La pasión mexicana de Corbyn

Tradicionalmente opuesto a las políticas conservadoras de los primeros ministros británicos, desde Margaret Thatcher hasta David Cameron, un hombre considerado radical de izquierda, Jeremy Corbyn, es el flamante líder del Partido Laborista de la Gran Bretaña. Personaje pintoresco para los cánones ingleses, se trata de un vegetariano, antimonárquico, socialista que tiene posibilidades de ser el próximo gobernante de su país, dentro de cinco años. Su arrastre entre los jóvenes y la clase trabajadora es tan grande que al fenómeno ya se le llama “la corbynmanía”… Y además es un enamorado de México, cuya situación actual conoce perfectamente bien.

Londres.- El sábado 12, cuando el veterano político socialista Jeremy Corbyn, de 66 años, fue proclamado líder del Partido Laborista británico, su primer acto fue un gesto de afecto a su esposa, la activista mexicana Laura Álvarez, con la señal de la victoria. En ese momento nadie imaginó que Gran Bretaña tenía como jefe de la oposición y probable futuro primer ministro, a un mexicanista y amigo de América Latina.

Casado en terceras nupcias con Álvarez, una empresaria del sector cafetalero –con quien contrajo matrimonio en México en 2013–, Corbyn nunca ha escondido su pasión por las luchas sociales y de izquierda en América Latina, las de México en especial. De hecho ha visitado varias veces el país, dando apoyo a todo tipo de campañas de derechos humanos. La más reciente, por Ayotzinapa.

El viernes 25 –“de cara al primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa– Corbyn envió una carta al embajador de México en el Reino Unido, Diego Gómez Pickering, en la que le pide atender las recomendaciones de la Comisión Interdisciplinaria de Expertos Independientes (CIEI) y “considerar seriamente la lista de ocho puntos de demandas hechas por los padres de los alumnos”.

En la misiva, Corbyn expresa su “profunda preocupación por la situación de los derechos humanos en México”, donde “más de 25 mil personas han desaparecido desde 2006”.

Previamente, el pasado 28 de enero, el jefe del laborismo expresó en su última ponencia en la Cámara de los Comunes: “Como amigos de México, deberíamos usar nuestra relación con el país para poner toda la presión posible y crear un diálogo verdadero por los derechos humanos. El pueblo mexicano merece justicia y también que se respeten sus derechos humanos”, sostuvo Corbyn, presidente del grupo parlamentario por México y un perfecto hispanohablante.

“México es un país de una historia, contrastes y diversidad increíbles, pero también es un sitio de una gran tristeza. Recuerdo un fin de semana en el que mi esposa y yo estábamos en Cuernavaca, cuando escuchamos que 12 cuerpos habían sido colgados de un puente y que las cabezas decapitadas habían sido arrojadas a un lado del camino. Esa parece haber sido una señal para alguien; así es el nivel de abusos de derechos humanos, de miedo y amenazas que vive México”, dijo en el Parlamento.

El reportero dialogó con Corbyn en un acto comunitario el pasado 2 de noviembre en el teatro Rich Mix de Londres, donde el laborista pidió juicio a los responsables por la matanza de los normalistas de Ayotzinapa.

“Le voy a decir algo. Nunca antes sentí lo que siento por México. Me da tanta tristeza lo que está pasando en ese país, pero al mismo tiempo tengo muchas fuerzas para luchar por la justicia allí. Visité recientemente México y me sorprendió la gran movilización de gente. Es un país fascinante”, comentó el activista al bajar del escenario.

Con una agenda muy apretada de reuniones, comités, visitas y votaciones en el Parlamento británico, Corbyn siempre se ha dado tiempo para dar su apoyo a causas latinoamericanas, como la campaña para lograr la extradición a España desde el Reino Unido del dictador chileno Augusto Pinochet, protestas contra la Guerra de las Malvinas (1982) o en apoyo al movimiento sandinista en Nicaragua.

“La primera vez que fui a América Latina fue en 1969, cuando fui voluntario en Jamaica. Y viajé por todo el continente, de mochilero. Me fascinó su historia y estuve muy involucrado en campañas de solidaridad con el pueblo de Chile tras el golpe de Estado en 1973. Siempre mantuve este interés. He visitado la mayoría o todos los países en América Latina desde entonces y siento que la historia es muy interesante; el periodo colonial y las independencias, este último que siento que aún no ha sido completado”, cuenta Corbyn en entrevista realizada el pasado 21 de noviembre, poco después de su viaje por México.

“Lo digo porque en muchos países que lograron su independencia, en realidad se trató de una independencia de los terratenientes en lugar de la mayoría de la gente, incluidas las poblaciones indígenas. Tengo interés en eso y por esa razón pertenezco al Grupo de América Latina en el Parlamento, donde debatimos temas de medio ambiente, derechos humanos y políticos”, dice.

Su carisma, pasión e incansable trabajo como activista por la justicia social y los derechos humanos finalmente dieron sus frutos, cuando el sábado 12 fue proclamado líder del Partido Laborista, con 59.5% de los votos, frente a 19% de su más cercano seguidor, Andy Burnham.

Luego de tres meses de una campaña exhaustiva en la que recibió duras críticas de la prensa británica conservadora por sus políticas izquierdistas, el parlamentario logró lo que muy pocos esperaban: subir hasta lo más alto dentro del laborismo.

Pintoresco

Corbyn es uno de los políticos más rebeldes y singulares del Parlamento británico, donde representa el distrito londinense de Islington Norte desde 1983, habiéndose opuesto abiertamente a las políticas conservadoras y neoliberales de Margaret Thatcher.

Se casó por primera vez con la británica Jane Chapman, concejal laborista en 1974, con quien compartía la pasión por la izquierda y las luchas sociales. La pareja duró cinco años.

En 1987 contrajo matrimonio con su segunda esposa, Claudia Bracchitta, una exiliada chilena que llegó al Reino Unido de niña, huyendo de la dictadura de Pinochet. Con ella el parlamentario tuvo tres hijos.

Sin embargo se divorciaron justamente por las convicciones políticas del laborista, pues Corbyn se negó a enviar al mayor de sus tres hijos, Ben, a un colegio fuera del distrito de Islington y prefirió anotarlo en un liceo público de escaso nivel académico. Su madre, en cambio, insistió en inscribirlo en un mejor colegio público en otro barrio de la ciudad. Esas diferencias terminaron en la separación.

De apariencia enjuta y rara vez con corbata, Corbyn es un vegetariano que no toma bebidas alcohólicas desde hace
décadas.

Cada vez que termina de participar de alguna manifestación o protesta en la céntrica plaza londinense de Trafalgar –los medios británicos estiman que es uno de los parlamentarios con más participaciones en marchas: más de mil–, Corbyn suele ir a comer a su restaurante favorito en la ciudad, Gaby’s Deli, un pequeño local vegetariano abierto en 1965.

En ese sitio, en Charing Cross Road, suele encontrarse con correligionarios laboristas, sindicalistas o simplemente jóvenes seguidores, con quienes mantiene acaloradas discusiones y debates sobre el futuro político del país.

Pese a llevar 32 años como parlamentario (reelegido en su banca por mayoría en 1987,1992, 1997, 2001, 2005 y 2010), cargo por el que cobra unos 100 mil dólares anuales, Corbyn nunca quiso tener carro y prefiere trabajar sin corbata.

Suele trasladarse en su bicicleta ­desarmable a las sesiones en el Parlamento y también a las marchas, mítines políticos y visitas a amigos, ejercicio diario que él mismo dice que lo mantiene en gran forma física.

Entre sus hobbies están: correr, mirar el cricket en televisión y seguir a su club favorito de futbol, el londinense Arsenal. Su pasión por este deporte fue heredada por su hijo mayor Ben, quien trabaja como técnico deportivo para las divisiones inferiores del Watford, en el este de Londres.

Corbyn también prepara jaleas y mermeladas con frutas que cosecha en un pequeño huerto alquilado que comparte con un grupo de parlamentarios laboristas, una distracción en los pocos momentos que no trabaja.

Se declara amante apasionado de la poesía heroica del irlandés William ­Butler Yeats y es adepto al novelista nigeriano Chinua Achebe, en especial de su clásico Las cosas se desmoronan, que narra las tensiones sociales generadas por el colonialismo.

Con su actual esposa se comunica en español y ambos comparten la pasión por la literatura latinoamericana y por el cine clásico estadunidense. Sus películas favoritas: Casablanca y El gran Gatsby.

Tradición familiar

Como escribió el columnista Owen Jones en The Guardian, el pasado 20 de agosto: “Lo que hace inusual a Corbyn es que aún cree en lo que creía cuando era un joven sindicalista no asalariado”.

Su gran inspiración parece haber sido su madre, Naomi, una profesora de matemáticas en un colegio inglés de niñas, quien alimentó en él y sus hermanos el amor por la ficción moderna y la historia.

El propio Corbyn contó que su madre le regaló una colección de ensayos de George Orwell para su cumpleaños 16 y le dijo desde pequeño que debía decidir cuáles eran sus creencias y estar dispuesto a actuar en consecuencia para defenderlas.

Tanto ella como su padre, David, un ingeniero mecánico, fueron incansables activistas por la paz y los derechos humanos y ambos se conocieron justamente en una marcha en Londres, en los treinta, a favor de los republicanos españoles. Esa herencia militante, activista y de rebelión política parece haberse traducido hoy en los principios básicos de Corbyn, quien ahora al frente del laborismo busca una transformación radical en la política británica.

El jefe de la oposición, nacido en el condado rural de Wiltshire, en el suroeste de Inglaterra, el 26 de mayo de 1949, pero educado en Shropshire, una región obrera del norte del país, dijo poco después de ganar el liderazgo del laborismo: además de luchar por los derechos de los trabajadores, buscará un “cambio fundamental” en las políticas económicas, sociales y del exterior.

Respecto a la economía, Corbyn prometió trabajar para poner fin a las políticas de austeridad del gobierno conservador de David Cameron, hacer pagar más impuestos a los ricos y proteger a quienes dependen de subsidios para vivir. También quiere avanzar contra la evasión fiscal de multinacionales y compañías, y duplicar los ingresos anuales del Servicio Nacional de Salud.

Está a favor de reducir el déficit fiscal, “pero no a través de recortes al gasto público” y menos cumpliendo cronogramas “arbitrarios”.

Si Corbyn ganara las próximas elecciones generales –en 2020–, su gobierno introduciría un máximo salarial para banqueros acaudalados y renacionalizaría el Royal Bank of Scotland.

Acerca de la política exterior, Corbyn, uno de los principales opositores a las guerras de Irak y Afganistán y que condena el bombardeo del Estado Islámico en Siria, buscará “un cambio radical en la postura internacional” del Reino Unido, que tenga como fin “hallar soluciones políticas, en lugar de militares”.

Para resolver el conflicto en Medio Oriente y conseguir la paz, sostuvo que “hay que dialogar con todos”, incluidos grupos como Hamas, Hezbolá y el Estado Islámico.

Entre sus propuestas más revolucionarias están la de retirar a Gran Bretaña de la OTAN y hacer que el ejército británico se convierta en una “fuerza de paz”. También quiere destinar menos de 2% del PIB para el sector de la defensa y abolir los arsenales nucleares Trident, que le cuestan miles de millones de libras esterlinas al erario.

Corbyn apoya la membresía británica dentro de la Unión Europea, pero sólo si el bloque comunitario se reforma; además se opone categóricamente al Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversión, un extenso tratado que negocian en secreto Europa y Estados Unidos.

En el área de educación, el nuevo jefe laborista quiere un sistema público y gratuito enteramente financiado por el Estado, como también el fin de los aranceles universitarios. Republicano y antimonárquico desde sus comienzos políticos, Corbyn prometió impulsar la renacionalización del ferrocarril y de las principales compañías energéticas del país, reabriendo nuevamente las históricas minas de carbón de Gran Bretaña.

El ascenso de Corbyn y su espectacular victoria fueron considerados por muchos comentaristas políticos como una verdadera revolución: la llamada “Corbynmanía”.

Contra todas las expectativas del establishment inglés, del sector blairista de su partido y tras haber desobedecido más de 500 veces la línea partidista, Corbyn logró cautivar al electorado, especialmente a los más jóvenes, muchos de los cuales se sentían hasta ahora totalmente decepcionados de la política británica.

No fue casual que en el primer discurso tras su victoria, en un colmado Centro de Conferencias Isabel II en el centro de Londres, Corbyn les hablara directamente a ellos.

“Los jóvenes”, dijo el jefe de la oposición, “son una generación muy política, que no sintonizó y perdió interés debido a la forma en que hasta ahora se conducía la política en este país. (…) Hemos demostrado que nuestro partido y nuestro movimiento son apasionados, democráticos, diversos, unidos y determinados en nuestra ambición por construir una sociedad mejor. Las cosas pueden y van a cambiar”, gritó enérgico el primer dirigente en décadas de la izquierda radical del laborismo. l