En 1998 el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, escribió un ensayo sobre la visita de Juan Pablo II a Cuba. Ahí reveló algunas de sus ideas clave respecto al vínculo de la isla nación con Estados Unidos. A dos semanas de que el hoy Papa Francisco visite esos países, resulta esclarecedor leer acerca de su rechazo tanto al socialismo como al neoliberalismo, el repudio al “diálogo de ausentes”, su crítica al bloqueo contra Cuba y la convicción de que el Vaticano tiene un gran papel que jugar entre La Habana y Washington, que acaban de restablecer relaciones diplomáticas gracias a la mediación del pontífice.
BUENOS AIRES.- La crítica al socialismo es lapidaria: en este sistema “el bien de la persona queda subordinado al funcionamiento del mecanismo económico-social, perdiendo el hombre su opción autónoma”.
Y la crítica hacia el neoliberalismo es radical: “No se pueden admitir los postulados del neoliberalismo y considerarse cristiano”.
Las dos frases pueden leerse en Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro, un ensayo breve inspirado en las palabras pronunciadas por ambos jefes de Estado durante la visita del papa polaco a Cuba en enero de 1998. Las dos citas pertenecen, sin embargo, al autor del ensayo, Jorge Mario Bergoglio, por entonces arzobispo de Buenos Aires y hoy al frente del Vaticano. Para la redacción de ese texto, Bergoglio coordinó el trabajo de un grupo reunido bajo el nombre Centesimus Annus.
El libro fue publicado por Ciudad Argentina en julio de 1998. Las alocuciones y homilías de Juan Pablo II en Cuba sirven de base para plasmar las críticas de la Iglesia católica hacia la teoría marxista y el socialismo real, pero también contra el neoliberalismo y el bloqueo a Cuba.
En los cuatro primeros capítulos, Bergoglio analiza el significado del viaje al “último bastión del comunismo” por parte de Karol Wojtyla, el papa que venía de jugar un papel decisivo en la caída del bloque soviético.
El ensayo cobra trascendencia de cara al viaje oficial que, como pontífice, Bergoglio realizará en este mes a Cuba y Estados Unidos. Impulsor notorio del deshielo que vive la relación entre Cuba y Estados Unidos, Francisco estará en la isla caribeña entre el sábado 19 y el martes 22 y en suelo estadunidense del 22 al domingo 27.
Francisco prosigue así la tarea que Juan Pablo II inició en 1998 y Benedicto XVI continuó durante su visita a Cuba en 2012. Algunas pistas del acercamiento propiciado por el Vaticano están en el libro mencionado.
El 14 de agosto de 2015 Estados Unidos y Cuba reabrieron las respectivas sedes diplomáticas –cerradas en 1961. El primer sumo pontífice latinoamericano cumplió y cumple un rol central en la apertura de este canal de comunicación. “El valor del diálogo” es, justamente, el título del primer capítulo del libro escrito por Bergoglio. Se refiere al vínculo entablado por la Santa Sede y La Habana tras el profundo distanciamiento provocado por el triunfo de la Revolución en la nación caribeña.
En su visita a la isla, “Juan Pablo II (…) pudo hablar. Fidel Castro también habló. Pero ambos tuvieron que escuchar y escucharse”, escribió Bergoglio. “En esos mensajes se entrevieron por momentos discrepancias profundas, y en otras ocasiones, básicas convergencias”.
Pistola en la sien
Durante la ceremonia de bienvenida en Cuba, el 21 de enero de 1998, Juan Pablo II dio gracias a Dios por haberle permitido “venir hasta esta tierra, calificada por Cristóbal Colón como ‘la más hermosa que ojos humanos han visto’” y “donde fue plantada la Cruz de Cristo”.
Castro, por su parte, dijo al pontífice que en la “tierra que usted acaba de besar” y que “se honra con su presencia”, no encontraría “aquellos pacíficos y bondadosos habitantes naturales que la poblaban cuando los primeros europeos llegaron a esta isla”, ya que los hombres fueron “exterminados casi todos por la explotación y el trabajo esclavo” y las mujeres fueron “convertidas en objeto de placer o esclavas domésticas”, refiriendo que “algunos sacerdotes dejaron testimonios desgarradores de su protesta contra tales crímenes”.
Bergoglio definió como “diálogo de ausentes” el que se dio entre Juan Pablo II y Fidel Castro en suelo cubano. “Al analizar el diálogo se puede advertir nítidamente que no es un diálogo entre dos protagonistas presentes, que no es un diálogo político, que los conceptos fueron vertidos al ritmo del movimiento de un tablero de ajedrez, ya que prácticamente, salvo en contadas ocasiones, no confluyeron en un mismo discurso –se lee–. Además es de suponer que existían límites no escritos, no expuestos, sino implícitamente elaborados de común acuerdo”.
En este tipo de charla indirecta, “el Papa reitera su pedido de libertad, dignidad y democracia para el pueblo cubano, mientras que Fidel Castro enarbola la bandera de la igualdad de trato para Cuba en el escenario internacional de las relaciones económicas”, sustuvo Bergoglio.
“Que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba, para que este pueblo, que como todo hombre y nación busca la verdad, que trabaja para salir adelante, que anhela la concordia y la paz, pueda mirar el futuro con esperanza”, pidió Wojtyla durante la ceremonia de bienvenida.
Castro, por su parte, dijo que Cuba sufría un intento de “genocidio, pretendiendo rendir por hambre, enfermedad y asfixia económica a un pueblo que se niega a someterse a los dictados y al imperio de la más poderosa potencia de la historia”, en referencia a Estados Unidos.
Un intercambio similar, aunque cara a cara, se había dado cuando el líder cubano visitó la Santa Sede en noviembre de 1996. Juan Pablo II pidió entonces a Fidel Castro que “abriera Cuba al mundo”. Éste dijo entonces no poder hacerlo, “porque tengo una pistola en la sien”, en referencia a la hostilidad histórica de Estados Unidos. “Ábrete al mundo, que yo te quito la pistola”, propuso Juan Pablo II. La discreción que caracteriza el acercamiento diplomático entre ambos países, propiciado por Francisco, impide saber si el diálogo actual discurre bajo acuerdos semejantes.
Sistemas
Francisco será recibido en Cuba por el presidente Raúl Castro. En mayo de 2015, el cubano agradeció personalmente al pontífice en el Vaticano por su mediación para impulsar la relación entre su país y Estados Unidos.
En enero de 1998, Fidel Castro puso todo el aparato del Estado al servicio de la visita de Juan Pablo II. Un mes antes anunció que para complacer la petición del papa se restablecía la celebración de la Navidad. En el aeropuerto, “un cartel que pocos días antes decía ‘Creemos en la revolución’ fue sustituido por otro con la imagen del papa con báculo y mitra y un texto que rezaba: ‘Bienvenido, su Santidad Juan Pablo II’”, publicó el diario español El País en su edición del 22 de enero de 1998.
“Santidad, pensamos igual que usted en muchas importantes cuestiones del mundo de hoy y eso nos satisface grandemente”, le dijo Fidel Castro en su discurso de bienvenida: “En otras, nuestras opiniones difieren, pero rendimos culto respetuoso a la convicción profunda con que usted defiende sus ideas”.
Bergoglio analiza el acercamiento del siguiente modo: “Desde que en 1990 Fidel Castro propone una alianza estratégica entre cristianos y marxistas, no ha cesado en sus intentos por encontrar y demostrar convergencias o puntos de conexión entre el catolicismo y los postulados de la revolución”, escribe. Recalca el hecho de que Fidel Castro “en reiteradas oportunidades ha llegado a declarar que su postura se identifica con Cristo, en su lucha por salvar a los desesperados y pobres”.
El libro recoge citas textuales del líder cubano: “La Iglesia condena el egoísmo, el socialismo también. La Iglesia condena la avaricia del que no es solidario, el socialismo también. La doctrina de Carlos Marx está muy próxima al Sermón de la Montaña”.
Bergoglio reconoce las coincidencias entre el Vaticano y La Habana en su condena de la deuda externa como instrumento de sometimiento. Recoge las críticas de Juan Pablo II contra “las medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente inaceptables”. Pero a continuación puntualiza una por una las divergencias.
La Iglesia católica vislumbraba “ciertos peligros de la teoría (marxista) al instigar a los pobres a reaccionar contra los ricos, en el intento de eliminar la propiedad privada y que los bienes pertenezcan a la comunidad”, escribe Bergoglio. “Tal camino no es el adecuado para resolver la cuestión, pues ejerce violencia sobre los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba todo el orden social”.
Finalmente, considera “censurable el modo de acción elegido por el socialismo para concretar sus fines, merced a la lucha de clases”.
El propio Juan Pablo II, durante su estancia en Cuba, insta a superar “la angustia causada por la pobreza material y moral”, cuyas causas no sólo atribuye al bloqueo, sino también a “las limitaciones de las libertades fundamentales, la despersonalización y el desaliento de los individuos”.
El ensayo recoge expresiones de Juan Pablo II en Cuba acerca del “neoliberalismo capitalista, que subordina la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde sus centros de poder a los países menos favorecidos con cargas insoportables”, dice Wojtyla en una de sus homilías. “De este modo, se asiste en el concierto de las naciones al enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento creciente de muchos”.
Bergoglio radicaliza aún más la crítica: ubica al neoliberalismo “en las antípodas del Evangelio, porque siembra desocupación marginando fríamente a los sobrantes; porque vacía de contenido humano los progresos económicos, preocupándose sólo por números que cierren; porque corrompe los valores de la democracia, alejando de ella los valores de igualdad y justicia social”.
Tras citar la defensa que Juan Pablo II hace de la democracia y el Estado de derecho, Bergoglio aclara que “la Iglesia no censura al capitalismo cono sistema económico puro; es decir, cuando se refiere a la acumulación de capitales que están destinados a la productividad. Lo que censura la Iglesia es el espíritu que ha animado al capitalismo, utilizando el capital para someter y oprimir al hombre, sin contemplar la dignidad humana de los trabajadores ni la función social de la economía, distorsionando los valores éticos de la justicia social y del bien común” que defiende la Doctrina Social de la Iglesia.
El sitio de la religión
Fidel Castro recibe y despide en persona al pontífice y está presente, junto a Gabriel García Márquez, durante la misa que el papa oficia en la Plaza de la Revolución. Juan Pablo II se dirige a él como “señor presidente”. El líder cubano usa el término “santidad” en varios de sus enunciados, convirtiendo al invitado en interlocutor. El tono de respeto mutuo se eleva por sobre la disputa sorda que enfrentó al Vaticano con el gobierno surgido de la revolución.
“En 1959 la victoria de la Revolución se topó con la reacción adversa de la Iglesia Católica, marcada por el franquismo español”, escribió Frei Betto en el portal Cubadebate el 2 de junio. El teólogo brasileño, autor del libro Fidel Castro y la religión, de 1985, señala, sin embargo, que las relaciones diplomáticas nunca se rompieron y que “Fidel suprimió el carácter ateo del Estado y del Partido Comunista de Cuba, que ahora son oficialmente laicos”.
“El gobierno revolucionario –prosigue Bergoglio en su ensayo–, tratando de minimizar la presencia de la Iglesia en la isla y en su intento de desarticular su acción pastoral, ha fomentado y permitido el crecimiento y expansión de otros cultos –como es el caso de la santería– y de diferentes sectas.”
El ensayo alude también a la prédica de Juan Pablo II en Cuba en favor del matrimonio entre “hombre y mujer”, su condena al “amor libre”, el divorcio, las “relaciones prematrimoniales a temprana edad”, “los métodos de control de la natalidad” y el “recurso fácil del aborto”. En su breve periplo como papa, Francisco ha impulsado una apertura de la Iglesia católica frente al aborto, el divorcio y la homosexualidad.
Juan Pablo II expresó en Cuba “su deseo de que en un futuro no lejano, la Iglesia pueda asumir su papel en la enseñanza”. Tanto Fidel Castro como su hermano, Raúl Castro, fueron alumnos de colegios jesuitas durante su infancia y adolescencia.
“En la visita de Juan Pablo II, Fidel rompió el protocolo y asistió todas las noches a la nunciatura, donde estaba hospedado el pontífice”, revela Frei Betto en el artículo mencionado. “Allí mantuvieron largas conversaciones regadas con jugos tropicales”, grafica.
Mediación
La Iglesia católica comenzó a imponerse como interlocutor del gobierno cubano en el plano internacional a partir de la visita de Juan Pablo II. Este deshielo entre la Santa Sede y el gobierno revolucionario sirve de ejemplo para el que la propia Iglesia auspicia entre Cuba y Estados Unidos.
“El primer viaje fue, sobre todo, un espaldarazo, un acto de sanación con un país que estaba aislado del mundo –dijo el periodista cubano José Nieves Cárdenas al periódico virtual argentino Infobae el 3 de mayo de 2015. “El segundo, de Benedicto XVI, fue una continuidad para mantener la presencia de la Iglesia como un actor importante en la proyección internacional y la mediación de los conflictos externos del gobierno cubano”, prosigue.
“Esta visita de Francisco es la profundización de la ruta vaticana de los lazos de Cuba con algunas zonas de conflicto de sus relaciones exteriores. La Iglesia católica es para el gobierno cubano un importante mediador de cara al mundo, porque en la política interna no tiene influencia determinante”, concluye.
Francisco llegará a La Habana el sábado 19. Realizará una visita de cortesía al presidente Raúl Castro. Oficiará misa en la Plaza de la Revolución, en Holguín y en Santiago. Participará en encuentros con religiosos y con jóvenes cubanos. La Iglesia católica pretende recuperar el espacio que perdió en Cuba en las últimas cinco décadas. Tras la visita de Benedicto XVI el gobierno decretó que el Viernes Santo se considere día festivo. “Si el papa sigue así, volveré a rezar y vuelvo a la Iglesia”, dijo Raúl Castro después de la reunión que ambos tuvieron en mayo.
Francisco volará hacia Washington el martes 22. Visitará al presidente Barack Obama en la Casa Blanca, dará misa en Washington, Filadelfia y en el Madison Square Garden de Nueva York. Será el primer papa en hablar ante el Congreso de Estados Unidos. También lo hará en la Organización de las Naciones Unidas y en el memorial de la Zona Cero, donde se emplazaban las Torres Gemelas.
“Francisco puso todo su capital simbólico de autoridad prestigiosa para las opiniones públicas de los dos países en función de legitimar el acercamiento”, dice José Nieves Cárdenas en el artículo citado. “No olvidemos que sobre todo al interior de la sociedad estadunidense hay muchas reticencias al diálogo con Cuba, y yo creo que Francisco dio a Obama la oportunidad de emplear al Vaticano como respaldo para la decisión audaz que debió tomar”, sostiene.








