Otra mirada para el Renacimiento

Con divertidas subastas ficticias de arte renacentista y talleres permanentes en los que se arman modelos de máquinas diseñadas por Da Vinci, el Museo Interactivo de Economía (MIDE) transmuta en una lúdica experiencia la incómoda veneración que han generado las exposiciones Leonardo Da Vinci y la idea de la belleza, y Miguel Angel Buonarroti, un artista entre dos mundos, que se presentan en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

Sugerente por la relación que establece entre el modo de vida y el intercambio comercial, la exposición El Renacimiento en el MIDE. Arte, ciencia, economía y vida cotidiana destaca como una mirada diferente para entender el fenómeno artístico. Una mirada acertada y veraz que contextualiza no sólo la producción y el consumo del arte, sino también su propia existencia: Sin mecenazgos, sin mercado y sin el aval –y también censura– de los poderes religiosos, aristocráticos y pre-empresariales, el arte renacentista no hubiera llegado a los niveles creativos que conocemos.

Ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la espléndida construcción colonial que albergó al Antiguo Hospital y Capilla de Betlemitas, el MIDE tiene la vocación de explicar temas de economía, finanzas y desarrollo sustentable en un ambiente que estimula las emociones y el aprendizaje. Creado por iniciativa del Banco de México, el museo inició sus actividades en 2006 como un organismo independiente y autosustentable apoyada por instituciones financieras privadas. Sobresaliente por la interacción tecnológica y personal que establece con el público, el museo ha desarrollado una eficaz comunicación que permite entender el impacto de la economía y las finanzas en los consumos y transacciones cotidianas.

Constituida con algunas ambientaciones y paneles que introducen al espectador en la arquitectura renacentista italiana, en la visualidad y funcionamiento de la banca, en la actividad social de los mercados y en el impacto que tuvo la peste en la demanda de oficios –entre otros temas–, la exhibición se asoma a la relación entre arte y economía. Diseñada como un pretexto para interactuar y no como una exposición para admirar, la propuesta introduce al visitante en un extraño y relajado ambiente rodeado de imágenes y sonidos que remiten al Renacimiento, con música de Josquin Des Prés, Palestrina y Orlando di Lasso. Dividida en dos secciones que ocupan los espléndidos patios construidos en el siglo XVIII, la muestra señala acertadamente las diferencias que tuvo el Renacimiento en Italia, Alemania y los Países Bajos.

Con una dinámica en la que el armado de un ornitóptero –vehículo volador diseñado por Da Vinci– se encima con una maqueta que informa con barcos de papel la ruta comercial de la Liga Hanseática, la muestra sobresale por un taller que juega a la subasta de arte: Después de repartir sobres con dinero ficticio y paletas con un número, los animadores se convierten en subastadores que, tras explicar algunas características de las obras ofertadas, propician la puja por imágenes que reproducen obras de Boticelli, Miguel Angel y otros famosos renacentistas.

Fascinados con la competencia, los niños, niñas y adultos se introducen, jugando, en una de las actividades más relevantes del fenómeno y mercado artístico contemporáneo.