Pérez Rayón: La arquitectura como satisfactor social

Creador de la Unidad Profesional “Adolfo López Mateos” del Instituto Politécnico Nacional (IPN), el arquitecto Reinaldo Pérez Rayón se siente satisfecho a sus 97 años de vida, y más de 70 de trayectoria, por haber tenido “la enorme fortuna” de realizar obras con funcionalidad, economía, y aprovechando el avance e internacionalización de la tecnología.

Discípulo de Juan O’Gorman, Enrique Yáñez, Juan Legarreta y Hannes Meyer, “puntales indiscutibles de la arquitectura social y el urbanismo moderno en México”, es egresado de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) del Politécnico fundado por Lázaro Cárdenas.

Actualmente y hasta el próximo 31 de julio, se expone una muestra suya en el Centro Cultural Jaime Torres Bodet del IPN en Zacatenco, Reinaldo Pérez Rayón. Ideas y Obras, con la cual se le rinde homenaje al también constructor del Planetario “Luis Enrique Erro” y el Centro de Investgación y Estudios Avanzados (Cinvestav).

En su casa de estilo funcionalista, ubicada en Tecamachalco, el arquitecto, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y Medalla Bellas Artes 2014, cuenta en entrevista que toda su vida se dedicó a la arquitectura, aunque tuvo ofertas para ser subsecretario de Educación Técnica en la Secretaría de Educación Pública, o en la iniciativa privada con el ingeniero Alejo Peralta.

“Desde el restirador dije: Esto es lo que voy a hacer toda mi vida. Y lo he logrado… Solamente hay dos momentos en los cuales me dediqué a otras cosas que no eran arquitectura: Ser miembro de la Junta Directiva de la Universidad Autónoma Metropolitana por siete años, y también del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia. Fue enriquecedor.”

Decidió estudiar arquitectura casi de manera fortuita pues vivía cerca de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), en las calles de Allende, en el Centro Histórico, y se imaginaba como ingeniero con “algunas grandes esferas produciendo rayos eléctricos”.

Fue a apuntarse pero ya estaban cerradas las inscripciones, así que le recomendaron registrarse en la Escuela Superior de Construcción (hoy ESIA), cursar el propedéutico y al año siguiente cambiarse a la ESIME. Se inscribió entonces pero terminó interesado en la construcción, por el ambiente escolar, las materias, los maestros.

Se considera privilegiado al haber asistido a la segunda escuela de arquitectura del país, “pero de arquitectura moderna”, acorde al concepto de Eugéne Emmanuel Viollet-le-Duc, quien predijo que vendría “una arquitectura nueva, para el hombre nuevo, con la tecnología actual”.

Efectivamente, dice, a finales del siglo XIX surgió esa arquitectura distinta de aquella que “privilegiaba las obras faraónicas de los poderosos, los templos, los palacios que admirábamos por su grandiosidad y magnificencia”.

Poco se conocía de la arquitectura del pueblo pues por su pobreza siempre ha sido más vulnerable a terremotos e incendios, y no había vestigios.

Renacentista

La nueva arquitectura, subraya, se concibió “para el hombre común, el devenido del Renacimiento que consideraba al hombre por su propio valor de ser humano, independientemente de sus condiciones políticas, sociales, etcétera. Eso planteaba la arquitectura: un cambio, ahora tendría que ser fundamentalmente económica porque enfrentaba un cúmulo de necesidades sin satisfacer.”

–¿No cree que la arquitectura funcionalista, económica y social no logró desarrollarse del todo en cuanto a la atención a las clases populares?

–Bueno, a partir de su surgimiento, la arquitectura moderna ha iniciado un proceso de pérdida de esos principios. Los edificios de ahora han cambiado la magnificencia y majestuosidad por la espectacularidad: El edifico más alto o las estructuras más audaces, en contra del principio de la arquitectura moderna que busca la satisfacción de necesidades sociales y sobre todo la economía. Ahora prevalecen los intereses de las grandes empresas que quieren significarse por tener el edificio más alto del mundo.

A decir suyo “la arquitectura debe ser un satisfactor social”, cumplir con quienes necesitan de habitaciones. Dice que en México la gente aún no vive en las calles como en Calcuta por la solidaridad de la gente, pues muchos viven con sus padres, abuelos, tíos y eso provoca conflictos, molestia, irritabilidad. Dice entonces que cada quien debería tener su propia casa:

“La política de la arquitectura es ser un servicio social para quienes la requieren, para los que la necesitan, no únicamente para los que la pueden pagar. Esa es mi tesis.”

–Sin embargo no se ven firmas de arquitectos en casas de interés social, los conocidos se dedican –como usted dice– a los grandes edificios de los corporativos o las oficinas públicas.

–Ahí tiene usted por ejemplo a Santiago Calatrava, que hace unas estructuras extraordinarias por su capacidad, pero costosas, innecesarias, espectaculares solamente, cuando la meta podría ser buscar la mayor economía que ha sido la meta tradicional de la arquitectura de todos los tiempos, buscar los mayores espacios con los menores materiales y con el menor esfuerzo.

Pone como ejemplo de este tipo de obra la cúpula de Agripa en el Panteón de Roma, “un alarde de tecnología porque con el menor material se cubrió una gran superficie abovedada, con sucesivos anillos en el vacío apoyándose unos con otros y sin necesidad de cimbra de madera”.

Contento con el reconocimiento que recibe del IPN con esta exposición, el arquitecto Pérez Rayón afirma que la arquitectura “ya no es la obra genial de un arquitecto que se la imagina como si fuera una escultura”, sino un trabajo interdisciplinario en el cual el arquitecto es el coordinador de un equipo, por ello “siempre que tengo un reconocimiento, lo recibo en nombre de mi equipo de trabajo”.

La exposición, curada por Antonio Cruz González, reúne planos, maquetas e imágenes fotográficas. La entrada es libre.