La Lucha de los yaquis

El pueblo yaqui es víctima de ese sistema en el que las nociones de “progreso” y “desarrollo” son insuficientes por sí mismas si no se respetan los derechos elementales de la población indígena. Por ejemplo, las presas construidas en Sonora no son para los yaquis, quienes durante mucho tiempo no existieron para las autoridades; hoy, incluso, los jóvenes se alejan de su territorio cada vez más por falta de oportunidades. Eso es lo que Alba Herrera Rivas refleja en el documental Mover un río, que se proyectó en la 18 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

GUANAJUATO, Gto.- La construcción de presas y del Acueducto Independencia en Sonora, paradójicamente, desviaron del territorio de la etnia yaqui las aguas del rio que lleva su nombre, y ese es el asunto dramático del documental Mover un río, que la cineasta Alba Herrera Rivas terminó el pasado 30 de abril.

El filme de 67 minutos surgió cuando la realizadora buscaba un tema para su proyecto documental de tesis de maestría, al concluir sus estudios en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):

“Sabía que quería trabajar sobre el agua. También quería centrarme en un caso específico y de preferencia que fuera un pueblo autónomo, porque he notado que ese tipo de cosmovisiones son más sensibles respecto al medioambiente, a diferencia de las corrientes de pensamiento occidentales. Entonces fui a la UNAM a buscar bibliografía, y mientras ojeaba un libro, escuché al yaqui Fernando Jiménez que estaba siendo entrevistado por un medio. Sus palabras coincidían con las páginas que leía en ese libro y eso me hizo acercarme a él. Ahí entramos en contacto y supe que había encontrado la historia que quería contar. Sobre todo porque los yaquis son una tribu del norte de México y pocos voltean a ver a los norteños.”

Mover un río se proyectó en la 18 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (Giff, sus siglas en inglés), efectuado del 17 al 21 julio en San Miguel Allende y del 22 al 26 del mismo mes en Guanajuato, y se mostrará en Cuernavaca los días 7 y 8 de agosto en el Cine Morelos a las 16:30 y 18 horas, respectivamente.

Para el 27 de agosto se presentará en el Auditorio del Instituto Mora, en Mixcoac, Ciudad de México. También se exhibirá el 4 de septiembre en el Auditorio del CUEC, a las 18 horas; el 10 de septiembre en la Cineteca del Centro Cultural Tamaulipas, en Ciudad Victoria, a las 18 horas; el 17 de septiembre en el Gimnasio de Arte Chiapas, de San Cristóbal de las Casas a las 19 horas, y el 24 de septiembre en el Centro Cultural Misantla 33, colonia Roma, Ciudad de México, a las 18 horas.

La película ofrece testimonios de varios yaquis, entre otros: Olga Alejandra Espinosa, curandera; Fernando Jiménez, soldado; Mario Luna, vocero de ese pueblo; Francisco Molina, pescador, y Manuel Valencia, jornalero.

Intervinieron en la producción Tortuga Azul, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y colaboraron ITTAC Films, EncoreSound, Galaz Studio, Cinema Máquina y Colectivo Rotor.

La cinta, a través de un recorrido, muestra los daños ambientales provocados por el control de las aguas del río más caudaloso del estado de Sonora, el Río Yaqui, así como la lucha pacífica que los yaquis emprenden para conservar su cultura a través de la defensa de su agua y su territorio.

El documental explica que el sistema de presas y el mencionado acueducto se han construido desde la mitad del siglo pasado en Sonora. Y estas obras han desviado el cauce del Río Yaqui y deteriorado la tierra de la etnia, poniendo en riesgo su subsistencia, lengua, cultura y organización propia.

A cuadro la curandera Olga Alejandra Espinosa narra que alivia con medicina natural, “uso el monte como medicina, y si no hay agua, no hay medicina, no se pueden realizar los tés”.

Más de dos años

Herrera Rivas inició el proyecto en agosto del 2012 (cuando conoció a Fernando Jiménez). Tardó en crearlo 2 años y 8 meses:

“El montaje me tomó tiempo porque efectivamente hay muchas voces y muchos microtemas en el documental. Hubo bastantes cosas que quedaron fuera para poder estructurar coherentemente la película. Sin embargo, creo que todo lo que rodamos fue necesario para llegar al resultado final.”

–¿Cuál es su intención con este filme?

–Realizarlo nace de mi interes por abordar la temática de la gobernanza del agua en lugares que puedan reflejar sus consecuencias a mayor escala. En este caso, lo que sucede en Sonora es un tanto extremo por sus condiciones de aridez; sin embargo, las situaciones no son muy distintas de las que se viven en otros centros de población en el país o en el resto del mundo. Y a su vez es un tanto profética para aquellos sitios que empiezan a verse afectados por la construcción y operación de megaproyectos de alto impacto ambiental. Los principios que ha seguido el estado de Sonora para promover el “progreso” y el “desarrollo” han puesto en riesgo la subsistencia de su propia población, tanto de sus grupos originarios como de los mestizos que lo habitan. Me pregunto: ¿Qué somos capaces de hacer por el desarrollo? La manzana de la discordia en Sonora se llama agua.

–¿Fue arduo producir Mover un río y filmarlo en Sonora?

–¡Mucho! Por un lado la distancia; por otro, el clima. No es fácil trabajar con tanto calor, polvo y poca agua. En una ocasión tuve incluso alucinaciones por la deshidratación y el calor. Ahí también descubrí que tenía que proteger el equipo con trapos, porque en una ocasión una parte de uno de mis lentes empezó a derretirse. Además el presupuesto fue siempre muy limitado, pero las ganas de sacarlo adelante hicieron que se abrieran muchas puertas. Pudimos terminar este proyecto gracias a la buena voluntad de muchas personas, sobre todo de los yaquis que nos hospedaron, alimentaron y transportaron dentro de su territorio. Pero también gracias a que tuve el apoyo para la investigación por parte de la Unidad de Posgrado de la UNAM.

“Ya filmado hubo una larga pausa en la que me dediqué a conseguir los fondos para terminarlo, y afortunadamente obtuve el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos Culturales del Fonca, además de que todos los que participaron en la postproducción se portaron muy accesibles porque simpatizaban con el tema.”

–¿Qué opina del proceder del gobierno ante el acueducto?

–No se puede hablar de un solo gobierno en este caso. Considero que el gobierno de Sonora se ha mostrado poco sensible con respecto al tema. De entrada antes de iniciar el Acueducto Independencia se hicieron declaraciones en las que no se reconocía a los yaquis como tribu,  para ellos no existían. ¿Cómo podríamos esperar que respetaran sus derechos si para ellos no existían? El otro gran tema es la interacción entre los poderes de gobierno, principalmente el Judicial y el Ejecutivo federales. Las cosas se complican cuando uno espera que el otro actúe. El Poder Judicial en sus resoluciones delega al Ejecutivo Federal a tomar una decisión fundada y estudiada, y cuando se le muestran las evidencias las ignora y prefiere que le dicten qué hacer. Ahí es donde suceden los enredos, que sumados a la falta de voluntad política, dan como resultado la situación actual.

–¿Qué piensa de que puede desaparecer la tribu yaqui con el Acueducto Independencia?

–Espero que no suceda. Hay un conocimiento profundo del ser y del entorno que poseen y sería muy valioso que lo conociéramos o que lo compartieran. Si nos acercáramos más a ellos como a otros pueblos originarios, creo que podríamos crecer bastante como sociedad. Sí creo que las condiciones del acceso al agua han relegado mucho a los yaquis y aunque aún tienen una cultura fuerte, los más jóvenes se alejan de su territorio cada vez más, justamente por la falta de oportunidades, esto es en parte una de las consecuencias de tener un limitado acceso a servicios básicos como el agua.

–¿Qué opina de que a pesar de que el Río Yaqui lleva tanta agua, los yaquis no cuentan con agua potable y drenaje?

–Es terrible. Eso es parte de una política pública que se ha arrastrado desde hace muchos años en la que los pueblos originarios han sido marginados.

En el documental se evidencia que mientras el agua no llega a varios barrios, el Movimiento Ciudadano por el Agua detectó 288 tomas de agua clandestinas a lo largo del Acueducto Independencia con destino a rancherías privadas.

–Exhibe comerciales televisivos de unas residencias muy caras con campo de golf y lago…

–La finalidad de esos comerciales es vender, sin importar las consecuencias que puedan tener este tipo de proyectos en un ecosistema desértico.

Alba Herrera cuenta que los yaquis fueron los primeros en ver Mover un río. Ahora, manifiesta, hace falta trabajar en la distribución de este filme que, sin embargo, se ha proyectado en Bogotá, Colombia,  y en varias sedes en Chile.