Durante la última parte de los años cincuenta, el saxofonista Ornette Coleman (9 de marzo de 1930–11 de junio de 2015) desarrolló un enfoque diferente y original en la interpretación del jazz: los parámetros de la improvisación eran la melodía y el ritmo, mientras que la armonía era más el resultado del libre flujo de las líneas melódicas.
Después de su primera grabación en 1958, no utilizó un instrumento que hiciera acordes en absoluto, hasta incluir guitarras eléctricas en 1974.
Antes de ese primer disco vivió en Los Ángeles, donde tocó conciertos ocasionales y participó en sesiones de improvisación. Estas experiencias resultaban a menudo en humillación pues los otros músicos se negaban a tocar con él, porque pensaban que lo que tocaba era perturbador y estaba mal tocado.
En 1959, con su disco The Shape of Jazz to Come (“La forma del jazz por venir”) demostró que su perspectiva cambiaría el rumbo del jazz para siempre, y con Free Jazz (“Jazz libre”) de 1960 inventó un sub-género sin proponérselo.
Parte fundamental de su sonido se debía a su instrumento: un sax alto de la marca Grafton, cuya particularidad era que estaba fabricado de acrílico lo que le daba un sonido muy diferente al de aquellos hechos de metal; Coleman lo compró en 1954, luego de que su anterior instrumento fue robado y no tenía dinero para comprar uno de buena calidad. Contaba Coleman:
“Después de vivir con el saxofón de plástico, sentí que empezaba a tener un vínculo con el instrumento. El tono es un poco entrecortado comparado con los de metal, pero me llegó a gustar mucho el sonido. Y me di cuenta que el flujo de la música era más compacto. No tengo intención alguna de comprar un sax de metal, en este instrumento de plástico me siento como si estuviera creando continuamente mi propio sonido.”
Violinista y trompetista autodidacta, desde mediados de los 60 desarrolló una filosofía musical llamada “Harmolodics”, que encerraba lo que por muchos años venía realizando en su instrumento y en sus grabaciones, un método de improvisación y composición con el cual comenzó a escribir en 1970, pero del que nunca publicó algo salvo un artículo de 1983.
Resumió su concepto claramente en una entrevista con el filósofo argelino Jacques Derrida, realizada en 1997, así:
“La idea es que dos o tres personas pueden tener una conversación con sonidos, sin tratar de dominarla o dirigirla. Lo que quiero decir es que hay que ser inteligente… supongo que esa es la palabra. En la música improvisada, creo que los músicos están tratando de volver a montar un rompecabezas emocional o intelectual en el que los instrumentos dan el tono.
“Es principalmente el piano el que ha servido en todo momento como el marco en la música; pero ya no es indispensable y de hecho, el aspecto comercial de la música es muy incierto. La música comercial no es necesariamente más accesible, sino que es limitada.”
El pasado jueves 11, Ornette Coleman, uno de los verdaderos revolucionarios de la música contemporánea, falleció en Nueva York tras un ataque cardíaco.








