Chile, donde actualmente se disputa la Copa América, es un hervidero, pero no por el futbol… Las manifestaciones sindicales y estudiantiles, además del repudio a la gestión de la presidenta Michelle Bachelet, han llevado a este país a niveles de tensión social que no se veían desde hacía años. Ante este panorama, la mandataria decidió apostarle a la Selección de futbol de su país para intentar mejorar la maltrecha imagen de su gobierno, que no llega a 20% de aprobación. Así, el aparato estatal se puso al servicio de los futbolistas.
VALPARAÍSO, CHILE.- Aunque la situación del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet es extremadamente compleja, dado el bajísimo respaldo a su gestión, los múltiples casos de corrupción que salpican a su entorno familiar y político, y por la irrupción de numerosos conflictos sociales que tienen a cientos de miles protestando en las calles, ella no se pierde ningún partido de la Selección chilena de futbol, que este 24 de junio consiguió avanzar a semifinales de la Copa América, que se disputa en Chile.
La última encuesta de la consultora Cadem –del 21 de junio– detectó que la aprobación popular hacia ella es de 23% y, la de su gobierno, de 19%.
El 25 de junio, entrevistada por la emisora colombiana W Radio, Bachelet aludió a esta relación entre crisis política e interés por el futbol: “En Chile no intentamos tapar los problemas, sino que los enfrentamos para corregirlos”.
Fanática
La actual Selección chilena, que goza de gran popularidad y conexión con la fanaticada, ha sido definida como “generación dorada” por periodistas deportivos. No es para menos: reúne, como nunca antes, a grandes astros del futbol mundial, como el portero del Barcelona Claudio Bravo, el mediocampista de la Juventus de Turín Arturo Vidal, el delantero del Arsenal inglés Alexis Sánchez y el defensa del Inter de Milán Gary Medel.
El 11 de junio, cuando se inauguró este torneo, el más antiguo en el mundo a nivel de selecciones, y luego que Chile venciera a Ecuador por dos goles a cero, la presidenta acudió a los vestuarios y se hizo una foto con los jugadores, que fue valorada como un trofeo comunicacional en la cuenta de Twitter gubernamental: “@GobiernodeChile: La Presidenta Bachelet celebra junto a la Selección el triunfo de #CHI vs #ECU”.
Los jugadores aprovecharon la presencia de la mandataria para orillarla a un compromiso de política deportiva. En conversación a puerta cerrada le pidieron que acotara la prohibición de meter bombos a los estadios, impuesta en 2011 por el gobierno del derechista Sebastián Piñera. Plantearon que, sin tambores, la afición lucía apagada, sin fuerza, situación que era necesario revertir para hacer sentir la localía. Bachelet aceptó la petición. Sin embargo, esta promesa no se ha materializado hasta ahora debido a la objeción de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), organizadora de este campeonato sudamericano.
La participación de Bachelet en este encuentro inaugural fue motivo de especulaciones: el gobierno temía una rechifla generalizada. El día del partido la etiqueta #PifiaaBachelet se convirtió en Twitter en uno de los tópicos más comentados en el país. No obstante, la mandataria asistió y no hubo rechifla, aunque esto podría explicarse debido a que su presencia no fue anunciada mediante el sonido del estadio.
El 19 de junio, tras el juego en que Chile derrotó a Bolivia por cinco goles contra cero, Bachelet llegó nuevamente al vestidor. Como si se tratara de un asunto de Estado, lo hizo acompañada por el presidente del Senado, Patricio Walker, y por el canciller, Heraldo Muñoz.
La presencia de este último era toda una señal, dado que Santiago y La Paz mantienen un diferendo fronterizo que dura ya más de un siglo. Esta pugna actualmente se ventila en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Bachelet y Walker se ubicaron uno a cada lado de Vidal y se sacaron una foto que éste colgó en su cuenta de Twitter.
Vidalazo
La foto junto a Vidal constituyó un inusitado respaldo para este futbolista, que tres días antes había aparecido en las páginas policiales de la prensa, al chocar borracho un recién adquirido Ferrari 458 Italia 2015, que costó 250 mil dólares y quedó convertido en chatarra.
Esto ocurrió a las 22 horas del 16 de junio, en el kilómetro 25 del Acceso Sur a Santiago. Vidal viajaba en compañía de su esposa, María Teresa Matus, con quien había disfrutado su tarde libre en el casino Monticcello.
En el accidente Vidal sufrió un “traumatismo craneal”, y su esposa, un “traumatismo en el hombro derecho”, ambos leves. Felipe González, conductor del auto contra el que chocó, también resultó con lesiones menores.
El futbolista –como registraron testigos que subieron al instante imágenes a Youtube– se resistió a su detención, que de todos modos fue ejecutada por los carabineros. El “alcotest” determinó que tenía 1.21 gramos de alcohol por cada litro de sangre. Pasó esa noche en una comisaría y a la mañana siguiente fue remitido al Juzgado de Garantía de San Bernardo (sector sur de Santiago), “por manejo en estado de ebriedad, lesiones menos graves y daños a terceros”. El Tribunal decretó que en los 120 días que durará la investigación se retendrá su licencia de conducir y deberá firmar una vez al mes en el Consulado de Chile en Milán.
Lo ocurrido con Vidal y el debate respecto de si sería o no marginado de la Selección copó la agenda de los medios, especialmente de la televisión. Esto, pese a que ese miércoles 17 se realizaba una histórica manifestación del profesorado que congregó en Santiago a 100 mil personas, algo que tuvo muy poca cobertura en los grandes medios. Los maestros se encuentran en paro nacional desde el 1 de junio, en contra del proyecto de “Carrera Docente”, que es impulsado por el gobierno de la centroizquierdista Nueva Mayoría y cuenta con el respaldo de la derechista Alianza por Chile.
Antes que el técnico argentino de la Selección chilena Jorge Sampaoli decidiera si sancionaría o no a Vidal, la presidenta Bachelet intervino sutilmente en su favor: “Me alegro de que no le haya pasado nada grave a él, a su señora ni al otro conductor. Es todo lo que puedo decir”. En relación con posibles sanciones al futbolista, Bachelet señaló: “no corresponde que la presidenta de la República tome esas definiciones. Tendrán que tomarlas quienes corresponden”.
Cabe consignar que la mandataria y Vidal tienen cierta cercanía: ella asistió al matrimonio de éste, el 27 de diciembre pasado, en la iglesia San Ignacio, de Santiago Centro. También concurrieron el entonces ministro de Interior, Pablo Pañailillo, y el vocero Álvaro Elizalde.
Poco después de las declaraciones de la jefa de Estado, Sampaoli anunció el perdón. Lo hizo en conferencia de prensa desde el complejo Juan Pinto Durán, donde se concentra la Selección: “Vidal para nosotros es un jugador valioso. (…) Sabemos que no pudo controlar su descanso, pero no creo que el hecho tenga tanta magnitud como se ha querido manifestar”.
El 22 de junio, el periodista Víctor Herrero expresó en su “Análisis Semanal”, en el diario Universidad de Chile, que la presidenta, en un intento “desesperado por recuperar el cariño de la gente ha ido a todos los partidos de ‘la Roja’ en el Estadio Nacional”. Ahondando en este punto reflexionó: “Algo anda muy mal en el país cuando una presidenta se saca una foto sonriendo junto a un jugador que protagonizó un accidente estando alcoholizado (…) con el fin de recuperar algunos puntos de popularidad”.
Bachelet también acudió al vestidor chileno tras el partido contra Uruguay, correspondiente a cuartos de final, en que Chile se impuso por la cuenta mínima. Declaró a los medios presentes: “Esta Selección le hace muy bien a Chile”.
Pero la vocera de la Confederación Nacional de Estudiantes de Chile (Confech), Marta Matamala, la retrucó en su cuenta de Facebook: “A nuestro pueblo le falta la alegría de salud, educación, trabajo y vivienda DIGNA! Basta de figurar, haga su pega! (su trabajo)”.
Selección apetecida
Los movimientos sociales, para lograr visibilidad, se han acercado a la Copa América. El 2 de junio, en el sexto día de su huelga nacional, una comitiva de 300 trabajadores de la empresa de telecomunicaciones Entel ,S.A. –privatizada en 1986 por el dictador Augusto Pinochet–, se manifestó ruidosamente a las afueras del Pinto Durán.
Su vocera, Carmen Miranda, expresó a la prensa allí reunida los motivos de su protesta: “Buscamos llamar la atención de los medios. Entel es sponsor de la Selección”.
El delantero del Atalanta (Serie A del futbol italiano) Mauricio Pinilla salió a respaldarlos: “Lamento que las personas que están en huelga tengan que pasar por esto, ojalá logren un acuerdo”. Sus deseos fueron órdenes para Entel: Un día después esta empresa reinició el diálogo con sus empleados, que finalizó el 5 de junio con un acuerdo que dejó ampliamente satisfechos a éstos.
El 9 de junio, unos 200 profesores se acercaron hasta el Pinto Durán para pedir el apoyo de la Selección chilena a sus demandas. La respuesta fue inmediata: Sampaoli salió a abrazar a los maestros e invitó a una delegación a pasar. Estos departieron con los futbolistas y se sacaron una significativa foto portando una pancarta que decía: “A recuperar la dignidad del docente”. Este respaldo dio gran visibilidad a las protestas del profesorado y contribuyó fuertemente a instalarlas en la agenda pública.
La Copa América, además, se desarrolla en medio de una gran agitación estudiantil que tiene a casi todas las universidades estatales y a buena parte de las privadas paralizadas o tomadas. Esta impresionante movilización –similar en fuerza a la que sacudió Chile en 2011– es liderada por la Confech y tiene por fin exigir el cumplimiento del compromiso de campaña de Bachelet de garantizar la gratuidad universal en la educación superior.
El 25 de junio, universitarios, apoyados por secundarios y profesores, realizaron multitudinarias manifestaciones en todo Chile, que congregaron a más de 100 mil personas sólo en Santiago.
Tanto profesores como estudiantes decidieron en los últimos días radicalizar sus protestas como respuesta a la nula acogida que han tenido.
Finalmente, la Copa América coincide con grandes movilizaciones de pescadores artesanales, comunidades mapuches y Rapa Nui (Isla de Pascua), choferes de la locomoción colectiva en Santiago y de trabajadores portuarios.
Sin embargo, todas sus demandas podrían seguir siendo invisibilizadas si Chile obtiene, por vez primera, el máximo galardón del futbol sudamericano.








