Cuatro especialistas exponen sus argumentos para avalar al nuevo organismo: Ernesto Piedras porque “nunca nos hemos propuesto una política fiscal para la cultura”; Eduardo Nivón pues “hay que aprovechar esta oportunidad”; Héctor Vasconcelos por nuestra tradición cultural aunque “éste no es el tipo de gobierno propicio para hacerla”, Carlos Villaseñor, dado que “pone en el mismo rango de jerarquía administrativa con otros temas relevantes en el gabinete”. Sin embargo, en entrevista aparte, Ricardo Fuentes considera obvio crear antes una Ley de Cultura.
Aunque es una iniciativa presidencial a un Congreso de la Unión favorable, la moneda sigue en el aire: ¿Debe o no crearse la Secretaría de Cultura? De ser así, ¿qué vendría a resolver? ¿Cuál sería su estructura, los presupuestos, los programas?
Y es que aun quienes se manifiestan en favor de tal organismo, admiten que realmente no vendrá a solucionar los problemas de su ámbito, incluso señalan deficiencias, errores u omisiones del documento presentado en septiembre pasado.
Algunos consideran que son superables y hasta prefieren que se apruebe así –ya se irá perfeccionando con el tiempo–, antes de “perder” nuevamente la “oportunidad” de sacar adelante ese proyecto que ha rondado por décadas el ambiente cultural del país.
El pasado 12 de septiembre, Proceso (2028) recogió las voces de los especialistas Bolfy Cottom, Eduardo Cruz, Iván Franco y Felipe Echenique.
En estas páginas reflexionan ahora Ernesto Piedras, Eduardo Nivón Bolán, Héctor Vasconcelos, Alejandro Sandoval y Carlos Villaseñor.
No se trata sólo de un sí o un no. En el debate se van trazando concepciones contrapuestas de la cultura: Una considera que debe continuar en el esquema de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y ser parte esencial en la formación educativa integral de los ciudadanos, y otra la ve como un recurso aprovechable para el desarrollo económico, el turismo y el comercio.
Pragmatismo
Economista del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Ernesto Piedras, cuyo análisis de industrias culturales y economía basada en la creatividad le ha dado relevancia, considera necesario un esquema institucional alternativo. Y es que el actual le parece “muy pobre”, pues el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) “tiene una debilidad estructural” de origen.
No se trata de discutir si es educación o cultura… a decir suyo, no sólo son las dos: El área cultural debería ya de estar hablándose con las varias secretarías, con la de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para la construcción de una política fiscal para la cultura; con Desarrollo Social, puesto que impulsa dos millones de empleos directos o indirectos; con Economía, por la generación de divisas y turismo.
Pero “no está sentada a la mesa, carece de una voz, no tiene esa presencia”. En suma, es inexistente la transversalidad demandada desde hace mucho tiempo.
Cree Piedras que el esquema alternativo es esa secretaría. Plantea que debería aprovecharse el actual periodo legislativo para tener una iniciativa en forma, votarla rápido y proceder a su construcción. Si se va a otros periodos ve todo más difícil pues vendrá la lucha por la presidencia de la república y se verá como algo político.
Advierte que no se debe pensar en que es un gasto, ya que los recursos nunca serán suficientes; y es que las condiciones macroeconómicas no cambiarán, si bien podría llegar a darse lo que llama “economías de escala”, con la centralización de áreas como comunicación social, asuntos jurídicos, oficialía mayor.
Para él no es un proyecto “al vapor”. Critica más bien “la lentitud en los procesos”. En todo caso, prefiere que “sea al vapor e irla configurando y sobre la marcha, que tardarnos ocho años en discutirla”. De hecho hubiera preferido la vía del Senado y no la de la Cámara de Diputados, pues la Comisión de Cultura, encabezada por Blanca Alcalá, “tiene mucha experiencia”.
Opta por el pragmatismo porque de haber un empeño en “diseñar la maquinaria perfecta” implicará “mucho tiempo de diseño e instrumentación, que correría el riesgo de no ejecutarse… Conviene ser muy pragmáticos en su puesta a andar, no son decisiones fatales, hay una configuración para construir su reglamento, delinear su estructura y ponerla a trabajar”.
A la pregunta de si una secretaría resolverá los problemas de la cultura, responde:
“No es garantía. Por sí misma la existencia de ella no resuelve nada, es un instrumento. En políticas públicas tienes marcos legales y tienes instituciones: Es una institución que va a contar idealmente con instrumentos fortalecidos para su gestión, nada más un parto, una nueva configuración, pero –insisto– no resuelve nada.
“Sin embargo, Conaculta ha resultado insuficiente para la escala de los recursos culturales en todos los sentidos: Equidad, promoción de la paz, de bienestar, promoción del bienestar económico que tanto se genera en este sector.”
Entramos a una nueva etapa, y confía: si somos pragmáticos, “pronto la podremos ver operando”.
En opinión del economista, la cultura ha estado subyugada a la educación y ve “un doble discurso” cuando se habla de la vitalidad cultural, ya que a la mera hora los presupuestos y trabajos se quedan en “un sector secundario, ornamental”. Debe seguir de la mano de la educación, juzga, pero espera un cambio conceptual ligado a los sectores económicos.
–Desde ese punto de vista, si se habla de régimen fiscal, de áreas como las telecomunicaciones o los tratados de libre comercio, ¿queda satisfecho con la iniciativa?
–Satisfecho no, es un punto de partida que nos puede permitir más, pero incluso creo que la secretaría nos da la pauta para no errar formas de hacer política cultural: Cuando hablamos de política fiscal pensamos en más subsidios y becas, nunca nos hemos propuesto una política fiscal para la cultura, incluida la seguridad social para los creadores.
No hace falta una Secretaría de Cultura para seguir haciendo más de lo mismo, y por ello es necesario un cambio en la mentalidad de la gente que gestiona la política cultural.
Oportunidad
También está a favor el doctor en antropología Eduardo Nivón Bolán, coordinador del posgrado virtual Políticas culturales y gestión cultural, organizado por el Conaculta y otras instituciones, y considera que es una oportunidad para que la política cultural “adquiera mayor consistencia”.
Detalla que si bien durante el siglo XX la cultura estuvo integrada al proyecto educativo del Estado moderno mexicano, en el último tercio tuvo una expansión “espectacular” y se requiere una secretaría para dar atención a aspectos como la democracia, la participación (demanda constante de la sociedad), la descentralización, la diversidad y el pluralismo.
Deben mantenerse al mismo tiempo políticas relativas al patrimonio y la difusión artística, de ahí que haya de sostener al INAH y al INBA, a quienes considera “experiencias muy importantes en la historia de la cultura”.
Y discutir y replantear temas como la educación artística para llevarla a terrenos no escolarizados, así como las políticas de fomento a la cultura centradas en el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), el cual “debe tener un carácter legal muy preciso, es una experiencia valiosa, pero debe revisarse y fortalecerse”.
Es decir, la secretaría “deberá lograr una mayor integración de todos estos campos de la política cultural, aunados a lo que sucede en el exterior de México, que es una agresiva política de comercialización de los bienes culturales de la que nadie puede estar excluido. Y el Conaculta debe también tener una postura: Una política de protección y de fomento, de participación en este terreno”.
Se le pregunta si la secretaría resolverá los problemas que plantea, al margen del carácter administrativo, jurídico o legal del órgano coordinador de la política cultural:
“Es un problema bastante más complejo que crear un órgano. El hecho es que en las sociedades modernas la atención a la cultura ha supuesto la creación de aparatos administrativos públicos. Esto ha sucedido desde que surge el primer Ministerio de Cultura moderno en 1959, en Francia. Después las sociedades han venido resolviendo su paulatino proceso de transformación de la cultura a partir de debates, mecanismos muy precisos e instituciones.”
Nivón coincide con Piedras en que para nada debe plantearse como un proyecto perfecto. El antropólogo dice incluso que no se trata de resolver un problema, enseguida el otro, y así, eso “no va ni con la historia de los procesos culturales ni con las posibilidades reales”.
Recuerda que el ministerio francés de 1959 se hizo “con un decreto de seis artículos”, y fue posteriormente cuando se desarrolló la política cultural francesa, “enormemente conocida”:
“A veces nos damos ciertos órdenes lógicos, primero una cosa luego otra, pero fortalecer el organismo cultural, darle una mayor altura, no contradice la idea de fortalecer una política cultural más amplia, más agresiva, más completa. Siempre será contradictoria, porque un organismo siempre tenderá a la burocracia y la cultura rompe con la burocracia, pero a pesar de eso, se puede caminar y sobre todo dar confianza a los actores culturales de que el Estado cree un organismo de máximo nivel para enfrentar la política cultural.”
–Se ha dicho que la idea da la señal del peso que el gobierno quiere dar a la cultura, pero enseguida de la iniciativa se presenta el proyecto de presupuesto con una reducción.
–Sí, la iniciativa no llega en buen momento, cuando se hacen reformas a la organización del Estado es normalmente al inicio de una administración. Se crea una secretaría cuando una administración es inaugurada para mostrar a la ciudadanía qué planes quiere desarrollar. Esta iniciativa se está realizando a la mitad del sexenio, no conozco bien a bien los argumentos del presidente para tomar esta decisión, y a lo mejor si los conociera no los compartiría.
Lo cierto, agrega, es que hay un interés no ahorita sino de hace muchos años de crear un organismo cultural “de la máxima jerarquía”:
“Son muchas la contradicciones del actuar público, quisiera más transparencia en el discurso, que fuera más claro, más completo sobre el proceso de la cultura, pero a veces no ocurre y sin embargo es la oportunidad de crear la Secretaría de Cultura. Preferiría tomar esta oportunidad, tratar de que salga lo mejor posible, a decir vamos a esperarnos.”
Se le comenta que los argumentos principales son el presupuesto base cero y el derecho a la cultura; dice entonces:
“El presupuesto base cero es prácticamente imposible de aplicar dadas las inercias del país.”
En cuanto al derecho a la cultura, recuerda que tras la reforma constitucional que lo estableció en 2011, se debería hacer una ley de cultura, federal o general, y hasta ahora no se ha hecho. Se tendrá que hacer pero mientras, insiste, se debe aprovechar la oportunidad.
–El temor de algunos críticos es que la creación de la secretaría abra la puerta a la mercantilización de la cultura, pues se separan cultura y educación.
–Esas condiciones están dadas, no creo que una secretaría las vaya a abrir, están ya en curso. Siempre en cualquier proceso moderno hay falta de certezas.
Pregunta si sería incorrecto crear una secretaría de ciencia, que también ha estado históricamente vinculada a la educación, como lo ha estado también a la industria y el comercio, “estas tendencias a la comercialización existen desde hace buen tiempo, no creo que una secretaría los profundice y tal vez daría la oportunidad a una buena discusión más amplia”.
Grotesco
Exdirector general del Festival Internacional Cervantino, primer secretario ejecutivo del Fonca e hijo de José Vasconcelos –fundador de la Secretaría de Educación Pública–, Héctor Vasconcelos considera que México debe tener una Secretaría de Cultura, por su tradición cultural.
No obstante, juzga la forma y el momento actuales:
“Siento que ante la situación tan grave del país y los índices tan altos de desaprobación que tiene el señor Peña Nieto, había un deseo desesperado de proponer algo nuevo. Entonces tomaron esta idea, se aferraron como una emergencia a la idea de crear una Secretaría de Cultura. Creo que esa no es ni la forma, ni la circunstancia, ni la razón por la cual se debe crear.
“Lo primero es tener una idea de la función de la cultura en un país, una idea de cultura, una idea del ciudadano que queremos formar y al que queremos ofrecerle servicios culturales, y ahí no puedo evitar pensar: ¿Cómo va a tener una idea de todo esto un hombre que no puede recordar haber leído tres libros en su vida? Un hombre que ha declarado él mismo que no hay tres libros que lo hayan influenciado en su forma de pensar.”
Recuerda que cuando su padre creó la SEP, independientemente de que al presidente Álvaro Obregón haya sido un general revolucionario –fue un hombre de “una inteligencia preclara, con aficiones intelectuales”–, contrasta:
“Cómo va a tener un concepto de lo que debe ser una Secretaría de Cultura una persona que llegó al poder para hacer negocios solamente. Él y su grupo, y no me estoy refiriendo en esto a Rafael Tovar, que sí es un hombre de cultura, me refiero al presidente y su grupo inmediato. Llegaron al gobierno para hacer negocios, esto ha quedado evidenciado con los escándalos de corrupción inauditos que han salido a la luz. Y ya había quedado también muy claro durante el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México.”
No es el tipo de gobierno que debe hacer una secretaría de cultura, dice:
“Para hacer una secretaría de cultura es crucial empezar por definir qué se quiere, tener una idea del país, de la identidad nacional y por lo tanto del papel que juega la cultura dentro de ese esquema nacional, y esto lo veo totalmente ausente de la persona de Peña Nieto.”
Recuerda que al fundarse la SEP se tenía un proyecto de nación e idea clara del papel que tendrían la educación y la cultura. Agrega que no ve mal la separación en dos secretarías de la cultura y la educación, siempre que se tuviera dentro de la currícula educativa a la cultura desde la educación básica hasta la superior.
Se refiere entonces a la llamada reforma educativa presentada por Peña Nieto, que a su juicio no es tal, precisamente porque no hay un concepto de nación, ni de ciudadano al que se quiere formar, sino una reforma laboral diseñada por la “tecnocracia liberal” para terminar con el sindicalismo.
No concibe que plantee la creación de una Secretaría de Cultura quien no la tiene:
“Además hay otra cosa que no podemos olvidar, al menos yo nunca la olvido: Cómo va a tener un concepto de cultura, un concepto de educación pública, un concepto de lo que debe ser un ciudadano, una ciudadana bien formados, un hombre que llegó a la presidencia ilegítimamente a través de la compra de la elección, a través de la compra de votos, eso no lo puedo olvidar. Además, un hombre que desnacionalizó el petróleo, que nos quitó a los mexicanos nuestra más importante riqueza natural para entregarla al capital extranjero internacional y a sus socios mexicanos.
“Hay una ilegitimidad de fondo en este gobierno que hace ridículo y grotesco que ahora salgan con una Secretaría de Cultura.”
Voluntad
El proyecto para la creación de una Secretaría de Cultura no es nuevo, según relata el poeta, promotor cultural y exasesor de la Comisión de Educación y Cultura de la LVIII Legislatura del Senado, Alejandro Sandoval, hijo de Víctor Sandoval, quien fue director del INBA.
En un texto enviado a Proceso, cuenta que en la Reunión Nacional de Cultura realizada en 1977 en el Museo de la Ciudad de Aguascalientes, el promotor Jorge Esma Bazán planteó el tema. Estaba como director general del INBA Juan José Bremer Martino, “político harto habilidoso” que “se desempeñó, de hecho, como secretario de Cultura”, pues “los secretarios de educación siempre han estado demasiado ocupados en otros temas y la Subsecretaría de Cultura no pintaba”.
El entonces candidato a la presidencia Miguel de la Madrid se interesó en la creación de la secretaría e hizo traer a Bremer de su encomienda como Embajador para que se hiciera cargo de los temas de la cultura en su campaña presidencial. Al asumir la presidencia, Bremer fue nombrado subsecretario de Cultura.
“Todos apostaban a que, en un plazo más o menos breve se conformaría la Secretaría de Cultura y él quedaría al frente de ella. Todos menos el secretario de Educación, Jesús Reyes Heroles: para él, en la vocación vasconcelista, educación y cultura eran un binomio indisoluble. A Bremer lo enviaron de diputado.”
Salinas de Gortari se interesó en el tema desde su cargo como secretario de Programación y Presupuesto, por lo que al llegar a la presidencia y con la integración en las dos cámaras de comisiones de cultura se creó el Conaculta como “una medida transitoria”. La idea de la Secretaría de Cultura acabó por abandonarse.
Las iniciativas para consolidar o modificar al Conaculta, rememora Sandoval, han sido muchas. Algunas proponen dotarlo de un marco jurídico aprobado por el Congreso, otros volver a la Subsecretaría de Cultura o crear la Secretaría de Cultura, y una más “con poco apoyo” de crear un órgano constitucional autónomo. La expectativa se abre nuevamente, dice:
“…si la voluntad política prevalece, quedará como Secretaría de Cultura.”
Desarrollo
Exsecretario técnico de la Comisión de Cultura de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) de México y consultor en derechos culturales, Carlos Villaseñor recuerda también los intentos por definir la figura jurídica del Conaculta, cuestionado desde un inicio por haber sido creado por decreto presidencial y no por ley.
Una de las cuestiones debatidas, dice, ha sido qué tanto se pueden desconcentrar de la SEP funciones “personalísimas y muy específicas en materia de desarrollo cultural, atribuidas a la oficina del secretario”. En ese sentido, considera que la creación de una Secretaría de Cultura definirá la forma de organización del organismo federal responsable de las políticas culturales:
“La ventaja de la secretaría es, en primerísimo lugar, que pone en el mismo rango de jerarquía administrativa a la cultura respecto de otros temas relevantes en el gabinete… Y participa, obviamente, en las discusiones en materia de política pública, de presupuesto, de desarrollo, que las otras áreas del gabinete.
“Lo segundo es que tiene la posibilidad de negociar directamente la integración de su presupuesto con Hacienda.
“Tercero es que adquiere una personalidad jurídica plena que le permite suscribir convenios, realizar acuerdos, porque no obstante la delegación de facultades que tenía por parte de la SEP, estas facultades seguían siendo de la SEP y la personalidad con la que se hacían eran derivada de la SEP, hoy actuaría con personalidad jurídica propia y patrimonio propio.”
–¿Y basta con resolver los aspectos administrativos y jurídicos? ¿Qué queda pendiente en materia de política cultural?
–El debate en materia de política cultural a nivel mundial está sobre todo en lograr un adecuado balance entre la cultura como recurso frente a la cultura como derecho.
Dice que en el mundo actual, “interconectado e interactivo”, hay un fuerte llamado a aprovechar los recursos simbólicos para generar excedentes económicos y así conseguir el desarrollo, visto como agregación de bienes económicos.
La otra vertiente es la cultura para el desarrollo de los derechos inalienables y disfrutar de los bienes simbólicos, y construir una visión del mundo, construir relaciones pacíficas, generar cohesión y promover un nuevo sentido del desarrollo desde lo propio:
“Tenemos que definir, en una visión de Estado, en un acuerdo como nación qué vamos a hacer, cuál va a ser el acuerdo en términos del manejo de lo simbólico, de lo propio, de lo identitario, y aquí están temas como la política cultural o cómo lo cultural abona a una mejor posición de México en el flujo de las sociedades de conocimiento, el soft power del que tanto se habla actualmente.
“Debemos tener también definiciones muy claras de cuál va a ser el manejo que vamos a dar a lo patrimonial, al fomento a lo artístico, y desde luego tenemos que tener muy claro cuál va a ser la política de apoyo a los creadores, a los artistas, para su capacitación, circulación, profesionalización, es decir todo el tema administrativo de los artistas y todo el tema de la conservación del patrimonio.
“Y desde luego, la educación no puede estar desvinculada de la cultura.” l








