Un rastro modelo… de simulación

En el Rastro Municipal de Guadalajara el clima laboral es tan armónico, que los trabajadores no se quejan de nada y gozan de canonjías que los demás empleados del ayuntamiento no tienen. Ello se debe, dicen trabajadores administrativos de la dependencia, a que su director, Luis Álvaro Vázquez Figueroa, aconseja al alcalde Ramiro Hernández García –su compadre– que no se enemiste con el sindicato. Y en ese “modelo de tolerancia”, los trabajadores hacen de las suyas.

En el Rastro Municipal de Guadalajara la armonía laboral es tal que, según la nómina, todos los empleados son puntales, nunca se enferman ni piden incapacidad médica ni toman vacaciones.

Ello se debe, a decir de algunos trabajadores inconformes del área administrativa de la dependencia, a que el director, Luis Álvaro Vázquez Figueroa, aconseja al alcalde Ramiro Hernández García ceder a las presiones del Sindicato de Trabajadores en Obradores, Rastro, Cebadores y Similares de Jalisco, encabezado por Miguel López Escobar.

Vázquez Figueroa asegura que el alcalde es su compadre, por eso le tiene confianza y le pide no enfrentarse con los sindicalistas afiliados a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos para simular que en el rastro tapatío todo es perfecto en materia laboral.

Gracias al apoyo del funcionario, sostienen los empleados consultados por la reportera, el rastro es la única dependencia tapatía en que algunos trabajadores reciben beneficios tanto del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como del Instituto de Pensiones de Jalisco (Ipejal).

Así, mientras sus pares de las dependencias municipales están en la modalidad 38 del IMSS –que implica tener derecho únicamente a consultas médicas y cirugías menores–, los empleados del rastro están inscritos en la 10, por lo que tienen derecho a seguro de riesgos de trabajo, enfermedades y, en el caso de las mujeres, a servicios de maternidad. Además, los sindicalizados del rastro municipal cobran cada semana, mientras los de las otras dependencias lo hacen cada quincena.

Proceso Jalisco solicitó por medio de la Ley de Transparencia una copia de la nómina del rastro. La Unidad de Transparencia tapatía, a cargo de Nancy Paola Flores Ramírez, respondió que en la dependencia que dirige Vázquez Figueroa sólo cobran 80 empleados.

Ellos son tres operarios de sacrificio, un auxiliar operativo, 23 estibadores, ocho supervisores, seis técnicos operativos, 11 vigilantes, tres choferes, tres auxiliares administrativos, cuatro jefes de departamento, 10 jefes de oficina y dos de sección, un par de secretarias, un médico veterinario y el director.

Todos son de confianza, indica la Unidad de Transparencia; y añade que en marzo pasado la erogación para el pago de nómina fue de 1 millón 131 mil 372 pesos.

Sin embargo, este semanario consultó la nómina real de la dependencia municipal, según la cual la plantilla laboral es de 384 trabajadores que, en marzo pasado, cobraron 3 millones 775 mil 622 pesos. Al siguiente mes, el monto fue de 4 millones 357 mil pesos, 582 mil pesos más por concepto de excedente de matanza, percepciones ocasionales y servicios extraordinarios.

La diferencia radica en que los operarios de sacrificio son 196, mientras los estibadores son 63. En la nómina se omitió que también laboran 11 técnicos en mantenimiento, 16 operarios de sanidad, 53 operarios de corrales y dos auxiliares.

Las erogaciones varían cada mes, pues los trabajadores sindicalizados reciben pagos adicionales por excedente de matanza, devengado por suplencias, percepciones fijas, percepciones ocasionales y servicios extraordinarios.

La nómina rasurada

Los trabajadores administrativos consultados advierten que ante el IMSS, el patrón registrado es la Junta Administradora del Rastro, una figura inexistente porque, dicen, “todos somos empleados del municipio”. Ese vicio, aseguran, “data de 1973 y ninguna administración ha querido atenderlo”.

Llama la atención que López Escobar, el secretario general del sindicato, aparezca en la nómina del portal de Transparencia de Guadalajara como operario de sacrificio “C”. Según el sitio, se emitieron tres cheques a su nombre entre el 1 de julio de 2012 y el 17 de diciembre de 2014: uno por 338 pesos (número 120424), otro por 880 pesos (número 207532) y el último por 13 mil 890 pesos (número 320713).

Asimismo, en la copia de nómina semanal que entregó la Unidad de Transparencia a Proceso Jalisco se indica que del 15 al 31 de mayo pasado López Escobar percibió 3 mil 189 pesos brutos.

En la nómina del sitio web aparece información sesgada de los hermanos Rodolfo y Felipe Escobedo Guerrero, operarios de sacrificios “C” del rastro municipal. El primero, según la información, sólo cobró dos cheques por 338 y 13 mil 890 pesos. Sin embargo, según la nómina sin rasurar, Rodolfo percibió 4 mil 213 pesos entre el 15 y el 21 de mayo pasado.

Con respecto a su hermano Felipe, en la página de Transparencia aparece que el ayuntamiento le dio 14 mil 280 en dos cheques: el número 120374, emitido el 1 de julio de 2012, y el 320622, fechado el 17 de diciembre de 2014. En realidad, él recibe cada semana 4 mil 64 pesos en promedio.

Las irregularidades se repiten con el operario de sacrificio “C” Gustavo Eduardo Velázquez Salazar, quien, según la página de Transparencia de Guadalajara, sólo cobró 14 mil 967 pesos en dos emisiones: una el 1 de julio de 2012 y otra el 17 de diciembre de 2014. Lo cierto es que Velázquez Salazar se lleva al menos 4 mil 130 pesos cada semana.

Según los inconformes, los jefes de sección del rastro, Jorge Chavoya y Bernardo Gaxiola, son los encargados de manipular la nómina. Lo hacen, dicen, con la complicidad del director Vázquez Figueroa.

“Jorge carga los excedentes (de matanza, percepciones ocasionales, servicios extraordinarios, suplencias) en la nómina, y después lo cobra. Gaxiola se lleva a los trabajadores en la camioneta. Los espera a que saquen dinero del cajero y deposita en la camioneta la parte proporcional que les toca”, dice uno de los entrevistados.

Sus compañeros se quejan también porque, dicen, cuando Aristóteles Sandoval Díaz estaba al frente del ayuntamiento tapatío dio un incremento salarial exagerado a los empleados del rastro. Y ponen un ejemplo: en 2013 Luis Eduardo Carballar Rodríguez ganaba 3 mil 854 cada quincena; hoy cobra 6 mil 200 pesos.

Por lo que atañe a López Escobar, aseguran, este año recibió 201 mil 300 pesos en tres cheques consecutivos –del 246133 al 246135–. El primero fue de 7 mil pesos y se destinó a la compra de uniformes para la banda de guerra que toca una vez al año; el segundo, de 159 mil 300, para el desfile del 1 de mayo, y el tercero, por 35 mil, para eventos deportivos.

Robo hormiga

En el rastro de Guadalajara no sólo cargan al erario buenos sueldos, los operarios y algunos empleados se organizan también para robar carne.

Según los administrativos inconformes, “la matanza bajó enormemente. Los introductores prefieren matar en los rastros de León o de Etzatlán debido al robo de carne mediante la famosa birocha; es decir, los cortes que el personal de matanza hace indebidamente a la res o al cerdo. Ellos la descuelgan, la tiran al piso y después pasa un carro que recoge la basura y se la lleva. Luego la pesan y llaman a sus clientes para venderles la carne. Calculamos que se roban una tonelada diaria”, dice uno de los entrevistados.

En marzo de 2005, las tres uniones de introductores de ganado y las dos uniones de obradores se reunieron con el entonces presidente municipal interino Ernesto Espinosa Guarro; el secretario general del ayuntamiento, Tomás Coronado, y el director del rastro, José Francisco Sandoval Cervantes, para poner un alto al robo hormiga que cometen los trabajadores (Proceso Jalisco 75). Ninguno atendió el problema.

En ese tiempo, según estimaciones de los afectados, el robo mensual de carne ascendía a 70 mil kilos, equivalente a 155 reses de 450 kilos cada una y a 700 cerdos de 100 kilos por cabeza. Eso representaba una pérdida superior a los 2 millones de pesos.

La reportera contactó al presidente de la Unión de Introductores de Ganado, Enrique Covarrubias, quien lamenta que la situación esté peor que hace 10 años, aunque admite que durante la pasada administración municipal disminuyó el robo hormiga.

Comenta también que su organización se reunió con Vázquez Figueroa para pedirle mayor vigilancia para evitar los robos de carne. El funcionario les aconsejó presentar una denuncia ante la Fiscalía General del Estado.

Eso es improcedente, comenta Covarrubias, pues cada ganadero tendría que demostrar que la carne robada es la de sus reses; en última instancia, cada uno de sus afiliados tendría que presentar su querella individual.

Los trabajadores administrativos hablan también de la falta de higiene en el rastro, que conlleva riesgos para la salud de los consumidores. “Los animales que mueren en los corrales deben ser cremados, pero no sucede así. Los pasan al rastro y venden la carne. El propietario ni cuenta se da; sólo le informan que el animal fue cremado”, comenta uno de los entrevistados.