A decir del secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín, para construir la paz que requiere el país es necesario respetar y defender el patrimonio cultural, tanto el edificado como el inmaterial.
Sin embargo, se le comenta, en su detrimento influyen muchos factores e intereses. En el Distrito Federal se ha señalado, por ejemplo, que las compañías inmobiliarias pasan por encima del patrimonio en varias colonias, como la Roma, Condesa o San Rafael. Responde:
“Yo creo que la paz no se va a lograr sin un cambio de política económica en el país. Y también creo que en la ciudad tenemos mayores herramientas que en el resto de la República para defender nuestro patrimonio, para construir comunidad alrededor de él, patrimonio no sólo edificable, sino también nuestra memoria histórica, nuestras identidades barriales. La cultura juega un papel fundamental, entre otras cosas, para visibilizar el valor.”
No duda que la ciudad requiera de inversiones económicas para determinados proyectos, “pero si significan la destrucción de la identidad de un barrio, la desarticulación de la centralidad, del espacio de convivencia o de la memoria histórica, pues a lo mejor habría que poner en valor esa inversión contra la pérdida, y creo que tenemos que construir una participación y una legislación alrededor de esos temas”.
Abunda sobre el particular que la cultura debe ser un espacio crítico de reflexión sobre las cosas que no están saliendo bien, defender el sentido de bienestar común y la libertad de expresión.
En marzo de 2014 el gobierno del DF creó el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos. Vázquez recuerda que se estableció a partir de la crisis por la colocación de una estatua del fallecido Heydar Aliyev, quien llegó al poder en Azerbaiyán mediante un golpe de Estado contra el entonces presidente Abulfaz Elchibey. Ha enfrentado también “el error” en la intervención de la escultura ecuestre de Carlos IV conocida como El Caballito.
El secretario apunta que uno de los propósitos de su administración es robustecer esa comisión, en la cual participan la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, la Autoridad del Espacio Público, la Autoridad del Centro Histórico, el Fideicomiso del Centro Histórico, la Agencia de Gestión Urbana, las delegaciones (“cuando les ocupa el tema”) y los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y de Bellas Artes (INBA).
Cuenta con un comité ciudadano y asegura el funcionario que “todo funciona muy bien” y han logrado tener algunas reuniones con el propósito de “fortalecer una institucionalidad (interinstitucional) donde los temas del arte en espacios públicos se resuelvan no a través de filias y gustos, sino de procesos reflexivos:
“La calidad de la obra, su importancia en el contexto urbano, su relación con la comunidad que la sostiene, los valores de memoria histórica o de identidad que la ocupan, que superemos la idea provinciana –sin pensar mal de la provincia– de que es la generosidad del artista que dona y entonces estemos llenando la ciudad de cosas que nadie sabe por qué están ahí, qué significan, qué valor tienen.”
Recuerda el caso de Aliyev porque diversas organizaciones ciudadanas se opusieron a que fuera colocada en el Paseo de la Reforma, dado que durante su gestión fue señalado como violador de derechos humanos. El efecto en la significación de los símbolos, en opinión de Vázquez, era contrario a lo que se quiere para una ciudad. A pocos metros de donde estaría se encuentran las esculturas de Mahatma Gandhi, Josip Broz Tito y Luis Donaldo Colosio.
“En ese contexto, un personaje tan cuestionable, de una república exsoviética… la resolución fue que en una ciudad tan compleja como ésta no debe tomar las decisiones una sola persona, no podemos cargarle a una sola persona que diga esto sí o esto no. Los cuerpos colegiados a lo mejor hacen las cosas más lentas, pero nos permiten obtener diferentes criterios.”
En la reflexión sobre el arte en los espacios públicos que hará la comisión, adelanta, está no sólo decidir qué puede o no instalarse, sino también qué se quita, y quizá haya “como un tiradero, porque lo que ponemos en la ciudad va a ser nuestra memoria, la de nuestros hijos y de los que vienen, tiene un valor significante”.
Evoca el monumento a Álvaro Obregón en San Ángel, que responde a un momento histórico, para indicar que ahora debe pensarse cuál es el arte del siglo XXI y cuáles las formas de intervención, que quizá deberían ser provisionales y reversibles. La reflexión, agrega, deberá también hacerse en el marco del nuevo mapa político, con los delegados que asumirán en los próximos meses:
“Ahí hay un tema, porque hasta el día de hoy mucho ha sido al contentillo de los delegados.”
Recuerda entonces que en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas existió también una comisión para resolver sobre el arte público. Su primer tema fue la fuente con las esculturas de serpientes en Mixcoac (considerada por algunos como un adefesio):
“La comisión dijo: ‘Eso no hay que ponerlo’. Y el delegado respondió: ‘Aquí mando yo’. La puso y la comisión se autodisolvió. Entonces sí tenemos la experiencia de que esos cuerpos no funcionan frente a la posibilidad de un ‘reinado’ de tres años… Hay que revisar esos contextos.”
Cabe mencionar que aunque el secretario opine que el Comité “funciona muy bien”, tiene entre sus temas pendientes la restauración de El Caballito. Es un tema conducido por el Fideicomiso del Centro Histórico, pero interviene también la secretaría:
“Estamos emplazados a que muy pronto el INAH valide el programa (de restauración), lo modifique o apuntale, para iniciar la siguiente etapa.”
Según él los trabajos deberán estar terminados este año.








