La orquesta de Sibelius toca a Sibelius

Todo un acontecimiento que incluso puede considerarse histórico en la vida musical nacional constituyó la presencia en México de la Helsinki Philharmonic Orchestra durante tres días seguidos en Bellas Artes.

Considerada con toda razón como la orquesta de Jean Sibelius (1865-1957), el más grande compositor en la historia de Finlandia, la Filarmónica de Helsinki se fundó en 1882, es decir, cuando el músico contaba con apenas 17 años y empezaba su labor creativa. Por esa razón y porque la de Helsinki era la única orquesta de su tipo en ese momento en Finlandia, es que las carreras de ambos, orquesta y creador, siempre corrieron paralelas, y las obras más importantes de Sibelius, incluidas seis de sus siete sinfonías, fueron estrenadas por ella y con el compositor al podium.

Ahora, en ocasión de estarse celebrando en el mundo el 150 aniversario del nacimiento de Sibelius, su orquesta visitó México por primera ocasión y durante tres días –viernes 7, sábado 8 y domingo 9– ofreció el ciclo completo de sus siete sinfonías en un hecho que nunca se había producido en nuestro país. A ellas se agregaron algunas otras de sus obras más conocidas y gustadas  como el Vals Triste, el Concierto para violín y orquesta y, por supuesto, la mayormente difundida, la famosísima Finlandia.

Bajo la dirección estupenda de su director titular, el también finlandés John Storgars, quien logró un balance por demás acertado en la programación, la orquesta integró sus programas de la siguiente manera:

El primero con la Sinfonía No. 1 en mi menor, opus 39, el Concierto para violín y orquesta en re menor, opus 47, en el que actuó como solista la destacada violinista rusa Baiba Skride, quien tiene el privilegio de tocar con el Stradivarius ex Barón Feilitzsch, que le cediera desde el 2010 otro grande del violín, Gidon Kremer; y la Sinfonía No. 5 en mi bemol, opus 82.

El segundo, con la imprescindible Finlandia que es, como su nombre indica, todo un canto de amor a su patria, sojuzgada cuando la escribió; la Sinfonía No.4 en la menor, opus 63, la más oscura y densa de sus sinfonías, y la Sinfonía No. 2 en re mayor, opus 43 que, en contraste con la anterior, es la más luminosa de sus creaciones, un auténtico sol. “El punto áureo de la programación”, como lo llamó el compositor Arturo Márquez, con quien compartimos la experiencia.

El tercero con la Sinfonía No. 3 en do mayor, opus 52, el pequeño pero bello Vals Triste; la Sexta Sinfonía, escrita en la tonalidad de re menor, opus 104, y cerró brillantemente el círculo la última de sus creaciones en esta modalidad, la Sinfonía No. 7 en do mayor, opus 105.

Una triada de conciertos verdaderamente fuera de lo común.  

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Nota Mala: La nueva disposición proveniente, a decir de los cancerberos que impidieron el paso, de la Gerente del Palacio de Bellas Artes, Liliana Saldaña Lobera, de impedir pasar a camerinos para saludar a los artistas como ha sido una tradición añeja. Me tocó ver, aparte de a mí mismo, claro, el maltrato dado a personal de la embajada de Finlandia, no sé si al embajador entre ellos, que fueron tratados como suplicantes e indeseables. Esto es algo que debiera corregirse de inmediato.