El teatro comunitario del Cedram

CHERÁN, Michoacán.- Ir a los poblados más lejanos, incomunicados o que no tienen acceso al teatro es una de las principales actividades del Centro Dramático de Michoacán (Cedram), y compartirla es toda una aventura. A finales de abril sus integrantes fueron al pueblo de Cherán a presentar dos obras, y a principios de mayo lo hicieron en el pueblo de Nahuatzen.

Para estos recorridos llevaron el camión Xanharati –que significa “caminante” en purépecha–, del que se despliega un escenario, junto con su compañero Uaxaka, del que se desprenden las gradas. En la plaza de Cherán se instalaron para dar funciones de Paka/cuando sea grande NO quiero ser como tú y Valentina y la sombra del Diablo, escritas por Verónica Maldonado y dirigidas por David Hurtado y Mauricio Pimentel, respectivamente.

Niños y adultos pueden ser los espectadores, a los que a través de símbolos y analogías les hablan de una sociedad hostil o de la violencia sexual que se ejerce sobre una niña. El entusiasmo por la experiencia es la lluvia para sembrar conciencia y el gusto por la cultura. En la bitácora y las conversaciones así se vislumbra, aunque los actores y el director tengan que superar un sinfín de dificultades para lograr su propósito.

En estas funciones de Cherán y Nahuatzen, los actores Diana Becerril, Frida Hernández, Diego Montero, Víctor Vargas y el director David Hurtado, junto con los técnicos, sortearon los obstáculos del clima y las actividades del pueblo. Todos juntos y sin distinción hicieron posible que el milagro del teatro sucediera.

El Cedram nació en 2003 bajo la dirección de Luis de Tavira, y en 2008 Miguel Ángel Cárdenas, Chamaco, tomó la dirección para continuar con las actividades de teatro comunitario y los diplomados de formación que se realizan dos veces al año junto con la Casa del Teatro, la cual él coordina.

El teatro itinerante se inició con el camión Rocinante y el mes pasado cumplió 10 años dando funciones. Ahora son cinco camiones con los que trabajan y han recorrido más de 100 mil kilómetros. También tienen el programa Vamos al Teatro, donde un camión es destinado para llevar al público. En el Cedram, ubicado en la entrada de Pátzcuaro, cuentan con un teatro donde se dan funciones y a donde muchas veces llevan y traen gente de distintos pueblos para facilitar su presencia. El teatro es gratis y está al alcance de muchos. Por lo pronto, en estos 10 años 400 mil personas de 500 comunidades han asistido.

Teatro para niños y para adultos. Obras múltiples y variadas entre las que encontramos Salir al mundo de Berta Hiriart, Martina y los hombres pájaro de Mónica Hoth, Juanete y Picadillo de Hugo Salcedo, y Alegría la lotería de Tere Valenzuela, para mencionar unas cuantas de carácter infantil. Para adultos, que no excluye a los niños, y viceversa, han retomado obras clásicas como Bodas de sangre de García Lorca, El inspector de Gogol, La malquerida de Jacinto de Benavente o Los pasos de Lope de Rueda. Son más de 500 espectáculos en su haber, que pueden tener un mensaje directo o la intención de provocar el placer de ver teatro y presenciar una historia. Pero eso sí, el teatro mantiene su principio fundamental de acto colectivo, que une, propicia el encuentro y crea lazos.

El teatro comunitario del Cedram tiene gran resonancia a nivel nacional y confirma la capacidad de esa institución para acercar a la gente que pocas veces tiene oportunidad de una experiencia escénica. El hecho teatral adquiere dimensiones sociales inmediatas, forma público y hasta provoca las ganas de hacer teatro.