La vida simple de “Barrabás”

En agosto pasado, el caso de Gerardo Martínez, Barrabás, un indigente que deambula por las calles de Guadalajara, cobró “trascendencia histórica”, según comenta un abogado de la UdeG. El día 19 de ese mes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo su caso, promovido por abogados universitarios que demandan respeto a sus derechos humanos, de salud y vivienda. No obstante, una promotora cultural amiga de Barrabás comenta que aun cuando el fallo de la corte sea favorable, es difícil que él abandone las calles.

Está acostumbrado a vivir en la calle. Lleva años recorriendo la zona aledaña al edificio Cultural y Administrativo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde suele perderse entre los autos y los montones de tierra y escombros o mezclarse con otros indigentes que, como él, llevan una vida azarosa.

Se llama Gerardo Martínez, tiene alrededor de 60 años y le dicen Barrabás. Le gusta la discreción y por lo general huye de los reporteros cuando quieren hablar con él. Pero hoy, pese a su renuencia, está cobrando notoriedad, sobre todo a raíz de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) atrajo el amparo que una decena de maestrantes y docentes de derecho de la UdeG presentó a su nombre.

En 2012, Barrabás se quejó de presuntas violaciones a sus derechos humanos y de que las autoridades le habían fallado: le negaban el derecho a la salud, acceso a vivienda digna, a un trabajo remunerado y otros aspectos, dijo. Ese año, los litigantes universitarios le ofrecieron su apoyo y él aceptó que interpusieran una queja a su nombre ante el gobierno estatal.

El Juzgado Primero de Distrito en Materia Administrativa y del Trabajo desechó la solicitud y el trámite quedó en suspenso, hasta que en enero pasado los promotores de la querella pidieron la revisión del asunto a los magistrados de la SCJN.

Los académicos tomaron como punto de partida las modificaciones a la Constitución en el apartado de la defensa a los derechos humanos y de juicio de amparo promovidas en 2011 y puestas en vigor al año siguiente.

El expediente cobró fuerza y ahora, con la decisión de la SCJN, que el pasado 19 de agosto decidió atraer el caso, es de “trascendencia histórica”, comenta el director del departamento de Estudios Jurídicos del Centro Universitario de Ciencias Sociales, Tadeo Eduardo Hubbe Contreras.

Según Hubbe Contreras, el hecho de que la SCJN se haga cargo del asunto genera un precedente en materia jurídica en México; “es histórico en el país”, reitera.

Y expone: “Desde 2012 hasta hoy hemos llegado bastante lejos. Esperamos que si la sentencia es favorable, le ordene a la autoridad correspondiente –en realidad son varias las instancias implicadas– que se cumpla con lo solicitado; es decir, darle vivienda e identidad a Barrabás; ofrecerle (atención en materia de) salud y sus derechos fundamentales.

“La idea de ese juicio es saber cómo va a reaccionar la autoridad a una sentencia donde el órgano jurisdiccional máximo del país (la SCJN) le ordena al estado de Jalisco (encabezado por el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz) que vele por los derechos fundamentales de una persona en situación de calle.”

En el caso de Barrabás, puntualiza Hubbe, no existe una fecha fatal para que la SCJN emita una sentencia. Confía en que los magistrados Alberto Pérez Dayán, Franco González Salas, Margarita Luna, Eduardo Medina Mora y Juan Silva Meza resuelvan la solicitud en favor del demandante.

Este hecho –la atracción del caso por parte de la SCJN– ocurre justo cuando los principales cruceros de la zona metropolitana están invadidos por decenas de Barrabases, quienes viven en situación de calle a causa de la crisis económica y por la llegada de miles de migrantes de otras entidades del país y de Centroamérica que se dirigen a Estados Unidos.

Cifras de la pobreza

De acuerdo con la organización Antorcha Campesina, en la zona metropolitana la población indígena proveniente de distintas partes del país pasó de unas 25 mil personas a más de 100 mil en los últimos años.

Muchos de ellos se quedan atrapados en Guadalajara y otras ciudades y nunca llegan a Estados Unidos. Barrabás conoce su tragedia pues, dice, él ha estado en aquel país, en la ciudad de Chicago, donde trabajó como lavaplatos para sobrevivir.

Allá, comenta, incluso purgó una condena en un penal llamado El California. En México también ha sido objeto de escarnio: “Me han detenido un cabronal de veces pero siempre me dejan libre, porque saben que no tienen razón de encerrarme”.

Barrabás vive en una precaria vivienda improvisada con una lona clavada sobre las paredes de un inmueble. Ahí duerme todas las noches; durante el día trabaja como acomodador de carros. Hasta hace un año acostumbraba pernoctar en las inmediaciones del Parque Rojo, donde confluyen las tribus urbanas, comentan los vecinos de la zona.

De su cabeza brotan rastas llenas de mugre que le cuelgan sobre la espalda. Su rostro está poblado de una barba sucia y descuidada. Su memoria ya no es tan fiel, pues, dice, ya no recuerda ni quién le puso ese apodo.

Como Barrabás es renuente a las entrevistas, el reportero pidió apoyo a Uzi Baro, una promotora cultural de 36 años de la que Barrabás estuvo enamorado alguna vez, pues la conoce desde hace muchos años. Una vez, recuerda Baro, Barrabás le pidió matrimonio y ella le respondió que sí, pero le advirtió que primero tenía que bañarse. Él se quejó; le dijo que todas las mujeres eran iguales, que trataban de abusar. Dejó de insistir, relata Baro.

Barrabás forma parte del 36% de ciudadanos que viven en marginación en una entidad compuesta por más de 7 millones 300 mil personas, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Los indicadores del propio gobierno de Jalisco hablan de 9.34% personas que enfrentan algún tipo de carencia alimentaria en territorio tapatío.

El Consejo Estatal de Población, por su parte, asegura que en Guadalajara hay 38 mil viviendas deshabitadas, mientras en Zapopan la cifra supera las 44 mil. Cualquiera de ellas, comenta Baro, podría ser habitada por Barrabás, pero las autoridades no atienden los problemas de los indigentes.

El Parque Rojo o Revolución es el punto de encuentro de las tribus urbanas. Por las tardes, el ruido es ensordecedor en todo el entorno, donde hay decenas de puestos callejeros con alimentos y golosinas de todo tipo; incluso hay un peluquero que hace su trabajo en plena vía pública. Por las noches el lugar se llena de prostitutas y vendedores de droga y alcohol.

Los domingos son diferentes, pues ahí las activistas del grupo Tejedoras de Paz organizan eventos culturales y sensibilizan a la población sobre los desaparecidos (2 mil 800, según admite la Fiscalía General del Estado de Jalisco).

Baro se muestra preocupada por su amigo Barrabás y quienes viven en situación de calle. Él, dice, difícilmente aceptará vivir en un albergue o una casa; menos aun recibir ayuda médica.

Uno de los mayores temores de los indigentes, dice la promotora cultural es caer a la Unidad de Asistencia para Personas Indigentes, perteneciente al Instituto Jalisciense de Asistencia Social. No les gusta que los encierren, los bañen y les corten el cabello sin su consentimiento. Para ellos, eso es muy agresivo, dice.

“Yo pienso que la propuesta de los abogados de la UdeG es buena, pero considero que no van a tener el resultado que se están buscando, porque no basta con darles un espacio (a los indigentes), también hay que convencerlos de que nadie los está persiguiendo ni los va a encerrar”, argumenta.

Hombres como Barrabás terminan por hacer de la calle una forma de vida. Quizá por eso él se muestra ajeno a lo que pueda dictaminar la SCJN sobre su caso. l