Contacto en Cartagena

Bogotá.- El sábado 29 de junio de 2002, “un día luminoso y tórrido de verano caribeño”, el expresidente de Estados Unidos, William Clinton, y el entonces canciller cubano Felipe Pérez Roque, tuvieron una reunión secreta en el balneario colombiano de Cartagena para tratar el tema que ha marcado la relación de Washington con la isla los últimos 53 años: el embargo económico y comercial.

El gestor del encuentro fue el entonces presidente de Colombia, Andrés Pastrana, quien recuerda el episodio en su libro Memorias olvidadas (2013), donde relata que por encargo del entonces gobernante cubano Fidel Castro, Pérez Roque le pidió a Clinton “ser una suerte de interlocutor informal y de buena voluntad entre Cuba y el gobierno de Estados Unidos para la eventual búsqueda de soluciones a las viejas y hondas diferencias entre los dos países”.

Clinton, quien como presidente de Estados Unidos (1993-2001) mantuvo discretos contactos con Fidel Castro a través de terceros, expresó incluso su disposición a visitar la isla para hablar personalmente del tema con el líder cubano, aunque Pastrana no aclara si esos planes se concretaron.

De acuerdo con el exmandatario colombiano, el encuentro en un salón de la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena “fue marcadamente amistoso y el expresidente (Clinton) estaba en verdad satisfecho de compartir con el (canciller) cubano”.

Pastrana recuerda que Clinton mostró gran conocimiento de Cuba y su historia “y no lo tomó por sorpresa el tema que más inquietaba a Pérez Roque y, por consiguiente, a Fidel Castro: el embargo”.

Clinton, agrega Pastrana en Memorias olvidadas, se refirió de manera extensa al embargo económico y comercial que impuso Estados Unidos a la isla en 1962.

“Reveló que en la primera parte de su segundo gobierno (1997-2001) tuvo la intención de encontrar la manera de levantarlo, para lo cual conversó con líderes del exilio radicados en Estados Unidos, de quienes escuchó sus inalterables y enfáticos argumentos para mantener bloqueada a la isla”, dice el capítulo IX, titulado “Reunión secreta de Clinton con Cuba”.

Clinton le dijo a Pérez Roque que pese a esa oposición, “mantuvo la voluntad de echar a andar un proceso con el fin de rehabilitar algún día las relaciones bilaterales”.

Sin embargo, “todo se echó a perder, explicó, pues cuando esto parecía progresar, la Fuerza Aérea Cubana derribó, en 1996, dos avionetas civiles del grupo de exiliados anticastristas Hermanos al Rescate y mató a sus cuatro ocupantes. Esta acción avivó el repudio nacional al régimen comunista y sepultó las esperanzas reales de mitigar el trato de Estados Unidos a la isla”.

Tras repasar esos episodios ocurridos durante su presidencia, Clinton fue invitado por Pérez Roque a visitar Cuba. “El expresidente le respondió con entusiasmo que tenía la ilusión de lograr una tertulia con Fidel y (el escritor colombiano Gabriel) García Márquez, de quien no evita oportunidad para expresar su admiración”, señala Pastrana.

Altibajos

Como presidente de Estados Unidos, Clinton enfrentó dos grandes crisis diplomáticas con Cuba en las cuales, en medio de las diferencias, mostró disposición a buscar acuerdos.

En el verano de 1994 hubo un éxodo masivo de cubanos en lanchas artesanales hacia las costas de Florida. Estados Unidos asumió como un acto hostil la tolerancia del régimen cubano a esa desordenada emigración. Castro, incluso, retó a Clinton a aceptar recibir a todos los cubanos que quisieran salir de la isla.

El diferendo migratorio fue zanjado con la contribución de los buenos oficios de García Márquez, cuya obra literaria es admirada por Clinton, y del entonces presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari.

En agosto de 1994, el escritor colombiano, en coordinación con Salinas de Gortari, llevó personalmente al gobernante de Estados Unidos una propuesta privada de Castro para resolver la crisis de los balseros.

La llamada “crisis de los balseros”, en la cual más de 30 mil cubanos salieron de la isla en embarcaciones caseras, concluyó con un acuerdo migratorio firmado el 9 de septiembre de 1994 en el que Estados Unidos se comprometió a conceder un mínimo de 20 mil visas anuales a isleños para emigrar a ese país.

La otra crisis con Cuba, que debió sortear Clinton como presidente, fue la del derribo de dos aviones de Hermanos al Rescate, en febrero de 1996. Las aeronaves, que sobrevolaron La Habana para arrojar pancartas y folletos de propaganda anticastrista, fueron destruidas en el aire por la aviación cubana y sus cuatro ocupantes perdieron la vida.

Un mes después de ese hecho, Clinton firmó la Ley Helms-Burton, que reforzó el embargo contra Cuba.

A pesar del endurecimiento de sanciones, Clinton y Castro –quien cedió el poder a su hermano Raúl en 2006 en medio de una grave enfermedad intestinal– mantuvieron contactos a través de emisarios.

En 1998, por ejemplo, García Márquez volvió a servir como conducto cuando llevó a Clinton un mensaje de Castro alertando de una amenaza terrorista contra Estados Unidos en la que un grupo –al parecer de radicales del exilio en Miami– pretendía utilizar una aeronave cubana.

Cartagena

Al reunirse con Pérez Roque en Cartagena, Clinton había sido sucedido en la Casa Blanca por George W. Bush, mientras Pastrana, el gestor del encuentro, estaba a dos meses de concluir su mandato, que se prolongó de agosto de 1998 a agosto de 2002.

Pastrana relata que organizó el encuentro entre el expresidente de Estados Unidos y el canciller cubano a solicitud de Castro. En las gestiones también participaron García Márquez y el embajador de Colombia en Cuba en esa época, Julio Londoño, quienes meses antes preguntaron a Clinton en Nueva York si estaría dispuesto a reunirse en algún momento con un delegado de Castro. Él respondió que sí.

Para propiciar la reunión y garantizar que fuera secreta, Pastrana organizó dos reuniones simultáneas en Cartagena que, en apariencia, no tenían ninguna relación entre sí.

Una era con empresarios de todo el mundo, en la cual Clinton sería el orador principal, en el Centro de Convenciones de la ciudad. La otra, en el Hotel Santa Clara, congregaría al comisionado colombiano de Paz, Camilo Gómez, y a una delegación cubana presidida por Pérez Roque, que buscaba intermediar en un diálogo entre el gobierno de Pastrana y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional.

En la última semana de junio de 2002, Cartagena se convirtió en escenario del encuentro empresarial y de la reunión sobre los diálogos de paz.

De acuerdo con Pastrana, el diálogo Pérez Roque-Clinton “sirvió para que cada uno de los dos conociera de primera mano los criterios y el interés mutuo que siempre ha existido”.

La cita tuvo un traductor de alto perfil: el actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y entonces embajador de Colombia en Washington, Luis Alberto Moreno. Esto, porque ni Pérez Roque habla inglés ni Clinton español.

El exmandatario colombiano recuerda que ambos se despidieron de manera amistosa al concluir el diálogo.