El sueño de ser mujer en “Made in Bangkok”

Flavio Florencio retrata en el documental Made in Bangkok el principal deseo de la primera mujer transexual que era un cantante de ópera: someterse a una cirugía de cambio de sexo. La sigue desde México hasta Tailandia con su cámara en mano y ofrece “sin morbo” la experiencia que vive Morgana Love “con la finalidad de que la gente se informe más sobre el tema y pare el problema del bullying”.

–¿Cómo inicia la idea de crear este documental? –se le pregunta al realizador, nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1979.

–Cuando vine a México hace catorce años, todos mis amigos me llevaban a ver shows de travestis en el centro del Distrito Federal. En Argentina estos espectáculos están dirigidos sólo a públicos gays y en México observé que no es así. Veía que asistían hasta familias completas a estos lugares, y los niños y las abuelas se sacaban fotos con las travestis Paquitas la del Barrio y Lupitas D’Alessio, en fin. Era muy interesante para mí, pero me preguntaba: ¿Dónde estaban durante el día esas mujeres transexuales? No se ven, no existen, son como invisibles.

“A partir de allí empecé a entrevistarme con chicas durante el día y les manifestaba que deseaba realizar un documental, aun sin saber bien de qué iba. Fueron tres meses de charlar con ellas. Empecé a conocer a qué se dedicaban y a entender la marginación que sufrían y la falta de oportunidades.

“Luego empecé a visitar cantinas de noche, y en una ocasión conocí a Morgana. Cantaba ópera. Me pregunté si era su voz o un disco, pero era su voz. Me pareció maravilloso. Me acerqué a ella y me contó de sus deseos de operarse en Bangkok, la capital de Tailandia. Tenía todo para el filme: ¡una mujer transexual cantante de ópera y viajando a Bangkok para operarse el sexo!, no había manera de decir no.”

A Morgana se le interroga: ¿Por qué aceptó ser seguida por la cámara?

Explica que como ya tenía esa convicción desde siempre, “desde  que yo soy mujer”, su cuerpo “tenía que corresponder”. Llevaba años investigando dónde realizaban las mejores cirugías de reasignación sexual:

“Indagué que era en Tailandia, pero me pregunté: ¿Cómo iba a ir hasta allá?, ¿de dónde iba a sacar todo el dinero? En ese país se anunciaba un concurso de belleza, que es famosísimo, de transexuales, y el premio eran diez mil dólares, me inscribí y me aceptaron. En eso estaba cuando llegó Flavio y en un café le conté todo lo que estaba pasando con mi vida y me dijo: ¿Puedo filmarte? Al principio me asusté porque era una situación muy íntima, pero finalmente acepté porque ya había sufrido mucho por mis papás y por mi exnovio. Me daba muchas vueltas en la cabeza que se sufra tanto por una circunstancia por la que uno no tiene la culpa.

“Pensé que si con este documental se podía dar un poco de información a la gente del tópico para educar algo, era necesario hacerlo. Muchas amigas me platicaban que se operaban, sacabas sus papeles y se iban a otro lugar, a donde nadie las conociera, y ya. Y que yo podría hacer lo mismo. Pero me dije: ¿Y las chicas que ahora están pasando por una situación así?, ¿y las que vienen?, ¿quién va a hablar por ellas? Van a seguir sufriendo lo mismo, los papás van a seguir sufriendo lo mismo… Y eso me convenció de que debía participar en este documental, así fuera difícil. Y sí, fue difícil.”

El largometraje Made in Bangkok, de 80 minutos, se proyectó en la 18 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (Giff, por sus siglas en inglés) y se presenta en el 35 Foro Internacional de Cine organizado por la Cineteca Nacional. En el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (2015) obtuvo el Premio Guerrero de la Prensa y en el Festival de Cine Mexicano de Durango (2015), el galardón del Público.

Flavio Florentino es el director artístico del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de México. Estudió cine documental en Barcelona. Tras participar en algunos proyectos fílmicos se trasladó a México, donde dirigió campañas y comerciales sobre derechos humanos. Fue parte del comité organizador del Festival Internacional de Cine de Zanzíbar, en Tanzania. Esta experiencia lo inspiró para organizar a su regreso a México el primer festival de cine africano en América Latina, Africala, que le valió el reconocimiento internacional y lo trasladó a Venezuela, Chile, Brasil y Argentina. Su primer cortometraje de ficción se titula Y Dios quiso (2010).

Una complicidad

El director se preocupó de que la cámara no fuera invasiva:

“Traté de que Morgana se sintiera parte de la película, ella sabe que está en la cámara, juega con la cámara. En otros proyectos la cámara sólo observa, y aquí no, es una cámara íntima de: estamos juntos.”

A Morgana, quien estudió en el Conservatorio Nacional de Música, se le vuelve a preguntar:

–¿Qué sentía cuando la cámara la captaba?, ¿cambiaba su actitud?, ¿le intimidó, le dio miedo?

–Bueno, todo eso me pasó, me intimidó, me dio miedo y mi actitud cambió. Al principio fue difícil de adaptarme, no estaba acostumbrada a tener una cámara todo el tiempo encima y menos en situaciones tan íntimas, pero finalmente me sacaba adelante que el documental debía verlo la gente.

El realizador complementa en la charla con Proceso:

–Lo que pasó es que iba creciendo la complicidad. Cuando generas confianza en tu protagonista, generas complicidad. Me pasó que se me olvidaba que estaba filmando. Nos integramos todos. Al viajar juntos, se genera una complicidad y mi manera de filmar no es nada purista, no me interesa ir por allí, me interesa que la relación con el director genere el contenido de la película. Es una película muy amorosa, de un tema súper oscuro, sin ser morbo.

–¿Cómo no caer en el morbo?

–Yo no soy morboso, no tengo una fijación por las mujeres transexuales. Mi película no parte de lo que pudo haber sido una obsesión o una fijación. Mi historia es universal, no es sobre la transexualidad. Es la vida de un personaje que tiene un deseo, ser feliz, suena a cliché, pero es lo que todos queremos: ser felices. Morgana quería una operación. Todos queremos algo en la vida, todos tenemos un deseo, y Morgana es un conductor que muestra que se puede luchar por lo que se desea.

“Además, utilizó el humor para no ahuyentar al público, para atraparlos, engancharlos. La cinta está contada en forma de montaña rusa, para que te enamores del personaje. Está hecho para jalar a la gente y sobre todo al joven, para evitar el bullying.”

Producen la cinta Me Río de Janeiro, Foprocine, Cacerola Films, SURFILMS. Los productores son Laura Imperiale, Ignacio Marcelo Vázquez, María del Carmen Rodríguez. Caníbal es la empresa distribuidora.

–¿Cómo es que se involucra Laura Imperiale?

–Le mostré un corte como de cuatro horas para que viera lo que filmé, y le gustó, sintió que con un buen editor se podría lograr una buena película. Me dijo: “Yo me voy a encargar de darte las herramientas para que hagas la mejor película”, y así fue, consiguió a los mejores, la editora Mariana Rodríguez, el sonidista Álvaro Arce Urroz. Logró reunir a gente que cobra fortunas y con esta película no cobraron nada, ni Imperiale cobró. Ella ha creado grandes películas, y a esta le apostó.