Urgente, captar agua de lluvia

Durante dos años, el investigador Arturo Gleason ha comprobado en su casa la eficacia del sistema de captación de agua de lluvia, que le ahorra gastos y contribuye a equilibrar el entorno natural. Esta es la base de la propuesta que ha presentado desde hace tiempo a las autoridades del estado y de Guadalajara sin que le hagan caso, pese a los graves problemas que ocasiona el mal manejo del valioso recurso.

La vivienda de Arturo Gleason Espíndola se distingue entre las más de 2 mil 200 del fraccionamiento Parques del Bosque, en el Periférico Sur, porque tiene un sistema de captación de agua pluvial que él mismo construyó hace un par de años para dejar de consumir la que llega por las tuberías del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA).

Su idea fue exitosa. Cada año acumula alrededor de 44 mil litros de agua, una parte la almacena en dos grandes cisternas para el consumo doméstico y el resto la destina al subsuelo.

Gleason explica que mediante un proceso de purificación el líquido se puede beber, aunque su sistema es un prototipo que requiere más investigación para adaptarse a zonas residenciales. Sin embargo, afirma, en países como Alemania y Australia estos sistemas son usuales y sus habitantes captan hasta 40% del agua de lluvia.

Calcula que si todas las casas del fraccionamiento donde vive tuvieran un dispositivo semejante, obtendrían en total 96 millones 800 mil litros por año, suficientes para prescindir del SIAPA durante cuatro meses.

Cuenta que, después de que instaló su sistema de captación, el personal del SIAPA se sorprendió al comprobar que su medidor marcaba ceros; sin embargo, tuvo que cubrir el recibo porque la política institucional es que todos los usuarios paguen.

La casa de Gleason es una especie de laboratorio. En el techo tiene una estación meteorológica que calcula la velocidad del viento, su dirección, el clima y la magnitud de las lluvias. Además, posee un camión equipado para monitorear las lluvias, al que se refiere como “cazatormentas”, en el cual suele hacer demostraciones y recorridos. Dice que alguna vez lo condujo hasta Estados Unidos para acudir a un congreso sobre el agua. En ese vehículo se han presentado, obras de teatro, documentales y conciertos.

Académico de la Universidad de Guadalajara, Gleason se especializa en la gestión integral de recursos hídricos. Promueve sus inventos e investigaciones, y viaja constantemente al extranjero para actualizarse y compartir sus experiencias.

Como recibe frecuentes consultas de organismos civiles, en junio de 2014 fue incluido entre los expertos de la Asociación Internacional del Agua (IWA, por sus siglas en inglés). A pesar de ello, el gobierno de Aristóteles Sandoval se niega a integrarlo en el consejo del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua.

Por lo pronto, en próximos meses participará en el Congreso Mundial del Agua en Jordania –país con graves problemas de sequía– con una ponencia sobre un proyecto para captar agua de las faldas del Cerro del Cuatro y llevarla al Parque El Deán.

En abril de 2011, cuando él y otros académicos empezaron a hablar en distintos foros de la urgencia de captar el agua de lluvia, el entonces titular de la Comisión Estatal de Agua (CEA), César Coll Carabias, los llamó “soñadores”. El funcionario nunca quiso discutir las posibles soluciones porque desde su punto de vista el único modo de garantizar el agua para la zona metropolitana de Guadalajara es construir la presa El Zapotillo.

Al inicio del actual gobierno de Guadalajara, que encabeza el priista Ramiro Hernández, Gleason presentó una propuesta a los regidores para colocar en el techo de la Presidencia Municipal un sistema de captación de agua pluvial; el proyecto ejecutivo costaba alrededor de 100 mil pesos y la obra cerca de 2 millones. La iniciativa entró a comisiones para su estudio y dictaminación, pero ahí se quedó congelada.

En cambio, se han acercado a él empresarios chinos para llevar su tecnología al mercado latinoamericano, porque en su país está en auge la captación del agua de lluvia. Aunque la autoridad local no lo advierte, recalca, esos sistemas son “negocio para todos: el que diseña, el que instala, el proveedor, el que da mantenimiento; si pudiéramos transitar a esa nueva cultura tenemos negocio”.

Desperdicio

El investigador señala que Guadalajara recibe un promedio anual de 300 mil millones de metros cúbicos de agua pluvial, pero más de la mitad se va al drenaje. Es como derramar unas 300 veces la capacidad del Estadio Jalisco.

Ese volumen es hasta nueve veces mayor que las lluvias en Israel o de Arabia Saudita, pero estos países poseen alta tecnología para aprovechar el líquido que escurre a sus cuencas.

En Guadalajara, “se va al drenaje más de la mitad, entonces estaríamos hablando que de estos 300 mil millones de metros cúbicos, unos 150 mil millones se están desperdiciando. Equivale a lo que le sacamos a Chapala en un año (Chapala está entre 170 y 180 millones de metros cúbicos)… Lamentablemente no hay un buen manejo del ciclo hidrológico y todo se va al caño”.

Para corregir esa situación, dice el académico, el estado requiere de una política pública que le permita captar por lo menos 30 millones de metros cúbicos en zonas residenciales y devolver al subsuelo el doble de esa cantidad a través de pozos de absorción, galerías filtrantes, canales empastados y otras tecnologías.

Gleason indica que entre 100 y 200 metros bajo la zona metropolitana de Guadalajara existe una especie de colchón esponjoso que absorbe el agua, pero sus grandes acuíferos, como el de Tesistán y Toluquilla, han mermado su capacidad de infiltración por el creciente desarrollo urbano. Incluso, comenta que prácticamente desaparecieron cauces superficiales como los del parque Agua Azul, el parque Morelos y la zona centro.

Precisa que aun cuando sobreviven pequeños manantiales, como el de la Unidad Deportiva Tucson y el de las faldas del Cerro del Cuatro, se van directo al drenaje porque las autoridades no saben cómo aprovecharlos:

“No hay un monitoreo de aguas subterráneas que nos permita medir cantidad y calidad, como ocurre en otras ciudades. Es comparable a estarle sacando a tu cuenta del banco o endeudándote a puro tarjetazo sin saber cuál es tu límite.”

De hecho, hace notar que en cada obra que se realiza en Guadalajara brota el agua, pero los constructores de inmediato desecan el lugar en vez de buscar la forma de aprovechar el líquido. Cita el caso del Mercado Corona, donde los constructores bombearon el líquido para colocar los cimientos, así como el descubrimiento de galerías filtrantes que presuntamente datan de hace más de 250 años, en las excavaciones para el túnel de la Línea 3 del Tren Ligero.

De acuerdo con la entrevista que el historiador Fabián Navarro dio a la televisión privada, dichas galerías habrían sido construidas a iniciativa del franciscano fray Pedro Buzeta para abastecer el centro de la ciudad con el agua proveniente del bosque Los Colomos, pero no se sabe cuándo dejaron de funcionar.

En la opinión de Gleason, con el actual ritmo de urbanización aumenta el peligro de que el suelo colapse y haya hundimientos de casas, como sucedió hace 10 años en la colonia Alcalde Barranquitas. En esa ocasión el ayuntamiento de Guadalajara tuvo que recurrir a la inyección de polímeros para evitar que el problema se agravara. Pero si el colapso se produce ahora, aclara el académico, será mayor porque 30% de abastecimiento de la ciudad proviene de fuentes subterráneas, y 60% que aporta el Lago de Chapala cada vez se contamina más, lo que dificulta que la consuma la población.

“Estamos sacando más de lo que dejamos infiltrar, por eso nuestra oposición férrea a las obras de El Bajío, entre muchas otras edificaciones altas que están en boga. Perforan, se mete el agua a los estacionamientos y la bombean”, subraya Gleason.

En su opinión, las instituciones que regulan la urbanización y autorizan las modificaciones al uso de suelo para permitir edificaciones verticales no consideran el agua como un factor normal de la planeación, sino únicamente como un recurso de infraestructura necesario para cubrir los requisitos de las licencias de construcción.

“Nunca toman en cuenta qué impacto tienen las obras en las aguas subterráneas, las consecuencias de utilizar una tubería vieja que está proveyendo a 10 casas y tú pones para 200 o 300… todo eso tiene un impacto en la infraestructura. El SIAPA dice que sí alcanza el agua para más gente, pero todavía no desarrollamos metodologías que nos digan: si mete este edificio va a dejar sin agua a éstos y a éstos.”

Además de hundimientos de casas, Gleason prevé que el servicio de agua se torne más ineficiente, con tandeos prolongados, mayores fugas, inundaciones y malos olores debido a la ruptura de colectores. Todo eso puede ocurrir en una década si la situación no se remedia, advierte.

Para evitarlo, subraya, el gobierno estatal debe modificar sus políticas públicas para transitar a un modelo de gestión del agua que incluya la captación de lluvias.

El ejemplo de Chapalita

Desde su fundación, en 1943, la colonia Chapalita, en el poniente de Guadalajara, es la única que se abastece de agua con los pozos de absorción de la zona y sólo le paga al SIAPA por el uso del drenaje.

Jesús Edgardo Ruvalcaba Sánchez, quien encabeza la Asociación de Colonos, Señala que Chapalita tiene alrededor de 20 pozos de absorción para recargar sus acuíferos y cinco pozos profundos de los que extraen el agua para uso doméstico.

Y aunque admite que los habitantes pagan muy poco por el consumo, resalta que cada año hacen un monitoreo para detectar nuevas fuentes de abastecimiento.

Gleason reconoce que los residentes de Chapalita se adelantaron a su tiempo, pues en los modelos exitosos de la gestión del agua, los gobiernos otorgan a sus ciudadanos el manejo del líquido y los dotan de equipo y asesoría técnica. Así sucede en Alemania, insiste, pero la tendencia en los países latinoamericanos es la centralización.

Y confía: “Alguien de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción me dijo: ‘Déjame decirte qué ha pasado con tu personaje: veíamos que estabas loco, ahora pensamos que no estás tan loco.’ Están viendo que mi propuesta sí funciona y que la crisis va aumentando”.