Hemos entrado ya a la recta final de las elecciones intermedias del presente sexenio. Como malformación, se repite el desplome habitual en este tipo de comicios. La mayoría de la población pierde el interés por participar a mediados del sexenio. Lo constataremos la próxima semana. Aplica a todo el espectro nacional, aunque hay entidades en las que, por angas o mangas, vino a moverse la batea. Nuevo León no nos queda tan cerca como para dar razón de su candidato independiente, El Bronco, de quien se dice que se llevará la gubernatura. En otras demarcaciones del país hay otras variantes de interés en juego. El triple empate, inducido o real, del vecino Michoacán; la posible irrupción triunfadora de Morena en las delegaciones capitalinas de Iztapalapa y Cuauhtémoc; la negativa ciudadana a acudir a las urnas en Guerrero y Oaxaca: minucias a destacar de lo que pueda ocurrir en la jornada. No más.
Aquí en el terruño, la preferencia electoral de la zona metropolitana a favor del equipo de Enrique Alfaro destacó desde antes de arrancar las campañas. Es aliento que ha sostenido su empaque. Se esperaba también que el partido en el poder (PRI) y su gran aliada, la universidad estatal, especialistas ambos en guerra sucia, desataran todo su tinglado de malas mañas y embelecos para denostar y rebajar la imagen del contrincante a quien temen. La bandera de Movimiento Ciudadano, al que se acogió Alfaro con sus huestes, ha estado sufriendo la metralla y resistiendo los embates. Todo apunta a que la mella que le ocasionarán no será suficiente como para perder la justa.
Llama la atención, dentro de lo que se destaca en el zangoloteo local, la encuerada que se dio de la fea práctica del chayote entre nosotros. Chayote, embute, compra de micrófono, pago por evento… De alguna manera se denunciaban ya en las viejas columnas de manifestantes estudiantiles de aquel memorable 68, cuando gritaban a voz en cuello la consigna de “prensa vendida”. Parece ser enfermedad de la que aún no nos curamos. Es triste corroborar que medios que gozaban de alguna credibilidad, como Milenio, sean arrastrados en esta vergonzosa batahola. El otro viene siendo La Jornada Jalisco, cuyo demérito toca por fuerza a la versión nacional de este periódico. Sin contar con la nube de pasquines y libelos que desatan su peste en contra de los candidatos opositores, en particular centran sus obuses de calumnia en contra de Alfaro. La Jornada y Milenio locales se presentan como víctimas indefensas del “pérfido” Enrique Alfaro. ¡Los patos tirándole a las escopetas!
Les hace comparsa a estos arlequines de la comunicación la casta dorada que medra de la UdeG. Esta vez buscaron mejor su posición para arrojar metralla. Al lanzar candidatos propios a varios puestos de elección, unos con la bandera del PRI y otros con los emblemas del sol azteca, han tenido cancha libre para buscar embijar con todo a Enrique Alfaro y su equipo. A mediados de la semana anterior montaron, en el viejo paraninfo universitario, un debate entre los candidatos a la alcaldía tapatía. Acudieron los cuatro más representativos. En realidad, sólo debieron acudir Villanueva, del PRI; Petersen, del PAN; y Alfaro, del MC. Doña Celia, del PRD, con una intención del voto rascando el 2%, debió de ahorrarle al público el sufrimiento de sus alocuciones insulsas. Pero no podía faltar, por ser anfitriona. Ella y Villanueva llevaron a corral propio a Alfaro para despellejarlo, cosa que no lograron hacer. Alfaro les demostró a todos ellos y a quienes lo quisieron ver en pantalla, que tiene más tablas que los tres juntos y que no lo van a amedrentar con trucos de dinosaurios o de avezados tahúres, como son los padillos, que siempre juegan con cartas marcadas.
Dentro de esta guerra de lodo, cuyos vericuetos nos meterían a señalamientos sin fin, anda anudado un bodrio de malas componendas que tiene que salir a la luz. Ya habíamos dado cuenta antes de la cohorte de personajes aviadores que integran la planilla de Villanueva. Pero hay otro que es mucho peor. Incluyeron a Benjamín Galindo en la lista como para ganarse a los ingenuos encandilados con el buen nombre de los deportistas. Pero se callan los nexos reales que inciden en su inclusión, pues lo llevan a otro tipo de ligas más bien vergonzosas: el de su colusión en el escandaloso asunto de los trasplantes de hígados. Ya conocimos en su momento el sucio papel jugado por el bestiario udegeísta en este nefando negocio.
En la denuncia A/C SIEDO/UEITMIO/39/08, presentada a la SIEDO el 20 de agosto del 2008, se entera a la autoridad del caso de la señora Guadalupe Aguilar de Cruz, “a quien de su consultorio particular el doctor Rodríguez Sancho la derivó al Hospital Civil de Guadalajara para trasplantarla en dos ocasiones de hígado cobrándole por eso la cantidad de un millón seiscientos mil pesos. Su hija Mónica Cruz Aguilar es esposa del futbolista Benjamín Galindo, que fue quien pagó al doctor dicha cantidad”.
“De este caso –continúa la relación en dicha denuncia– también tiene conocimiento el Ing. Carlos López Ramírez y su esposa, quienes conocieron a Mónica Cruz Aguilar, esposa del futbolista Benjamín Galindo, en una cena en el departamento del doctor Rodríguez Sancho. Las personas anteriores no se encontraban en la lista y por lo tanto es claro que Rodríguez Sancho, en coordinación con el Hospital Civil de Guadalajara, simuló actos jurídicos que tuvieron por objeto obtener ganancias por la obtención (sic) de órganos sin respetar las preferencias y el orden establecido en las listas”.
Otro punto de atención del momento se vincula de lleno con la agenda de la seguridad nacional. Ya hace buen tiempo que estamos reprobados en esta asignatura y lo ocurrido en el mes de mayo en Jalisco sólo refrenda la caída de nuestras calificaciones en dicho renglón. Desgraciadamente es materia tan álgida que no podemos reducirla a escarceos por las decisiones electoreras presentes. Por decirlo de manera simple, es tara que carga demasiada cola. No podemos abaratar su atingencia, ni reduciéndolo a la agenda de la cuestión electoral, así sea nacional, ni menos a la superficialidad de los boletines que parten de las instancias del propio gobierno, responsables directas del baño de sangre que está sufriendo nuestro pueblo, a partir de su malhadada guerra civil que ya dura mucho y que ha cobrado demasiadas vidas de connacionales. Es tiempo de ponerle ya un freno a esta sangría.
Lo penoso del caso es que pareciera que a los señores del poder ni calor les llega. Rubido declaró que todas las fuerzas federales trabajan de cara al proceso electoral del 7 de junio. “No creo que esté en riesgo de ninguna manera la democracia en nuestro país” (Proceso 2012, p. 11) ¿Qué entenderán por “democracia” estos furibundos defensores de las instituciones?








