Hace tres años que la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) eligió a María Leoba Castañeda Rivas como la primera directora de la Facultad de Derecho, que históricamente ha sido dirigida por académicos cercanos al Partido Revolucionario Institucional.
Más allá de su paso por el Instituto Federal Electoral –donde trabajó durante 13 años–, ella se define como una académica sin militancia partidista y una “demócrata”. Admite que no se identifica con “la izquierda”, pero defiende la pluralidad.
A unos días de que culmine el proceso de registro para contender por la Rectoría de la universidad, explica en entrevista que está preparada para dirigir la máxima casa de estudios del país por su compromiso social, por su “honradez probada”, porque puede “garantizar” el cumplimiento del estado de derecho y “dar elementos que permitan que todas las reformas estructurales, que encabeza nuestro gobierno federal, como los gobiernos locales, puedan tener un cauce adecuado”.
Con un saco morado, un brazalete y aretes que parecen ser de perlas, se muestra convencida de que “es un momento” para que las mujeres ocupen puestos importantes en la vida del país. A un lado de su computadora, una foto del presidente Enrique Peña Nieto junto a ella.
Al estilo de una propuesta de campaña, agrega: “Creo que es momento de que el derecho, con Leoba Castañeda, tome la pauta y vayamos adelante para fortalecer esta casa de estudios”, y ofrece la dirección leobaconsultaunam@hotmail para recibir críticas y sugerencias.
Entre las fortalezas de la universidad, destaca al personal académico, a sus trabajadores y al alumnado, con un matiz.
“Creo en el alumnado, pero en el alumnado comprometido”, dice, y toca uno de los puntos que, a su entender, sería necesario enfrentar desde la torre de Rectoría: la toma de instalaciones.
“Son espacios de toda la nación, que no pueden quedar en manos de unos cuantos, pervertidos por intereses ajenos a la universidad. Lo primero (para resolver esos casos) es hacer un diagnóstico. Veamos qué grupos tienen esos espacios. No podemos dejar que eso siga así. Hay que tener un acercamiento con esos grupos, diálogo, nunca violencia, entendimiento y la aplicación del derecho.”
La autonomía universitaria, explica, tiene que ver con la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. “Esta interpretación que se ha dado de extraterritorialidad, de que ésta es tierra de nadie y que no va a entrar un solo ente que dé seguridades es una mala interpretación que hemos ido haciendo con los años”, lanza la jurista.
Sobre los grupos porriles, que en fechas recientes han reaparecido en los colegios de Ciencias y Humanidades, entiende: “A veces se quiere satanizar a quien por traer una camiseta, con tal o cual elemento, se le identifica como porro. Yo no estoy de acuerdo. ¿Quién es el porro y cuáles son las actividades porriles? Jóvenes que están desorientados y que de alguna manera se dejan conducir por alguien que tiene un interés político, antiuniversitario. Ése es el porro.
–¿A quiénes responden? –se le pregunta.
–Siempre hemos pensado que están en la izquierda. Pero voy a ser muy franca: en la UNAM tenemos una universalidad de pensamiento. Derecha o izquierda, todos tenemos cabida. Pero cuando se pervierte, me parece criminal utilizar a un joven para determinados objetivos políticos, para intereses individuales, contrarios a la ética, a la normatividad. Esos son delitos, son faltas de lesa humanidad. Y a veces los pervertimos por necesidad. Él requiere de 300 pesos o de 500 pesos, y dice: ‘Como va, a lo que me digan que haga’.
“Ahora, ¿por qué se están presentando en esta temporada? Porque hay un interés político, en un proceso que estamos viviendo. Está terminando una gestión muy brillante, duradera, y ellos quisieran manchar esa imagen.”
Salidas técnicas
Entre los pendientes que el aún rector José Narro Robles dejará a quien lo suceda, según las palabras de Leoba Castañeda, está el hecho de que la cobertura educativa que ofrece la UNAM es menor a la demanda.
“Yo estoy cierta de que la educación superior no es una educación para masas. El hecho de tener un título profesional no indica que se pueda tener una posibilidad de trabajo. Yo pienso que la cobertura no es algo que deba seguir creciendo.
“Creo que crecer la matrícula sería un problema en el que vamos a congestionar absolutamente las áreas de trabajo. Lo que yo creo que es importante es buscar los elementos que permitan que vayamos dotando al estudiante de áreas de oportunidad para el trabajo.
–Si egresan demasiados profesionistas, dice usted, se saturan las plazas de trabajo. ¿Entonces qué se hace con todos los jóvenes que no logran ingresar a la universidad o que no consiguen una licenciatura?
–Para ese caso, nuestro medio tiene algunas salidas de carácter técnico. Las salidas técnicas se han criticado mucho. Pero, a mi juicio, es muy importante hacerlo porque pueden abatir el abandono escolar. Hay veces que ya no se puede. Esta universidad es gratuita. Yo soy hija de la universidad y logré tener un doctorado en derecho sin tener dinero y sin tener papás que me pudieran pagar una colegiatura.
“Que no se tecnifique (la educación), pero que haya una salida alterna es muy importante. Eso permite que quien esté estudiando tenga elementos que le permitan hacerse de un trabajo. Hay alumnos que lo piden. No podemos permitir que siga aumentan el número de los (jóvenes) que ni estudian ni trabajan.”
De puertas hacia afuera
Sobre el presupuesto, pide “un (mayor) porcentaje del PIB destinado a la educación”, y propone un “ejercicio de reflexión de cómo ponernos a trabajar para lograr ingresos extraordinarios, que nosotros también encontremos recursos”.
Como ejemplo, expresa que la universidad es garante de los sistemas tecnológicos para el conteo de votos en los comicios del país y como tal debe tener un convenio que garantice un buen pago por el servicio.
–¿Qué papel debe jugar el rector en la vida política nacional? –se le inquiere.
–Somos la conciencia social del país. Todo lo que vive el país se refleja en la universidad. Si hay un proceso electoral o un conflicto como Ayotzinapa, la universidad tiene algo que decir. Porque somos una clase pensante, con diversidad de pensamiento.
–Como jurista y especialista en derechos humanos, ¿qué piensa de la investigación del caso Ayotzinapa?
–Que fue una investigación errática y totalmente apresurada, con una conclusión incompleta, como una posibilidad de cerrar el caso pronto. Yo pienso que nos faltó ahí la verdad. Y este pueblo quiere la verdad. Y tenemos razón en inconformarnos. Pero hay que ser muy medido en la inconformidad, porque entonces empezamos a convertirnos en delincuentes. Si yo quiero inconformarme, hay medios legítimos para decir qué está mal.
La institución presidencial
–Otra investigación que no ha convencido es la relacionada con los conflictos de interés del presidente y sus allegados en la compra de inmuebles a contratistas de obra pública –se le menciona a la letrada.
–Voy a ser justa en el ámbito político: México es un país de instituciones. Si nosotros denostamos la institución presidencial, poco favor estamos haciéndole al país. Yo creo que la compra de los inmuebles tiene conflictos que se podrían debatir. Hay problemas en el ámbito jurídico, pero que, derivando de la institución presidencial, a la que le debemos respeto, ahorita no podemos tocar. Y así ha ocurrido en todos los sexenios. Se tardaron casi un año en decir: ‘No hubo conflicto de intereses’. Pero por qué cancelamos convenios o acuerdos con las mismas personas con las que elaboraron ese trabajo. Ahí hay algo que investigar. Hay que conocer la verdad. A los ciudadanos se nos dan las verdades a veces incompletas.
“¿Pero qué habría pasado si el dictamen de la Función Pública hubiera dicho: ‘Hay conflicto de intereses’? Todos perdemos.”
–Si un funcionario del nivel de un presidente o un secretario comete una falta, ¿no debe sancionarse para no perjudicar a la institución?
–Me refiero a que, si hay cuestiones que investigar, lo primero que debemos hacer es quitar de la institución el problema, pero cuando es de la propia institución es muy complicado que se trabaje y se abra, porque entonces denostamos a la institución. l








