Este año las obras de Martín Zapata y Luis Santillán han obtenido dos premios nacionales de dramaturgia: el de Baja California del INBA y el Manuel Herrera del Instituto de Cultura de Querétaro. Dos obras con temáticas distintas y particulares retos dramatúrgicos. Camino a Fort Collins de Zapata apuesta por contar una historia de amor ubicándola en los años cincuenta, y Sara Josepha (si tuviera el valor) es la historia de una adolescente que, frente al acoso y la intimidación de sus compañeras, imagina.
Camino a Fort Collins es un texto sutil, con un lenguaje preciso y diálogos que juegan con preguntas o respuestas cortas, las cuales, basadas en la cotidianidad, van dando el transcurrir de un encuentro sui generis. Todo sucede en una cafetería de paso en alguna carretera de Estados Unidos entre Thorton y Fort Collins. Un fenómeno aerostático y una nevada impiden el transitar, y con la compañía de un radio y el brandy para quitar el frío, un hombre y una mujer inician pausadamente y sin prisa lo que implica conocerse. Con eventos y palabras ambiguas se va creando un misterio, dudas que saltan, memoria que vislumbra apenas un pasado y un presente incierto.
La atmósfera la consigue el autor con pocos elementos: La intervención del radio comunicando noticias o transmitiendo una selección musical de la época que entra y sale sin aviso, aunado a las breves historias que se cuentan, al deseo que como capullo se abre con cautela y al secreto que ella guarda y que insinúa un misterio, mantienen una tenue tensión dramática.
Al igual que en Ik dietrick fon (el sonido oculto de las cosas), creación de Martín Zapata en su totalidad de puesta en escena, la obra contiene un delicioso romanticismo en donde la complejidad no cabe. En un medio tono y con algo de naif, los personajes se vuelven entrañables y empáticos, para finalmente sorprendernos con un giro dramático que hace emerger una atractiva propuesta autoral que implica un reto tanto para el director como los actores que lo representen. En Ik dietrick fon
–llevada al escenario hace un par de décadas y que ahora se producirá la película–, el realismo es atravesado por lo imposible, pero verdadero.
Así también, Camino a Fort Collins es una propuesta dramática suave y poderosa que adquirirá nuevos aires en el momento en que se lleve a escena.
Por su parte, Santillán incursiona en el mundo de las adolescentes en Sara Josepha (si tuviera el valor) con grandes hallazgos. Al igual que en sus obras Autopsia de un copo de nieve y Polvo de hadas, Santillán muestra su capacidad para adentrarse en personajes femeninos jóvenes y verlos tal cual son. Con un lenguaje exacto y profundidad en las problemáticas, conocemos en Sara Josepha… los tormentos que puede vivir una joven cuando es agredida por otras. Sin juicios y prejuicios, la obra sucede en distintos planos narrativos. El autor deja abierto el manejo de los puntos de vista y los combina con pequeñas escenas dialogadas donde se muestran los acontecimientos.
Existen pues, una voz narrativa de quien observa y habla de los sentimientos del personaje, una voz interna que describe su accionar y que se mantiene en el misterio de lo sucedido y lo imaginado, y el yo que sufre y busca salidas a su problemática. El thriller y las historias de intimidad se entremezclan con actos de violencia, con los amores platónicos, con las populares de la escuela y las venganzas acumuladas.
Sara Josepha… y Camino a Fort Collins han sido seleccionadas por un jurado tripartita en cada una de ellas y tienen la oportunidad de que puedan ser vistas y puestas a prueba en el escenario que, seguramente, concretarán las novedosas búsquedas de los autores.








