Hacia 2005, a raíz de la aparición en Estados Unidos del libro Voces desde Chernóbil de Svetlana Alexievich (Stanislav, Ucrania, 31 de mayo 1948), la ahora orgullosa Premio Nobel de Literatura 2015 fue entrevistada entonces por Ana Lucic, traductora serbia en la editorial Dalkey Archives Press de Chicago.
Dicha traducción al inglés del ruso-neoyorquino Keith Gessen, publicada por Dalkey Archives bajo el título Voices from Chernobyl. The Oral History of a Nuclear Disaster para Lannan Selections, impactó a los críticos literarios estadunidenses, quienes en 2005 la premiaron con el National Book Critics Circle Award, como “la mejor obra de no ficción”.
Al recibir el galardón, Gessen sugirió que la Radio Pública Nacional (NPR) produciría una grandiosa adaptación de las 253 páginas, pero sólo si Alexievich demostraba la absoluta veracidad de todos los testimonios orales contenidos en Voces desde Chernóbil.
Durante aquella plática intitulada “Una Conversación con Svetlana Alexievich por Ana Lucic”, la autora declaró:
“Todos mis libros consisten en evidencias de testigos, son las voces de gente viva. Yo usualmente dedico de tres a cuatro años en escribir uno, pero esta vez me tardé más de diez… Comencé por entrevistar a testigos, más de 500… De las 500 entrevistas o más, incluí 107 para la última versión: aproximadamente una de cinco. Es básicamente lo que sucede con mis libros –elijo una de cada cinco entrevistas, y esa única entra al libro publicado.”
–¿Por qué decidió escribir Voces desde Chernóbil?
–Chernóbil nos mostró cuán peligroso para la civilización moderna es “el culto a la fuerza”. Cuán deslumbrantes son las imperfecciones de esta dependencia en el poder y su coerción sobre los demás individuos. Cuánto riesgo hay para nosotros mismos en nuestras visiones modernas del mundo. Cómo el hombre humanitario está detrás del hombre tecnológico.
Contó que tras los primeros días de aquel accidente nuclear, el peor en la historia de la humanidad (ocurrido el 26 de abril de 1986), “Chernóbil voló todas nuestras visiones del mundo, minó los mismos cimientos del sistema soviético el cual primero había sido minado por la guerra Unión Soviética-Afganistán. Yo quise relatar aquella experiencia singular”.
Orgullo y prejuicios
Sara Denius, secretaria permanente de la Academia Sueca, elogió este jueves a Alexievich al dar a conocer la presea “por haber divisado la creación de un nuevo género literario; mediante su extraordinario método –un collage compuesto cuidosamente por voces humanas– ella profundiza nuestro entendimiento de toda una época… (su obra es) una historia de las emociones y del alma, si se quiere”.
Cuando le notificó su triunfo, Alexievich externó con orgullo Nobel:
“¡Fantástico!”
Pero enseguida ella brindó un tinte político al premio en conferencia de prensa, refiriéndose a las acciones de Rusia contra Ucrania, como “una ocupación, una invasión extranjera”. Dmitri S. Peskov, vocero del presidente ruso Vladimir V. Putin no tardó en contestarle vía Interfax, así:
“Es obvio que le enviamos nuestras felicitaciones, sólo que aparentemente Svetlana carece de la información suficiente para ofrecer una clara evaluación de lo que está pasando en Ucrania.”
Otro periodista de Rusia, Dmitry Smirnov, comentó:
“¡Caray, le han otorgado el Premio Nobel por su odio hacia Rusia…!”
De sus seis libros escritos en lengua rusa, Denius se inclinó por La guerra no tiene rostro de mujer, famoso en Europa tras publicarse en 1983.
Fin de la utopía soviética
No obstante, quizás el más reconocido de todos sea Voces desde Chernóbil, única obra suya traducida al castellano, y que en breve reimprimirá Random House Mondadori en México (uno de cuyos relatos, entregado a Proceso, se presenta adjunto). Ante Lucic, Alexeivich abundó:
“Los héroes, sentimientos, y eventos en mis libros son del todo reales… Mi papel no es sólo el de una oreja deambulando por las calles, sino que además voy como una observadora y una pensadora. Para cualquier forastero, esto podría parecer un proceso simple: la gente me cuenta sus historias y ya. Pero no resulta tan sencillo… Creo realmente imposible reflejar el vasto panorama de la vida sin la documentación, sin la evidencia humana.”
–Sus libros combinan la entrevista con técnicas de ficción. Esto parece construir un género único. ¿Existen escritoras haciendo algo similar?
–La tradición de contar un relato de este modo, grabando historias orales, con voces vivas, había permeado en la literatura rusa de antes. Me refiero a libros como los de Daniil Granin y Ales Adamovich acerca del sitio (nazi) a Leningrado. Fueron libros que me inspiraron a escribir los míos, mismos que han publicado muchos países, mas no en Bielorrusia.
–¿Qué clase de recibimiento anticipa para su libro en Estados Unidos?
–Estados Unidos es un país sobresaliente, aunque tengo la impresión de que cambió desde el 9/11. Ha caído en la cuenta de cuán frágil es este mundo y de que dependemos los unos de los otros… Pienso que luego del 9/11 los norteamericanos serán receptivos con mis libros, hoy más que ayer.
“La verdad del presente es que el mundo entero se halla en riesgo”, concluyó diciendo Svetlana Alexievich a Ana Lucic:
“El temor ocupa gran parte de nuestra vida –incluso, una mayor parte que el amor–. Entonces, la experiencia del sufrimiento por Rusia adquiere un valor particular. Cada uno de nosotros necesita coraje para continuar viviendo. Y espero que tengamos el valor suficiente de seguir haciéndolo.”
El 10 de diciembre el rey de Suecia le entregará oficialmente el Nobel de Literatura 2015 en Estocolmo “por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al valor de nuestro tiempo”. l








