En el Foro de la Cineteca

Después de sufrir una hemorragia cerebral que le dejó paralizado medio cuerpo, la realizadora Catherine Breillat contrató a un estafador para escribir un guión de cine sobre su vida como estafador y amante profesional. Pero como el destino del alacrán es picar y el de la ranita ser picada, la cineasta acabó defraudada y explotada. Del costoso y doloroso lance salieron dos entidades, un libro y una película autobiográfica que juega a no serlo. El señor Rocantour, acusado de abusar de una mujer desvalida, acabó en la cárcel.

Una relación perversa (Abus de confiance; Francia, 2013) cuenta, sin sentimentalismo, cómo Maud (Isabelle Huppert), hemipléjica directora de cine, cae en manos de un timador, y describe la relación de poder entre ambos, una pesadilla de la que no puede despertar. Claro que caer en manos es un decir porque Maud se pone ahí cuando ve una entrevista en la tele con Vilko (Kool Shen), un tipo que se jacta de haber defraudo a varias celebridades de Hollywood.

El trabajo de Catherine Breillat, desde el arranque (Una joven de verdad, 1976), es un laboratorio donde el cuerpo es la materia prima con la que se experimenta; sexualidad y emociones, los flujos que reaccionan a las relaciones de poder; prejuicios culturales y política, los vectores que intentan dirigirlos. Sus personajes femeninos, derivados vagamente de experiencias personales, exploran y trastocan los roles sexuales; el hombre es un objeto a la disposición de la fantasía femenina.

En su momento, las imágenes de sexo explícito a las que recurría Breillat provocaron escándalo y censura, el cine actual ha ido mucho más lejos, para mal y para bien, y sus películas no tienen mucho que decir actualmente. Una relación perversa, sin embargo, abre un horizonte creativo donde el academicismo de la directora se sujeta al drama de una mujer fuerte e inteligente, a merced de un tipo que la empuja al pantano. El cuerpo lastimado, laboratorio de emociones oscuras, carnada para el depredador, se vuelve un campo de maniobras extrañas; Maud se asocia a ese cuerpo para exigir respeto y luego lo fustiga porque está medio muerto y no se presta al placer; Vilko sostiene el cuerpo desarticulado de la mujer y se aprovecha de ella por su invalidez.

El título en español orienta la lectura hacia el juego perverso, asumido, en el fondo, por ambas partes. Exaspera la ceguera de Maud, firmando cheques para el truhán, a sabiendas; pero Breillat y la actuación de Isabelle Huppert sólo reconocen el tema del abuso. En Una relación perversa, el lugar de la interpretación de móviles inconscientes, tales como el masoquismo y la culpa, queda a cargo del espectador. Vilko, el estafador profesional, ocupa el rol que tuvo Rocco, el actor porno que la realizadora de Romance utilizó en un par de películas y al que llevó a estado de crisis cuando lo confrontó con sus emociones.

En una espectacular secuencia del principio, cuando Maud sale lisiada del hospital, aparece en un pasillo la realizadora interpretando a una enferma aquejada del mismo mal. El cruce de miradas entre Isabelle Huppert y Catherine Breillat opera una suerte de conjuro donde la ficción se traga a la realidad.