Canal 30 estancado

En 14 estados operan 16 estaciones en televisión digital terrestre que son administradas por el Sistema Público de Radiodifusión (SPR). La cobertura potencial es de 56% de los habitantes, la real debe medirse a partir de los hogares con acceso a la TDT. En el Distrito Federal difunde por el canal 30.  Su slogan, “Una voz con todos”.

El sistema es un organismo descentralizado no sectorizado, según su página web, que se deriva del anterior Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA). Se le agregó un Consejo Asesor Ciudadano compuesto por nueve miembros que son elegidos por voto de las dos terceras partes de la Cámara de Senadores. Permanecerán en su cargo 5 años. Existe también la figura del “defensor de la audiencia”.

Si bien el OPMA surgió desde 2010, los programas que constituyen su acervo vieron la luz a partir de 2011. Al crearse en 2014 el SPR, el catálogo existente fue complementado con un gran paquete de la Deutsche Welle, con series compradas a PBS (Public Broadcasting System) y a la BBC. Además ha coproducido con TV UNAM, por ejemplo El penacho de Moctezuma.

En materia de realizaciones nuevas, el sistema está atorado. Produce un programa informativo. Éste no contiene innovaciones, la conducción es floja, las notas descontextualizadas y en su mayoría oficialistas. Y muy poco más. La parrilla de programación se arma con múltiples repeticiones de las obras del archivo, casi todas superan en calidad lo que se hace actualmente.

Eso sí, el SPR se erige como un “mecanismo de concertación y alianza con los medios públicos”, lo que se traduce en un circuito de programas que podemos ver lo mismo en Canal Once, Canal 22, TV UNAM, Capital 21, que en Canal 30, entre otros. Este ejercicio desdibuja el perfil de cada emisora y lanza el mensaje de que sería mejor tener una sola cabeza con múltiples repetidoras. También que la diversidad no preocupa al SPR.

En virtud del desconocimiento de la existencia de Canal 30 entre la gente, sus cámaras han optado por salir a la calle para abordar a los transeúntes con la siguiente pregunta: “¿Sabías que eres dueño de un canal de televisión?”. A la negativa de casi todos, una voz en off nos informa que, en efecto, somos “dueños de un canal de televisión”. La campaña resulta además de banal, contraria al espíritu de la Constitución: El ser dueño implica propiedad privada sobre un bien. Las leyes afirman que las ondas electromagnéticas son propiedad original de la nación, y que ésta, a través del Estado, las da en usufructo a particulares o a instituciones para su explotación comercial o cultural y educativa, por medio de una concesión.

En todo caso seremos concesionarios de Canal 30, lo que tampoco es exacto pues el poseedor es el organismo denominado SPR.