“West Side Story”

Como Amor sin barreras se le conoció en América Latina a la comedia musical West Side Story (1957), con música de Leonard Bernstein (1918-1990), guión de Arthur Laurents, letras de las canciones de Stephen Sondheim,­ coreografía de Jerome­ Robbins y escenografía de Oliver Smith.

Se trata de una adaptación de Romeo y Julieta de Shakespeare. Tuvo tal éxito en Brodway y en Londres que en 1961 la obra fue llevada al cine, producida por la United Artist y protagonizada por la súper taquillera actriz de origen ruso Natalie Wood. El resultado fue uno de los éxitos de taquilla y de crítica más grandes de la década. A Elvis Presley le ofrecieron el protagónico masculino, pero su representante lo disuadió; luego de ver que la película había ganado 10 Óscar, seguramente se arrepintió.

Cincuenta años después de su estreno, en 2011, la MGM presentó un innovador formato conmemorativo: una copia restaurada en alta definición con un recurso que suprime el sonido orquestal y sólo se dejan las voces habladas y cantadas, así como los efectos sonoros. Este recurso lo llevó a cabo Audionamix, de París, con la finalidad de permitir a una orquesta en vivo acompañar a las voces del filme con la espléndida partitura de Leonard Bernstein.

Garth Edwin Sunderland, editor musical senior de The Leonard Bernstein Office, adaptó la partitura sinfónica original de la película para su ejecución en vivo. La orquestación, por cierto, no es del autor, que por sus muchas ocupaciones tuvo que encargarla a Sid Ramin e Iewin Kostal.

En días pasados se presentó en el Auditorio Nacional la proyección completa, restaurada, de West Side Story en pantalla gigante de alta definición y con la Orquesta de las Américas en vivo, excelentemente sonorizada por Humberto Terán y dirigida por Alondra de la Parra. El resultado sonoro fue estupendo; una orquesta formada para la ocasión con músicos excelentes todos, escogidos entre las mejores orquestas mexicanas.

Este espectáculo se ha presentado desde 2011 en diversos teatros del mundo. Para asegurarse la correcta sincronización entre voces grabadas y orquesta, David Newman creó varios sistemas: El director y los músicos escuchan a través de audífonos una pista de metrónomo, la cual va dando el tempo de la música; además, el director cuenta con un monitor junto a su atril que, con una serie de indicaciones en colores, le señala dónde inician y terminan las frases musicales, cuándo hay que disminuir la velocidad o acelerarla, etcétera. Seguidos fielmente estos parámetros, la sincronización debe ser exitosa.

En el programa de mano se afirma que la voz cantada del personaje de María es la de la propia actriz Natalie Wood; nada más inexacto. Aunque ella cantaba más que bien, los productores del filme requirieron de una voz sensacional y le encargaron a la cantante Marni Nixon (1930) doblársela, y en algunos pasajes escabrosos la de Rita Moreno (Anita). Nixon cantó también en cintas como Breakfast at Tiffany’s, El Rey y yo, Mulán y muchas otras. Le llamaban La voz de Hollywood.

El espectáculo pecó de largo, más de tres horas, mucha gente se fue antes de que terminara. El Auditorio se ha vuelto inaccesible, en especial en una tarde como esa, con tráfico, lluvia, embotellamientos, y sin espacio para albergar más que 800 autos (el cupo del recinto es para 10 mil personas). Es imperativo que se vuelva a abrir el estacionamiento contiguo que ya lleva muchos meses clausurado.

Alondra de la Parra se mostró correcta y asertiva; ojalá así la veamos en futuras presentaciones de otra índole, sin afanes protagónicos, al servicio de la música