El yazidí, un pueblo largamente asediado

París.- Considerado la “escoria de la humanidad” por el Estado Islámico (EI), el pueblo yazidí es uno de los más antiguos de Mesopotamia. Sus sabios aseguran que el calendario yazidí tiene 6 mil 765 años. Su religión se remontaría a más de 4 mil años.

No se sabe a ciencia cierta cuántos yazidíes hay en el mundo. Se habla de una población global de 1 millón y medio dispersos entre Irak, Siria, Turquía, Armenia y Alemania. Hasta el verano pasado, la comunidad más importante –unas 500 mil personas– estaba concentrada en Irak, en el valle de Nínive, cerca de Mosul y al pie del monte Sinjar.

Tras la caída de Mosul en manos de los yihadistas en julio de 2014 y luego de la de Sinjar, un mes después, los yazidíes huyeron masivamente. Hasta donde se sabe, quedarían unos 150 mil viviendo en Irak, en su mayoría ancianos o quienes aceptaron convertirse al Islam. Algunas aldeas muy apartadas han escapado hasta ahora del yugo del EI.

El yazidismo es un monoteísmo sincrético y complejo inspirado en el zoroastrismo de la antigua Persia, que integra elementos del Islam y del cristianismo. Xwede, dios de los yazidíes, creó el mundo con la ayuda de siete ángeles encabezados por Melek Taus, representado por un pavo real, símbolo a la vez de diversidad, belleza y poder.

Según la mitología yazidí, Melek Taus no obedeció a Xwede cuando éste le ordenó que adorara a Adán, pero lejos de molestarse por esa irreverencia, el dios recompensó al rebelde pidiéndole que lo representara en el mundo físico.

La historia de Melek Taus se parece a la de Iblis, el ángel caído del Corán. Pero a diferencia de éste, que se convirtió en demonio y encarnación del mal, aquél siguió siendo “una emanación de la bondad divina”.

Según expertos en cuestiones religiosas preislámicas e islámicas, los musulmanes no creen en la bondad de Melek Taus. Lo siguen considerando demonio y a los yazidíes, adoradores del diablo. Para Al Qaeda y el EI, los yazidíes son los más apóstatas entre los apóstatas y deben desaparecer de la faz de la Tierra.

Puerta al paraíso

Los yihadistas no son los primeros en perseguir a los yazidíes. A lo largo de su historia han sufrido genocidio tras genocidio –sus historiadores hablan de 73–; los más numerosos, durante los 275 años del Imperio Otomano (1640-1915). Hasta finales del siglo XIX los musulmanes turcos creían que matar a un yazidí llevaba directamente al paraíso.

Los yazidíes consideran sagrado el Antiguo Testamento y respetan el Nuevo Testamento y el Corán. Creen en la metempsicosis y tienen un concepto muy riguroso del bien y el mal, que conviven con igual fuerza en cada ser humano. Xwede deja al libre albedrío escoger uno u otro.

Dividida en tres grandes castas y replegada sobre sí misma, la sociedad yazidí es muy rígida. Los matrimonios entre personas de castas distintas están prohibidos. Toda violación de la dignidad de la mujer condena a la víctima al ostracismo, se considera un crimen contra el honor de la familia e implica venganza.

La decisión de Baba Sheik, líder espiritual de los yazidíes, de acoger con los brazos abiertos a las mujeres y niñas esclavizadas por el EI fue una auténtica revolución cultural en el microcosmos yazidí y está salvando la vida de centenares de víctimas.

Los testimonios de las presas rescatadas permiten entender cómo funciona el sórdido comercio de esclavas. Al contrario de lo que se afirmó en agosto del año pasado, las mujeres no están expuestas, encadenadas en mercados al aire libre. Viven encerradas y vigiladas en casas abandonadas por sus dueños chiitas, cristianos o yazidíes, y confiscadas por Daesh.

Las prisioneras de guerra pertenecen a los emires, altos responsables del EI. Los soldados no pueden acercarse a ellas sin autorización de sus superiores.

Los emires suelen escoger a las mujeres y niñas más atractivas. Según los casos, venden, prestan o regalan las presas a sus soldados. Tienen clientes también entre civiles. Se dan casos de intercambios de esclavas entre emires. Algunos altos mandos se llevan a “su” esclava a su casa como segunda o tercera esposa.

En el informe Fuga del infierno, publicado en diciembre del año pasado, Amnistía Internacional menciona casos de solidaridad entre mujeres: algunas esposas musulmanas ayudaron a la yazidíes a escapar. En cambio, en su libro Esclava de Daesh, Jinan cita casos de mujeres doblemente maltratadas, de día por las primeras esposas y de noche por sus “amos”.

Convertir a las mujeres del enemigo en esclavas sexuales es parte de la estrategia de terror que reivindica Abu Bakr al-Baghdadi, líder del EI. Justifica abiertamente esa estrategia en un artículo titulado Regreso de la esclavitud antes de la hora final, publicado en octubre de 2014 en la revista electrónica Dabiq, órgano oficial de propaganda del EI.

El autor del texto afirma en la introducción del artículo: “Cuando se lanzó a la conquista de la región de Sinjar en la provincia de Nínive, el Estado Islámico se tropezó con una población de yazidíes, una minoría pagana que existe desde hace siglos en las regiones de Irak y del Levante. Los musulmanes tienen el deber de cuestionar el hecho de que esa minoría haya logrado sobrevivir durante tanto tiempo, porque tendrán que rendir cuentas a la hora del juicio final”.

Después de citar a numerosos exégetas del Corán, afirma: “El Estado Islámico vende las mujeres y los niños yazidíes al igual que, en su tiempo, Mahoma y sus compañeros vendieron familias paganas”.

Y califica de apóstatas a los musulmanes que tendrían la tentación de cuestionar la práctica de la esclavitud: “Antes de que Satanás siembre dudas en las mentes y los corazones débiles, es preciso recordar que la esclavitud de las familias de los descreídos y la captura de sus mujeres para convertirlas en concubinas son deberes claramente estipulados en la sharia (ley islámica). Quienes reniegan de su legitimidad o se mofan de ella, reniegan en realidad de los versículos del Corán o de los textos que describen el comportamiento del Profeta”.