Una interlocución informal… e infructuosa

En el arranque del gobierno de Vicente Fox, el entonces secretario de Relaciones Exteriores Jorge Castañeda pidió a su medio hermano, el embajador Andrés Rozental, realizar dos misiones diplomáticas “informales y discretas”: mediar entre el gobierno colombiano y las FARC, y establecer un canal de comunicación no oficial entre las autoridades cubanas y la Cancillería mexicana para que pudieran intercambiar mensajes. La interlocución de Rozental funcionó aun en medio de la crisis diplomática que ambos países enfrentaron en los primeros meses de 2002…hasta que quedó rebasada por el enojo de Fidel Castro.

En marzo de 2002, en medio de la peor crisis diplomática entre México y Cuba, el embajador Andrés Rozental fungió como intermediario informal de los gobiernos de ambos países para transmitir posiciones y mensajes.

Ello, pese a que Rozental es medio hermano de Jorge Castañeda, entonces canciller de México y a quien el régimen de la isla señaló como el “culpable” del deterioro de la relación bilateral.

Rozental desempeñó esa tarea junto con otra igualmente informal y discreta: mediar entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para destrabar temas que entonces se discutían en la llamada mesa de negociación del Caguán, cuyo propósito era lograr un acuerdo de paz en el país sudamericano.

Rozental dice que aceptó los encargos de intermediación porque se lo pidió su medio hermano, pues para esas fechas ya se había retirado del servicio exterior. Había sido embajador de México en Suecia (1983-1988) y en el Reino Unido (1995-1997), y subsecretario de Relaciones Exteriores (1988-1994), entre otros cargos.

En entrevista con Proceso, Rozental comenta que fue desde el segundo semestre de 2000 cuando su medio hermano le pidió ser interlocutor informal de los cubanos.

Entonces Castañeda era responsable de la política exterior del equipo de transición del presidente electo Vicente Fox. “Jorge ya sabía que éste lo iba a nombrar canciller y ya preveía que la relación con los cubanos no iba a ser fácil y él no quería tener una relación directa con ellos. Por eso me lo propuso”, comenta. “La idea era establecer un canal informal de comunicación entre ellos y el futuro canciller mexicano”.

Recuerda que en esas fechas “la relación personal de Jorge con el liderazgo cubano era mala”, sobre todo a partir de que Castañeda publicó La vida en rojo, biografía crítica sobre uno de los iconos de la revolución: el Che Guevara. Desde entonces “existía en Cuba un hostigamiento contra Jorge y él respondía, escribía y atacaba. Se volvió detractor del régimen cubano”, comenta el embajador.

Mensajes de La Habana

Para cumplir su encomienda, Rozental estableció comunicación con el entonces embajador de Cuba en México, Jorge Bolaños, y con dos importantes funcionarios del régimen de La Habana que ya conocía: José Arbezú, jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; y Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento, excanciller y hombre cercano a Fidel Castro.

“A Ricardo (Alarcón) lo conocía de cuando era representante de su país en Naciones Unidas. Coincidíamos en Nueva York”, comenta.

Durante 2001 y el primer semestre de 2002 Rozental tuvo varios encuentros con Bolaños. “En mis reuniones con él siempre fue muy gentil y tranquilo. Me preguntaba por qué esa saña de Jorge contra Fidel y contra Cuba; qué le habían hecho los cubanos a él, si siempre lo habían tratado bien”, recuerda.

Al mismo tiempo, el embajador mexicano organizó reuniones en su casa, a las cuales asistieron funcionarios cubanos que venían de visita a México, entre ellos Arbezú y Alarcón.

Para marzo de 2002 la tensión entre los dos gobiernos era palpable. Varios hechos la habían alimentado: en enero Fidel Castro invitó a la isla a decenas de legisladores mexicanos de oposición. Con ellos cabildeó que el Congreso mexicano aprobara un punto de acuerdo para inhibir el voto de México en favor de una resolución sobre Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que anualmente sesionaba en Ginebra.

En febrero Fox hizo una accidentada visita a La Habana en la cual se reunió con disidentes. Ese mismo mes, un grupo de ciudadanos cubanos tomó por asalto la embajada de México en La Habana. Y el 21 de marzo, Fidel Castro se retiró abruptamente de la Cumbre de Financiación para el Desarrollo que se celebraba en Monterrey, con el argumento de que así lo había solicitado un funcionario del gobierno mexicano, “muy autorizado”.

Según Rozental, los “mensajes” y “reclamos” que los cubanos transmitían a través suyo al gobierno de México se hicieron cada vez más duros.

“Me decían que la actitud de México en materia de derechos humanos era un acto inamistoso hacia Cuba. Señalaban que entendían muy bien que el gobierno de Fox, emanado de la oposición, reivindicara este tema en lo interno, pero no entendían cómo hacia el exterior éste se podría traducir en un cambio de voto en Ginebra (de abstención a un voto a favor de una resolución sobre Cuba)”, explica Rozental.

–¿Usted qué les decía?

–Les transmitía el mensaje del gobierno de México. Les explicaba que un eventual cambio del voto de México en Ginebra no debería ser interpretado más que como un fiel reflejo del cambio de política interna en materia de derechos humanos. Es decir, si la política interna iba a ser, como lo fue, abrirse al escrutinio internacional en el tema de derechos humanos, tenía que ser congruente con una política exterior que pudiera criticar también a aquellos países que estuvieran alejados o no apegados a las normas internacionales en esta materia.

“Además –señala– yo trataba de convencerlos de que no deberían prestarle tanta atención al voto de México en Ginebra, pues la postura de México era universal, no dirigida hacia los cubanos… Pero no. Para ellos el voto en Ginebra y el que se emitía en Nueva York contra el embargo económico, eran de suma importancia y volcaban toda su diplomacia en ganarlos.”

Rozental ubica al escritor Gabriel García Márquez como uno de los “interlocutores” que enviaban “mensajes” y “reclamos” al gobierno de Fox. Recuerda que Gabo y Castañeda “habían sido cercanos”. La relación entre ambos “se rompe hasta cierto punto” debido al incidente de la Cumbre de Monterrey. “Yo lo iba a ver a su casa en el Pedregal y el Gabo me pasaba unos mensajes para Jorge”.

–¿Qué mensajes?

–Pues exactamente lo mismo: que había que cesar esa hostilidad hacia Cuba; el bla-bla-bla de siempre.

–¿El tema era el cambio del voto de México en Ginebra?

–Sí, y el cambio de actitud de México (hacia la isla) y por el hecho de que Jorge ya estaba manejando en sus discursos el tema de los derechos humanos en Cuba…

En marzo de 2002, en medio de la crisis diplomática, Arbezú invitó a Rozental a Cuba. Programó para él una reunión en La Habana con funcionarios de la Cancillería y del Comité Central del Partido Comunista.

El embajador la asumió como una misión diplomática, pero la disfrazó de viaje turístico. Para ello se hizo acompañar de su esposa e hija. En dicha reunión explicó los ejes de la nueva política exterior de México y su posición respecto de Cuba. Lo escucharon respetuosamente. Luego, aprovechó para tener un encuentro con Alarcón, el presidente del Parlamento cubano. En dicha reunión intentó “atemperar los ánimos entre los cubanos, Castañeda y el presidente Fox, quien para esas fechas ya había endurecido su posición hacia las autoridades de la isla”.

Tras sus reuniones en La Habana, Rozental viajó a Varadero. El gobierno había dispuesto para él y su familia una casa de protocolo que, por cierto, estaba junto a la que en esos días habitaba el comandante nicaragüense Tomás Borge.

En Varadero lo sorprendió el editorial que publicó el diario Granma el 26 de marzo de ese año. El texto acusaba directamente a su hermano de ser el culpable del escándalo de la Cumbre de Monterrey y lanzaba la advertencia: “Cuba posee pruebas irrebatibles de todo lo ocurrido, que barrerían cualquier duda. Ha preferido abstenerse de usarlas porque no desea perjudicar a México”.

Y terminaba en tono amenazante: “No pedimos otra cosa que el cese de las provocaciones, insultos, mentiras y macabros planes del señor Castañeda contra Cuba. De lo contrario, no quedará otra alternativa que divulgar lo que no hemos querido divulgar y hacer polvo sus falsos y cínicos pronunciamientos, cueste lo que cueste. ¡No lo dude nadie!”

En los hechos, el gobierno cubano advertía con ese editorial que divulgaría la grabación en la cual Fox le pide a Castro que se retire con anticipación de la Cumbre de Monterrey, incidente que derivó en la frase “comes y te vas”. Tal advertencia la hacía en vísperas de que México emitiera su voto en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, lo que Fox y Castañeda interpretaron como un intento de chantaje de Fidel.

Ese mismo día la televisión cubana transmitió el programa Mesa Redonda, en el cual el entonces canciller cubano Felipe Pérez Roque arremetió contra Castañeda. Lo tildó de “cínico” y “mentiroso”.

Rozental comenta que pronto entendió que su misión no tenía sentido. La buena voluntad que había encontrado en los funcionarios cubanos quedaba rebasada por la furia de Fidel Castro.

“Estaba en la casa de protocolo de Varadero. Había leído ya el editorial del Granma y estaba viendo por televisión el programa Mesa Redonda. Pensé: ‘¿Qué hago aquí? Mejor me regreso pronto a México’… Concluí que hasta ahí había llegado mi intermediación”, recuerda.

Viajes al Caguán

De manera paralela Rozental mediaba en el conflicto entre el gobierno colombiano y las FARC. Señala que dicha labor fue a solicitud de parte: cuando el entonces presidente Andrés Pastrana vino a la toma de posesión de Fox, en diciembre de 2000, le pidió a éste que México se involucrara directamente en las negociaciones entre su gobierno y la guerrilla, que se llevaban a cabo en el municipio de San Vicente del Caguán.

En esas fechas, las negociaciones –iniciadas en 1998– estaban estancadas y diversos problemas amenazaban con descarrilarlas:

Las FARC habían anunciado la “congelación indefinida” de las negociaciones hasta que el gobierno no mostrara resultados en la lucha contra los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); sectores sociales y la cúpula militar expresaban su oposición creciente a la zona de distensión –área de 42 mil kilómetros cuadrados en los departamentos de Meta y Caquetá–que el gobierno había concedido a las FARC sin un cese al fuego generalizado; y había un rechazo general al incremento de los atentados contra la infraestructura del país, así como al aumento de los secuestros y asesinatos.

“Fox aceptó que México se reinvolucrara en una mediación. Le encarga el asunto a Castañeda y éste me lo encarga a mí. Fui nombrado ‘embajador en misión especial’ y ‘representante personal del presidente de México’ para atender ese conflicto”, dice Rozental.

Sin embargo, el embajador no se integró al grupo de enviados de los países amigos y facilitadores que públicamente acompañaron las negociaciones –entre ellos Cuba, España, Noruega, Suiza y la Iglesia católica– y que actuaban coordinados por las Naciones Unidas… Su mediación no fue pública, sino discreta e informal. Cuenta que estuvo en siete ocasiones en Colombia realizando esas labores durante 2001 y hasta que terminó el gobierno de Pastrana (agosto de 2002).

“Volaba a Bogotá en un vuelo comercial. Me reunía con el presidente Pastrana o con su canciller (Guillermo Fernández de Soto) o con el comisionado de Paz (Camilo Gómez) o con los tres. Me decían que había tal punto en las negociaciones que estaba causando problemas y hacían propuestas para resolverlo.

“Luego yo abordaba un avión de las fuerzas armadas colombianas que me llevaba a una base militar. Ahí me recogían los de las FARC y me llevaban a sus campamentos en la zona del Caguán, donde me reunía con Manuel Marulanda, alias Tiro Fijo (líder histórico de las FARC) y con Raúl Reyes (el “canciller” de la organización). Les planteaba las propuestas del gobierno, las analizaban y contestaban. Dichas respuestas las llevaba de regreso al gobierno colombiano”, explica.

Rozental muestra al reportero una fotografía que tiene enmarcada en su oficina. Aparece él, sonriente, junto a Marulanda y Reyes. Éste último, con uniforme militar. “Fue tomada en El Caguán”, comenta el embajador.

–¿Qué propuestas y mensajes llevaba del gobierno a la guerrilla y viceversa?

–Los temas de la negociación eran parecidos a los que actualmente negocia el gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC. Pero entonces había varios puntos que preocupaban más. Uno de ellos: la situación de terrorismo y violencia de la guerrilla. El gobierno quería lograr un cese de hostilidades y proponía avanzar con medidas concretas: que las FARC no involucraran a menores de edad en acciones bélicas, que ya no instalara bombas y minas en las carreteras y una disminución real de los secuestros, por ejemplo.

Sin entrar en detalles, Rozental cuenta otros dos de los temas que le tocó llevar y traer de Bogotá al Caguán y viceversa. El primero: el relativo a la eventual incorporación de los miembros de las FARC a la vida política del país. “Para los dirigentes de la guerrilla ello implicaba tomar una decisión: eliminar de su ideología y de su estrategia la caída del gobierno colombiano”, comenta. Y el segundo: la solicitud directa de las FARC al gobierno de que “desbandara” a los paramilitares de las AUC y enjuiciara a sus dirigentes.

Igualmente cuenta que Pastrana y Fernández de Soto le pidieron que trajera al gobierno de Fox una solicitud: el cierre de la oficina que las FARC mantenían en México, la cual era dirigida por Marcos Calarcá y Liliana López Palacios, Olga Marín, hija de Marulanda.

“El gobierno colombiano sintió que la guerrilla aprovechaba la oficina que tenía en México para lavar recursos financieros en el país y pidió expresamente al gobierno de Fox que la cerrara”, dice.

–¿Tuvo alguna repercusión el cierre de la oficina de las FARC en la intermediación que usted realizaba?

–Curiosamente no. Las FARC tenían oficinas en otros lados. El gobierno de Pastrana le facilitó a una parte de la comandancia de las FARC viajar a Europa para que explicara sus temas.

–¿Y sirvió la mediación de México?

–Sí, ayudó en un proceso que, al final, fracasó pero por otras razones. Terminó el gobierno de Pastrana sin realmente haber logrado ningún avance en los temas fundamentales. Luego llegó Álvaro Uribe a la presidencia, quitó la zona de distensión de El Caguán, destruyó todo el proceso de negociación y empezó una persecución militar contra los guerrilleros…