciudad de Nonoalco que está a cero kilómetros de la Ciudad de México…”

El personaje de José Trigo es una incógnita y la novela consiste precisamente en tratar de descubrir quién era. El escenario de la novela representa uno los barrios más antiguos y emblemáticos de la Ciudad de México, Nonoalco-Tlaltelolco, y remite a los cristeros, a la fundación de Tlalteloco, a los sindicatos ferrocarrileros, a sus luchas de los años 50 en la urbe, y a los variados y diversos personajes que la poblaban, como el propio José Trigo, como Buenaventura, “maestra en encantorios y jorguineras”, y como Todoslosantos, así como a “nosotros y ellos, los hombres de uniformes azules” a quienes describe mediante complicadas técnicas narrativas como el monólogo interior, la corriente de conciencia, la forma dramática, los retruécanos y los juegos de palabras que subvierten el lenguaje en aras de no contar la historia de manera lineal sino oblicua y tangencial.

Diez años después aparece Palinuro de México (1976), que alude a las peripecias del timonel errático de Virgilio que no sabe bien a bien hacia dónde dirigir su camino. Palinuro, el personaje de Del Paso, es un estudiante de medicina (“La ciencia de la medicina fue un fantasma que habitó, toda su vida, en el corazón de Palinuro”) enamorado de su prima hermana Estefanía, que después se convirtió en “prima amiga y mi prima-amante” y que viven en la ciudad de México durante los convulsos  años de finales de los 60.

Palinuro… es una novela mucho más juguetona, más experimental que José Trigo, pero igualmente ambiciosa y de largo aliento. Está narrada en primera persona, con ironía, picardía y humor, llena de referencias cultas de todo tipo y particularmente por la proliferación de términos médicos y citas a la historia de la medicina, así como por los juegos intelectuales que el autor establece con el lector, aunque en momentos también adquiere una tonalidad seria y dramática, sobre todo cuando alude al movimiento de 68 y particularmente al 2 de octubre.

Porque una de las cualidades de Del Paso, además de sus pirotecnias verbales, es la profunda conciencia política que ha ejercido críticamente a lo largo de toda su vida y su obra.

Su tercera novela, Noticias del Imperio (1987), lo proyectó internacionalmente ganándose el reconocimiento de propios y extraños al rescatar en términos literarios uno de los capítulos más trágicos y dramáticos de nuestra historia: el imperio de Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, enviados por Napoleón III a México en contra del gobierno de Benito Juárez en 1864.

Exhaustivamente documentada, cuidadosamente escrita, con altos vuelos líricos, la novela alterna capítulos narrados en boca de la emperatriz Carlota con otros en los que se da cuenta de lo ocurrido históricamente durante esos aciagos años. Brillantes, aunque un tanto repetitivos, los monólogos interiores de Carlota reflejan sus experiencias, pensamientos, pensares y temores que van conduciendo paulatinamente hacia su eventual locura. Noticias del Imperio es una novela totalizante sobre el efímero gobierno de Maximiliano y el Magnus opus de Fernando del Paso. Con ella demostró que es un escritor capaz de crear grandes obras mediante un manejo de la lengua española rico, novedoso e innovador.

Escribió también un divertimento, Linda 67. Historia de un crimen, thriller de casi 400 páginas sobre un hombre que asesina a su esposa y huye con su amante para cobrar un rescate. Vale la pena aludir también al delicioso libro Memoria y olvido: Vida y obra de Juan José Arreola (1920-1947) (1994), larga entrevista que le hace Del Paso a quien fuera su maestro y preceptor, en la que da cuenta del genio y de la compleja vida, figura y personalidad de Arreola aderezada y narrada mediante su talento literario de discípulo agradecido.

No quiero dejar de mencionar la obra ensayística y periodística de Del Paso. La UNAM, El Colegio Nacional y el Fondo de Cultura Económica publicaron el volumen III titulado Ensayo y obra periodística, compilado por Elizabeth Corral, que reúne en cerca de 1 500 páginas la prosa de Del Paso.

Un último comentario: desde los inicios de su carrera, Fernando del Paso supo defender sus posturas literarias y políticas. Así como se enfrentó a la posición de la crítica frente a José Trigo, así también refutó a Octavio Paz cuando dijo que los latinoamericanos estábamos condenados a entrar por la puerta trasera. Y cuando recibió el premio FILEY el año pasado, en su discurso de aceptación hizo una enérgica denuncia sobre los problemas del país que recorrieron el mundo entero:

“¿Dime José Emilio –dijo dirigiéndose a su amigo poeta–: No puedo quedarme callado ante tantas cosas que se nos han quebrado. ¿Qué se hizo del México post 68? ¿Qué proyecto de país tenemos ahora? ¿Qué proyecto tienen quienes dicen gobernarlo?”

Así que el Cervantes llega por fin a manos de Fernando del Paso: un acto de justicia poética.   l