La Manta: Huapangueros del jazz, revisitadores de la tradición

Corazón y raíces musicales mexicanas alternan con giros jazzísticos en el viaje sonoro que brinda originalidad al joven quinteto La Manta, de Xalapa, Veracruz, el cual presentará su segundo CD independiente Árbol de la Esperanza en el Teatro de la Ciudad.

Formada desde hace seis años, la agrupación está integrada por artistas de la Universidad Veracruzana, con edades que fluctúan entre los 26 y 31 años y estudios formales de música: Ramiro González Quintero (metales), Carlos Zambrano (bajo), Manuel López (tambores, percusiones, jarana), Hiram Marcor (batería) y Eloy Fernando Zúñiga (guitarra veracruzana, invento del lutier Daniel López; jarana huasteca, lira norteña de 12 cuerdas), quien pregona la voz principal:

“En el ensamble La Manta revisitamos la música tradicional, como dice Mardonio Carballo, el poeta huasteco de Las plumas de la serpiente,  colaborador de Carmen Aristegui, un término que a mí me gustó mucho: revisitar, que no revestir…

“La Manta es un acto de reinterpretación; no somos folcloristas, somos cinco músicos mexicanos que nos hemos desarrollado en un contexto urbano como habitantes de este país, en este tiempo que nos tocó vivir.”

Un referente de importancia para ellos lo constituyó Astillero Jazz, cuarteto que surgió cuando algunos de ellos apenas nacían (Proceso 470 y 1,110). En julio del 2002, presentaron su primer disco homónimo en El Lunario (oír en https://soundcloud.com/lamantamx/sets/la-manta-1); su amor por el rock obligó a Robert Plant, cantante de Led Zeppelin, para invitarlos a abrir su tocada de finales de ese año en el Auditorio Nacional, y el pasado fueron la revelación del Festival de Música Folk en Vancouver, Canadá.

Dice Eloy Fernando Zúñiga.

“Somos nuestro México inmenso, gozoso y al mismo tiempo doloroso; no necesitamos uniformar esta música de tan maravillosa diversidad. En La Manta cuestionamos el arte constantemente y no andamos en la vida a ciegas. Nuestro discurso musical resulta sumamente difícil de describir con palabras. Los seres humanos valemos por nuestros actos, así pues en La Manta dejamos que la música hable por ella misma.”

No han faltado algunos puristas de la música tradicional mexicana que critiquen a La Manta por “pervertir” el folclor nativo de México con improvisaciones de jazz. Eloy Fernando (26 de agosto de 1983, Ciudad de México), criado en Tanquián de Escobedo, San Luis Potosí, retumba risueño:

“Como dicen los gringos, es bueno que existan gate keepers (porteros), yo soy uno de ellos porque toco música huasteca tradicional; pero a menudo quien lanza esas críticas es porque no se está dando el chance de conocernos a fondo y llegar a la sustancia verdadera de lo que hacemos. Manejamos fusión y recreación de música mexicana con raíz, si bien cada quien posee su proyecto propio aparte de La Manta.

“Sólo que La Manta es lo que más nos importa porque la música de México no es nada más el mariachi comercial, ni las bandas comerciales de narco-corrido o porno-corridos, nosotros tocamos música norteña que no tiene nada que ver con la música de banda norteña y que la gente casi no la conoce. Tampoco somos un grupo con gran presupuesto, estamos emergiendo y deseamos llegarle a un público más extenso, sobre todo de jóvenes. Cantamos a nuestra identidad, pero no se trata de caer en el mainstream, como le dicen (a la vanguardia).”

De la picota a los tamborileros, del son jarocho y el huapango a los gustos o la columbia (del género casi desconocido denominado columbia de Costa Chica)sic), de los ecos de negritud al mestizaje armónico, El árbol de la esperanza incluye versiones refrescantes de “El Maracumbe” (son muy antiguo “dedicado a la gente buena de nuestro país”, con guiños a Apatzingán y Tierra Caliente en Guerrero, más versos por la paz y vivas a José Manuel Mireles), “La boda de El huitlacoche” (pieza tamaulipeca y nuevoleonense), “El pájaro prieto”, “Por tu mirada”, “La siembra”, “La petrona”, el canto cardenche de La Laguna “Una mañana muy transparente” (“en arte mayor”), “La cantera”, el son jarocho “La morena”, “Pajarillo jilguero”, “Plegaria” y “La manta”, cada una llena de autenticidad entonada por Eloy, Carlos y Ramiro.

La manta que yo te ofrezco

es del hilo de algodón, de las nubes en el

( cielo.

Tápate con esa manta y acuéstate junto

( a mí,

yo te haré cosas muy santas…

“Lo que pretendimos en El árbol de la vida es hacer un viaje intenso de buena música y de imaginación, por la mayor parte del país. Tenemos canciones originales basadas en la rítmica, formas estróficas y la versificación tradicional de México; a todas las canciones, aparte de infundirles su sello de La Manta, les metemos versos propios porque esas formas de nuestro país permiten improvisar, como en la música de jazz, y decir líricamente lo que a uno le venga en gana.”

En otra entrevista (para Luis Barria, de Formato 7), el flautista y sax tamaulipeco Ramiro González (quien conociera a Eloy en Tamaulipas hace tres lustros) declaró:

“La situación que vivimos en el país es difícil y se refleja mucho en el arte, y así como hay apatía de mucha gente ante lo que sucede, también la hay de parte de los artistas. Muchos que estudiaron en una escuela de prestigio no se dignan a investigar sobre la música del pueblo… no profundizan en las raíces de la música y de la verdadera riqueza que puede aportarnos… Debes investigar porque, si no lo haces, no conoces la música que  hay  en tu país y eso sí es grave. Yo creo que como artistas no debemos ser indiferentes ni tibios ante las cosas que suceden a nuestro alrededor.”

Añade Eloy Fernando, alumno de Consuelo Bolio en la Universidad Autónoma de Tamaulipas y estudioso de las lenguas indígenas, a Proceso:

“El viernes 31 en el Teatro de la Ciudad haremos interpretaciones cálidas y fuertes con lo mejor del virtuosismo en nuestros instrumentos. La Manta busca esta comunicación con la música como lenguaje universal, como ciudadanos del mundo; pero también vamos con la identidad como ciudadanos de este país, habitantes de este tiempo, esta realidad y este territorio que amamos profundamente.”

El concierto será la noche del viernes 31, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris del Centro Histórico capitalino, a las 20:30 horas.