Rancho los pinos Asedio militar

La violencia que envolvió a Jalisco este mayo también se extendió a algunos municipios de Michoacán, donde el viernes 22 murieron 42 presuntos integrantes  del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), la mayoría de ellos originarios de Ocotlán. Y mientras los ocotlenses entierran a sus muertos, tropas del Ejército se desplegaron en la zona de Los Tecomates-Casimiro Castillo, donde se encuentra el rancho ganadero Los Pinos, en el que el viernes 1 cayó el helicóptero Cougar EC725 de la Fuerza Aérea Mexicana. Los militares insisten en que esa propiedad es de la organización que lidera El Mencho, pues sólo así se explica su prosperidad.

LOS TECOMATES-CASIMIRO CASTILLO.- Aquí, en 15 días murieron varias vacas, dos sementales y 15 cerdos, comenta César Adrián Corona López, administrador del rancho Los Pinos, que ocuparon tropas del Ejército, luego de que integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) derribaron el helicóptero Cougar EC725 de la Fuerza Aérea Mexicana el viernes 1 durante un enfrentamiento.

La propiedad pertenece a Claudia Variña Pérez Pérez, quien la heredó de sus padres. Tiene seis hectáreas propias y 200 son rentadas para el pastoreo del ganado. Está ubicada a 300 metros al sur de la carretera 80 Guadalajara-Barra de Navidad, a un lado del ingreso al poblado de Los Tecomates, señala Corona, quien es médico zootecnista.

Dice que tardó 15 días en entrar al rancho para evaluar las pérdidas, que ascienden a 500 mil pesos. Y narra sus peripecias:

“Los elementos del Ejército se apoderaron del rancho. Iban en busca del Mencho (Nemesio Oseguera Cervantes), pero nosotros nos hacemos a un lado, nos desligamos de esa persona. Yo les dije: ‘Pásenle, todas las puertas del rancho están abiertas’.

“Me pidieron que les abriera la puerta de una vivienda que tiene tres candados… Yo le dije a uno de los capitanes que me preguntó por qué (tanta seguridad) y le comenté que se debía a los constantes robos que hemos padecido.”

Corona quitó los candados para que los militares vieran que adentro sólo había camas y ropa de los trabajadores, medicina para los animales, así como comida y herramientas. Pero ellos decían que un rancho como Los Pinos sólo podía ser tan próspero por sus presuntos nexos con el narcotráfico, e insistían en que el presunto propietario era un delincuente. Pero están equivocados, comenta a los reporteros, incluso les entregó los documentos legales de la propiedad.

El administrador y los trabajadores se quedaron afuera. Sólo pudieron entrar cuando llegó un destacamento de relevo. Fue cuando descubrieron los cadáveres de los animales. Dicen que los militares los han tratado bien, pese a que cada día son auscultados por ellos cuando abandonan la propiedad.

De quienes sí hay que cuidarse es de los policías de la Fuerza Única Regional (FUR), quienes han incursionado al rancho en dos ocasiones, la primera de ellas el 1 de octubre pasado. Esa vez se llevaron cinco camionetas y dos motocicletas, sostiene Corona.

“Saquearon el rancho, destrozaron la casa y torturaron a trabajadores que nada tienen que ver con algún ilícito”, cuenta. “Ellos pretendían extorsionarnos, pues pedían 50 mil pesos o más para brindarnos protección”.

E insiste: “Los de la FUR son más violentos que los soldados. Te golpean, te insultan, te detienen, te ‘siembran’ droga para detenerte y te llevan a Puente Grande. Así sucedió con 11 de nuestros trabajadores. Los acusaron de presunta delincuencia organizada, de robo de autos y otros cargos inventados.

“Yo no soy la única persona que se queja de la FUR. Si usted pregunta a los pobladores se va a encontrar muchos testimonios parecidos.”

También dice que ocho días después que la irrupción de los militares irrumpieron en el rancho, elementos de la FUR se metieron a la propiedad por la parte trasera e hicieron varios destrozos; mataron a varios cerdos con sus chicharras eléctricas e intentaron extorsionar al personal.

Dice que las autoridades nunca lo han llamado para que les muestre los documentos sobre la propiedad y comprobar que es legal. “Nosotros –dice– estamos dando la cara. Nada tenemos que ver con el narco ni cosas sucias. Pero el problema aquí no es con el crimen organizado. Aquí el problema principal es con el gobierno, con los de la FUR, que piden cuotas para dar protección”.

Reitera que cuando el Ejército entró a Los Pinos no encontró nada anormal. Lo mismo sucedió cuando se metieron los de la FUR. “Si este rancho ha prosperado es porque año tras año le damos vuelta al capital y aprovechamos los apoyos gubernamentales.

“Aquí –asegura– bajamos todos los apoyos que el gobierno federal ofrece a fondo perdido a través de la Sagarpa y por eso es un rancho próspero, con un promedio de hasta 500 reses en engorda casi de manera permanente.”

Este extenso y fértil valle comprendido entre los municipios de Casimiro Castillo, la Huerta y Villa Purificación, es uno de los mayores productores de fruta de Jalisco, sobre todo sandía, y caña de azúcar, que abastece al ingenio José María Morelos.

En el perímetro de los tres municipios se ubican muchos ranchos con una alta producción de alimentos que hasta hace poco no habían sido molestados ni por el crimen organizado ni por los policías estatales.

Hoy, la región está invadida por militares apoyados con tanques, tanquetas y helicópteros artillados.

Los testimonios del oprobio

En Ocotlán, la población se muestra indignada por lo que ha pasado en las últimas semanas tanto en su localidad como en el rancho Del Sol –ubicado en las inmediaciones de los municipios michoacanos de Tanhuato y Ecuandureo–, donde el viernes 22 murieron más de 40 presuntos integrantes del CJNG en un “enfrentamiento” con fuerzas federales, de los cuales 34 eran oriundos de este poblado jalisciense.

Del lunes 25 al miércoles 27 en las siete capillas de velación ocotlenses fueron velados los 34 jóvenes. Sus familiares se preguntaban por qué el uso de la fuerza desmedida para asesinarlos.

Si el viernes 22 hubo un enfrentamiento, como declaró el comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, ¿por qué los torturaron?, se preguntan. Afirman que algunos cuerpos tenían quemaduras; a otros les quitaron su dentadura, les fracturaron los brazos; a unos más les mutilaron sus genitales y hasta les dieron el tiro de gracia.

El asesinato de presuntos integrantes de la organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, en el rancho Del Sol volvió a abrir una herida en la población de esta cabecera. Los ocotlenses inundaron las redes sociales con mensajes en los que decían que las fuerzas federales llegaron a masacrar a los jóvenes, no a detenerlos.

En Facebook un usuario subió el mensaje: “Ocotlán NO está de luto, los que murieron en Tanhuato eran delincuentes. Estarán de luto sus familiares y amigos, quienes no pueden negar su parentesco o amistad, pero tampoco pueden negar que sus hijos, padres o hermanos que murieron al enfrentarse con la policía, en vida robaban, golpeaban, secuestraban y mataban a otros que también eran padres, hijos o hermanos.”

Los cadáveres comenzaron a llegar a Ocotlán el domingo 24, donde los velorios se prolongaron hasta el miércoles 27. Los familiares apenas tuvieron tiempo para velarlos como es la costumbre, por el elevado grado de descomposición o bien porque ante el estigma de que estaban implicados con el crimen organizado los sepultaron rápidamente.

Personal que labora en el panteón de Ocotlán comentó al reportero Mauricio Ramírez que el lunes 25 había 18 solicitudes para enterrar o depositar los cuerpos en un nicho. El miércoles 27 la cifra subió a 34.

Para el jueves 28 los familiares de los ocotlenses caídos recurrieron a las redes sociales para invitar a la ciudadanía a participar en una movilización denominada Marcha por Nuestros Guerreros para el sábado 30 de mayo. No obstante, algunos usuarios respondieron que se trataba de un montaje político, pues ese día el candidato del PAN a la Presidencia Municipal, Alejandro Ramos Flores, cerraba su campaña.

Asimismo, comenzó a circular en Youtube un presunto video del CJNG de 53 segundos en el que la organización advierte que vengará la muerte de sus 42 sicarios abatidos por la Policía Federal en territorio michoacano.

En el video se escucha la voz en off de un presunto integrante del cártel liderado por El Mencho que exige a líderes de los grupos comunitarios de Michoacán cumplir con sus “compromisos”.

El supuesto miembro del cártel alude al pacto con Juan José Farías, El Abuelo, líder del grupo de autodefensa del municipio de Tepalcatepec, colindante con el sur de Jalisco, e identificado por habitantes de la región de Tierra Caliente como un narcotraficante local, exlugarteniente del cártel de Los Valencia y amigo del Mencho.

Asimismo, advierte que el CJNG acabará con comunitarios de los municipios michoacanos de Aguililla y Coalcomán, a quienes acusa de no retribuir el apoyo que el cártel jalisciense aportó para que enfrentaran a Los Caballeros Templarios.

En la videograbación, el presunto sicario habla también de un acuerdo vigente con Miguel Ángel Gallegos, El Migueladas, exlíder templario y quien busca apoderarse del control total del narcotráfico en Michoacán.

En tres ocasiones la organización criminal manifiesta su intención de derrocar gobiernos. La primera vez el presunto sicario afirma: “Acabaremos con todo el narcogobierno”; las otras dos veces sólo habla de “mal gobierno”. (Con información de Marcelo Ramírez Herrera.)