Villegas Moreno: hace falta fortalecer la investigación

Gloria Villegas Moreno ha dedicado su vida a la historia. La suya está marcada por la academia, a la que ha dedicado 48 años de docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los últimos seis como directora de la Facultad de Filosofía y Letras.

Desde ahí, la escuela con el activismo más radical de la institución, escenario de sus episodios más convulsos, la exdirectora del Archivo Histórico Central del Archivo General de la Nación ha decidido contender por la Rectoría de la máxima casa de estudios.

Dice que decidió participar en la contienda para proyectar el trabajo de un grupo de académicos en el ámbito de las humanidades. “Una visión incluyente, necesaria en los momentos actuales de crisis del país y del mundo”.

En contraste, en los pasillos de su facultad priva la idea de que su administración se ha distinguido por el desaire a la acción de los estudiantes en la vida pública.

Desde su oficina, rodeada de libros, retratos de Sor Juana y Cervantes, ella opina lo contrario: “La facultad es un espacio plural, diverso, que aporta una serie de elementos de análisis de reflexión y propuestas de acción”.

Aborda puntos “esenciales” en la vida de la UNAM. Cree que aún es posible aumentar su matrícula, aunque es una ferviente partidaria de la modalidad a distancia; en cuanto a investigación, habla de incorporar a los alumnos “de manera más contundente”, fortalecerla y proyectarla como “patrimonio universitario y social”; y en la difusión de la cultura encuentra un potencial “extraordinario”, pero con espacios por cubrir. “Tenemos que conectarnos en la construcción de un proyecto nacional incluyente”.

Sobre el presupuesto, es clara: “Tenemos que ser absolutamente rigurosos y contundentes en temas de transparencia. Yo he sostenido que la inversión en educación es el único capital que no se devalúa. Confiaría en que las autoridades (en el gobierno) competentes entendieran esto”.

De su proyecto de trabajo, en caso de llegar a la Rectoría, plantea una renovación parcial de la planta académica. Explica:

“Éste se volvió un tema muy controversial. La universidad dejó de renovarla desde hace un buen rato y nos quedamos con vacíos generacionales fuertes. Habría que repensar la renovación de los profesores eméritos y de quienes optaron por el retiro voluntario en un rango más amplio, porque hay académicos muy valiosos que han quedado fuera”.

Sostiene que las renovaciones en planes y programas de estudio tienen que abordarse como una tarea de reflexión colectiva.

Espacio vulnerable

–Un tema complejo es la inseguridad en la universidad, acentuado por cerca de mil delitos al año, la toma de instalaciones, presencia de grupos porriles, narcomenudeo… –se le comenta.

–En un país como es éste no puede dejar de reflejarse la situación que hemos vivido los últimos años, de violencia, de penetración del narcotráfico. Creo que nuestra universidad, por ser un área abierta, es un espacio vulnerable.

“Hemos tenido hechos de violencia muy lamentables. Hay comisiones de seguridad, pero no basta. Falta una cultura de la prevención del delito que no puede ser solamente una propuesta institucional; tiene que estar compenetrada toda la comunidad, empezando por la denuncia, que es baja.

“Una de las situaciones que favorece esta situación es el comercio ambulante, no regulado. Ése es un espacio natural para el narcomenudeo.

“En 2009 tuvimos un caso muy lamentable de un asesinato (en torno a un presunto caso de narcomenudeo) afuera de la facultad, lo que derivó en que reubicáramos a los cerca de 90 vendedores ambulantes que teníamos.

“Este es un problema que debemos observar de manera continua e integrada. Porque estos grupos generan las condiciones y los espacios para los asaltos, los acosos y tantos hechos lamentables. En noviembre (de 2014) tuvimos una balacera (a la entrada de la Facultad de Filosofía y Letras).”

–Esos disparos los hizo un agente judicial y generó protestas importantes. ¿Usted estaría por que entre la policía en ciertos casos de violencia?

–Cuando tuvimos esos hechos de violencia, en marzo pasado, por la disputa de dos grupos por el auditorio (Justo Sierra, tomado desde la huelga de 99-2000), el abogado general presentó las denuncias correspondientes.

“Para nosotros es un tema tradicionalmente muy delicado. Sin embargo, creo que las autoridades deben actuar en lo que les corresponda. Este tipo de decisiones son muy difíciles, pero creo que se deberían manejar casuísticamente, en el espíritu de los universitarios que siempre estamos contra la violencia. Pero si fuera necesario… son medidas que si las consensuamos con la comunidad, pueden salir adelante.”

–Usted debe tener un diagnóstico muy trabajado de lo que pasa en el auditorio Justo Sierra. ¿Cuál es y qué haría como rectora?

Le cambia el semblante. Apretada la mirada, revela que ha sido un tema áspero durante su gestión. Toma un segundo y responde:

“Éste es un tema muy profundo de la vida universitaria. Después de los últimos hechos de violencia, de marzo pasado, creo que se comprendió que no es un tema sólo de la facultad, sino de toda la universidad.

“Tengo información cercana, no sistemática, pero lo que puedo decir es que a diferencia de lo que ocurrió cuando se tomó por primera vez, que se empezó a hablar de que (el que tomó el auditorio) era un grupo cercano al EZLN, la composición de los ocupantes ha ido cambiando.”

–¿Hoy qué grupos lo ocupan?

–Grupos que se pueden dedicar al comercio ambulante, al narcotráfico. No es un solo grupo. Tiene ramificaciones que se vinculan.

“Hay una etapa, a finales de 2013, principios de 2014, donde el tema de los grupos anarquistas empezó a ser un punto focal en ese sentido.

“Tengo la certeza de que si analizamos este problema integralmente, con los especialistas que tenemos, podríamos dar una solución consensuada, donde, insisto, porque el mismo rector lo ha comentado, contemos con aquello de la autoridad que nos pudiera respaldar.

“La comunidad ha apoyado la devolución del auditorio, pero llegamos a un punto en que exigir la devolución no basta, porque no lo van a entregar voluntariamente. Tiene que erigirse la fuerza moral de la institución, convertirse en un acto de una presión.”

Descomposición social

Villegas Moreno se define como una historiadora crítica. Las ideologías, dice, hace tiempo que dejaron de tener sentido en el mundo. “Yo suscribiría lo que decía José María Luis Mora: Las únicas revoluciones verdaderas son las revoluciones mentales”.

La fuerza y la importancia de la universidad, asegura, obligan a que el rector, “como un importante número de académicos”, tenga una opinión formada y la exprese públicamente.

Sobre la desaparición de los 43 normalistas de la normal rural de Ayotzinapa, hace un año, la historiadora habla de un episodio “terrible” en la vida del país.

“Es un hecho inaceptable, que nos habla de una descomposición social muy grave, de zonas que se han marginado. Hay una crisis institucional, una falta de preparación en quienes tienen responsabilidades públicas, una serie de fallas en los procesos electorales. Vuelvo a la obsesión de los humanistas: esto tiene que verse como un fenómeno integral.”

–Si eso habla de la descomposición del país, ¿qué dicen los escándalos que le siguieron en torno a las casas que el presidente y sus hombres más cercanos compraron a contratistas de gobierno?

–Incrementa la desconfianza. Tiene que haber una ética en la vida política y social. Estas situaciones no deben quedar en la superficie. Hay un problema muy profundo de desigualdad, donde la percepción social es que se están beneficiando de un cargo y de una posición política.

–En su carácter de académica y humanista, ¿qué piensa de la reforma educativa, el pacto del gobierno con el sindicato magisterial más poderoso y la disputa con la disidencia?

–Que las reformas se quedan en la coyuntura. La razón de ser de la desconfianza es que no son medidas en función de un proyecto de nación.

“Una reforma, si no se articula desde las bases, va a tropezar. Y lo que arrancó no fue una reforma educativa sino laboral.”