Señor director:
Le agradeceré publicar los siguientes comentarios.
1. Dos motivaciones me dan la oportunidad de ocuparme muy a la ligera –con mis pocos recursos de análisis, pero con el asesoramiento nada menos que de Ernest H. Gombrich y su maravilloso ensayo: El arsenal del caricaturista– de la obra periodística del maestro de la caricatura, fundamentalmente política: Rogelio Naranjo Ureña, nacido en Morelia, Michoacán, en 1937.
Uno se relaciona con los recuerdos de él que compartí con Julio Scherer Ibarra respecto al Naranjo fiel colaborador en Proceso con su crítica en trazos y dibujos: “Condensación de una idea en una sola imagen”. Y alrededor de sus colaboraciones en El Universal, donde, asimismo, metódica y sistemáticamente pone en jaque a los protagonistas de la vida pública, para exhibirlos con sus abusos del poder del gobierno, en tales formas y figuras cómicas que hacen del chiste en sus caricaturas implícitos dardos que siempre dan en el blanco, para que nosotros, los mirones de ella, los acompañemos con una sonrisa o la abierta carcajada por tal puntería.
El otro motivo fue la lectura del ensayo de Juan Villoro Atrás de la raya, aparecido en el diario Reforma (30/X/15), donde hace referencia a la calidad periodística de Naranjo –y así, con sólo el apellido paterno, firma su trabajo. Y donde me enteré del homenaje que le hicieron al autor en la Feria del Libro en Oaxaca –dice Villoro– de más de 17 mil cartones, de los cuales tengo algunos en dos libros de Naranjo, de quien no me pierdo una de sus viñetas y caricaturas políticas.
2. En el baúl de mis recuerdos tengo una tercera motivación. Es la que echó raíces con las conversaciones que tuve con Miguel Ángel Granados Chapa, el columnista que desenvainó la crítica contra los abusos de la élite en el poder gubernamental. Y cuando se ponían a tiro, contra los hombres del poder económico. Y cuya pluma nos fue arrebatada tempranamente. A esas conversaciones asistió Humberto Musacchio, amigo queridísimo de MAGCH, Alejandro Capdevielle y MFB.
Del diccionario de Musacchio obtengo datos de Naranjo. Y también del de María del Carmen Ruiz Castañeda con Sergio Márquez Acevedo. Pero, sobre todo, de mis vivencias al mirar las caricaturas de Naranjo. Sus trazos con “el humor (que) nos es arma necesaria en el arsenal del caricaturista o viñetista. Y el que riamos o no dependerá de la gravedad del asunto”, dice Gombrich. Y es que las caricaturas de Naranjo nos generan una mayor indignación ante los hechos reprobables de los políticos a la mexicana. Un cartón del periodista michoacano-mexicano, de grandeza universal, nos permite verlo todo de una sola, atenta y reflexiva mirada.
3. Las oportunas caricaturas de Naranjo son “una ecuación intelectual en una fusión visual (…) que es del dibujante político una de las más eficaces armas de su arsenal”. Muchos recortamos del periódico sus caricaturas y no pocas veces motivan un comentario sobre la marcha cotidiana del diario quehacer, en el ir y venir de nuestras vidas. La caricatura es un periodismo, dice Gombrich, que necesita un maestro; y Naranjo lo es a carta cabal; pues cada cartón es una cátedra de periodismo para enriquecer y alertar a la democracia directa que es la del lector, pasando revista al diario acontecer de los mexicanos, quienes miran-leyendo lo que nos dice Rogelio Naranjo Ureña, con su maestría posible, “como el perfecto maridaje entre el dibujo de viñeta y el retratismo de caricatura”. Larga vida al periodista de la caricatura, indispensable en el periodismo mexicano.
Atentamente
Álvaro Cepeda Neri
cepedaneri@prodigy.net.mx








