Durante los sismos de 1985, el arquitecto José Murafuentes se significó por verificar, en el Multifamiliar Juárez de la Colonia Roma, lo que como estudiante había constatado tras el temblor de 1957: las deficiencias en la reconstrucción. Entonces dio una entrevista para Proceso, donde además explicó los mecanismos de las estructuras ligeras, cuyas enseñanzas debía a Frei Otto, su maestro en Alemania. El autor de este artículo fue discípulo de ambos y hoy está al frente del Laboratorio de la UNAM que encabezó Mirafuentes. Aquí, a petición de este semanario, narra su relación con Otto, el primero en obtener post mortem el Premio Pritzker de Arquitectura, y explica sus aportaciones a nivel mundial.
Septiembre de 1976, taller del despacho de los arquitectos Enrique y Agustín Landa Verdugo en Paseo de las Palmas, Lomas de Chapultepec. Recibo una llamada de casa y mi madre me da una noticia esperada por varias semanas: “Acaban de llamar a casa informando que la beca que solicitaste al gobierno alemán te ha sido otorgada”. Ya había obtenido el título de arquitecto ese mismo año en la entonces Escuela Nacional de Arquitectura-ENA de la UNAM, y a partir de ese momento mi vida daría un fuerte giro en dirección a la carrera profesional y académica que he podido ejercer hasta hoy en día.
Como estudiante, había tomado los cursos sobre cubiertas colgantes ofrecidas por el arquitecto José Mirafuentes Galván, quien supo sembrar en mí la semilla por conocer más sobre las cubiertas ligeras, cuya geometría y diseño siempre me habían cautivado y emocionado. El arquitecto Mirafuentes había realizado estudios de posgrado con el reconocido arquitecto alemán Frei Otto, y las imágenes que nos mostraba sobre las estructuras ligeras diseñadas y construidas por Otto despertaban en mí un fuerte deseo por saber cómo se diseñaban, cómo se construían esas formas mágicas y misteriosas a la vez.
Fue mi deseo por obtener ese conocimiento el que me llevó a concursar para obtener la beca que ofrecía el gobierno alemán a través del DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico), que finalmente obtuve, y en octubre de 1976 partí a la ciudad de Stuttgart, donde se encontraba el famoso Institut für leichte Flächentragwerke-IL (Instituto de Estructuras Ligeras), dirigido por Frei Otto.
En abril de 1977 ingresé a la Universidad de Stuttgart, y debido al tema de investigación que yo había propuesto desde México, “El cálculo de cubiertas ligeras con computadora”, me asignaron como tutor al profesor Günther Brinkmann, ingeniero mecánico que realizaba investigaciones relativas a ese tema. Pero un arquitecto no recibe en su formación conocimientos matemáticos suficientes para abordar temas complejos de investigación, por lo que le sugerí me pusiera en comunicación con el profesor Frei Otto, con quien yo deseaba trabajar realmente. Brinkmann estuvo de acuerdo y dos semanas después nos reunimos con Frei Otto en el IL, que para entonces era lugar obligado de peregrinación para todos los interesados en el diseño y construcción de estructuras ligeras.
El IL se encontraba en Vaihingen, en los suburbios de Stuttgart, a orillas del campus universitario y rodeado por un tupido bosque. La cubierta consistía de una estructura velaria cónica (estructura ligera tensada) conformada por cables de acero recubiertos por capas de madera, impermeabilizantes y techos de tejas planas que se adaptaban a la doble curvatura inversa de sus superficies. Un gran mástil central metálico descansaba sobre una base articulada cubierta con piedra bola a su alrededor. Jamás olvidaré ese primer encuentro con el hombre que me causaba gran admiración y respeto. Su mirada era intensa, su gesto adusto. Era bajo de estatura en comparación con la media de los alemanes y sus palabras indicaban una gran autoridad y precisión.
Fue así que me encontraba en la antesala de mis sueños y pensaba que pronto mis deseos de harían realidad. Sin embargo, después de presentarme y darle a conocer mi tema de investigación, Frei Otto me indicó que sus investigaciones no consideraban el desarrollo de software y que por lo tanto sugería que realizara investigaciones por un año fuera de su instituto y que posteriormente, si todavía gozaba de la beca y deseos de trabajar ahí, regresara para evaluar las posibilidades. Decepcionado en un principio, pero sin perder el coraje ni darme por vencido, inicié mis estudios en otros institutos y poco a poco fui descubriendo el fascinante mundo de la investigación.
Con Frei Otto regresé dos años después, cuando el DAAD había evaluado positivamente mis estudios y obtenido los equivalentes a la maestría y refrendado la beca para que obtuviera en dos años más el grado de Doktor-Ingenieur. Sin embargo, durante esos dos años pasados, ya había desarrollado algunos proyectos de cubiertas ligeras en el IL, asesorado por los investigadores colaboradores de Otto y una que otra observación de él mismo, quien finalmente, aceptó ser uno de los tres tutores de mi disertación de doctorado con el tema “Sobre la construcción de cascarones reticulados”.
Cada mañana, desde la ventana de mi cubículo de investigación en la universidad, observaba llegar al profesor Otto en su Mercedes Benz blanco, que tranquilamente estacionaba para dirigirse con paso firme hacia el IL, mientras yo anhelaba algún día poder formar parte de su grupo de investigación. El profesor Brinkmann finalmente continuó siendo uno de mis tutores hasta la terminación de mis estudios de doctorado, junto con Otto y el profesor Nikola Dimitrov, ingeniero civil.
Las investigaciones plasmadas en mi trabajo de doctorado versan sobre la catenaria (curva que describe una cadena suspendida por sus extremos), las cubiertas colgantes y la geometría de las superficies de traslación, y todo lo anterior soportado por el desarrollo propio de análisis geométricos y programas de cómputo. Frei Otto mostró interés en el mismo y finalmente, el 29 de junio de 1982, obtuve el grado de doctor con la calificación más alta, a propuesta suya. Pero un acontecimiento más, provocado por Frei Otto, impactaría la culminación de mis estudios. En realidad mi fecha de examen final estaba programada para quince días antes del 29 de junio, pero cuando mis tutores y el director de la Facultad de Arquitectura nos encontrábamos reunidos en la sala de juntas asignada para dar inicio al examen, Frei Otto no se presentó debido a que el avión que debía transportarlo a la ciudad de Stuttgart desde Paris, sufrió un fuerte retraso. Por reglamento interno de la universidad, el examen no podía realizarse si faltaba alguno de los tutores y si no se asignó previamente a otro profesor en su representación, quien debía conocer la disertación del doctorante. El examen fue suspendido y, no obstante lo anterior, al día siguiente celebré con mis compañeros y amigos mi fiesta de “todavía no examen de doctorado”, ya que lo que había pagado no podía desperdiciarlo ni volver a pagarlo posteriormente. Gran sorpresa causaba a mis invitados cuando llegaban a felicitarme. Sin embargo, esta experiencia sirvió para que liberara los nervios y quince días después me presentara más sereno para mi tan esperado examen final.
La herencia
Frei Otto, quien falleció el 9 de marzo de este año a la edad de 89 años, es un digno merecedor del Premio Pritzker, que anualmente se otorga al arquitecto más reconocido mundialmente por sus aportaciones sobresalientes. Sin embargo, este prestigiado reconocimiento a Otto no es por la realización de obras arquitectónicas con formas impactantes (independientemente del uso indiscriminado de los recursos naturales y en detrimento del medio ambiente), que al parecer no ha sido considerado por muchos miembros del jurado del Pritzker como un importante aspecto a evaluar: Las ideas de Frei Otto se encaminan a cómo diseñar una estructura de la manera más eficiente posible, cómo diseñar cada elemento estructural aprovechando al máximo su capacidad de carga y transmitiendo las fuerzas de la forma más simple y lógica posible.
Estos son principios que además de Frei Otto, otros grandes diseñadores y constructores, arquitectos o ingenieros, se han esforzado por alcanzar, como Eduardo Torroja en España, Pier Luigi Nervi en Italia y Félix Candela en México, entre otros más. Candela enfatizó muchas veces que la estructura en toda obra arquitectónica, además de obedecer a las características antes mencionadas, también debe ser bella, y esto es algo con lo que también cumple la obra de Frei Otto. En su famoso IL, Otto era el foco generador de ideas que posteriormente otros institutos de investigación y otros investigadores de diversas áreas: ingeniería civil, materiales, geodesia, etc., van a alimentar. Fue así que en la Universidad de Stuttgart se conformó el Grupo Especial de Investigaciones 64 Estructuras Ligeras, integrado por un grupo de institutos que apoyaron los proyectos de investigación con Frei Otto a la cabeza. Fueron muchas las publicaciones que resultaron de este grupo de investigación, como mi disertación de doctorado, que se publicó con el número 63/1982 de esta serie de publicaciones científicas.
Frei Otto nació el 31 de mayo de 1925 en Siegmar, hoy Chemnite, y falleció el 9 de marzo de 2015 en Warmbronn, Leonberg, Alemania. Pocos días antes de su muerte le fue notificado que le había sido otorgado el Premio Pritzker en su edición 40. Este reconocimiento le será conferido de manera póstuma el próximo 15 de mayo del año en curso en el New World Center en Miami, Estados Unidos. Frei Otto fue un gran promotor de la arquitectura sustentable, aun cuando el término de sustentabilidad no se utilizaba como se hace hoy en día.
Las aportaciones de Frei Otto al diseño y construcción de estructuras ligeras inspiraron al arquitecto germano Günther Behnisch, quien concibió el proyecto de las instalaciones Olímpicas de Múnich (1972), ganando el concurso convocado por el gobierno para su realización y que posteriormente contó con el apoyo de Frei Otto para su diseño definitivo, particularmente para el techo del Estadio Olímpico. Otras obras representativas de Frei Otto son el pabellón alemán para la Exposición Universal en Montreal (1967), la iglesia de San Lucas en Bremen (1963), la multisala Mannheim (1975) y el pabellón japonés para la Expo 2000 en Hannover, en colaboración con Shigeru Ban.
Desde mis primeras semanas de estancia en Alemania, viajé a la ciudad de Mannheim para conocer la multisala realizada con motivo de la anual Exposición de Jardinería en 1975, y que demostraba la gran capacidad de construir un cascarón reticulado con madera de pino (logrando salvar un claro de más de 60 metros con una sección de madera de 5 cm X 5 cm., conformando una retícula de 50 cm. por lado en cuatro capas, lo que arrojaba un peralte total de 20 cm). La experiencia de caminar serenamente en esos espacios, donde una delgada membrana plástica asentada sobre la retícula de madera me separaba del espacio exterior, aún la recuerdo con gran emoción y sorpresa:
Paso a paso iba descubriendo nuevos espacios a través de perspectivas cambiantes en las que no existía diferencia alguna entre los muros y la cubierta. Hasta el más mínimo detalle de fijación había sido estudiado meticulosamente y no existía edificación semejante en otro lado del mundo. La forma de la cubierta obedece a la forma invertida de una red de cadenas colgantes, de la misma manera que hábiles constructores ingleses ya habían experimentado en el diseño y construcción de varias cúpulas durante los siglos XVII y XVIII, como la construida por Christopher Wren en la Catedral de San Pablo en Londres, o bien como las muchas edificaciones diseñadas y construidas por el gran arquitecto español Antonio Gaudí en España.
El legado de Frei Otto permeó inicialmente a México a través del arquitecto José Mirafuentes Galván y posteriormente a través de mi persona. A partir de 1995, soy el responsable del Laboratorio de Estructuras de la Facultad de Arquitectura en la UNAM. En este laboratorio se desarrollan proyectos de investigación de manera continua apoyados con fondos del Programa de Apoyo a Proyecto de Investigación e Innovación Tecnológica de la UNAM y del Conacyt. En este Laboratorio se han formado arquitectos e ingenieros que trabajan actualmente en el diseño y construcción de estructuras ligeras, predominando las estructuras velarias. Estudiantes formados en él han ganado concursos internacionales con propuestas de diseño de ellas.
El legado de Frei Otto en México aplicado a la práctica profesional se hace patente hacia los años 60 con algunos proyectos de estructuras ligeras del profesor Mirafuentes Galván, entre los que surge la gran cubierta velaria para el patio del Palacio Nacional, cuyas grandes dimensiones le hicieron merecimiento de un reconocimiento especial. Lamentablemente el arquitecto Mirafuentes Galván fallece repentinamente hacia 1990. Por mi parte, a partir de mi regreso a México en 1983, inicio el diseño y construcción de algunas estructuras velarias y de cascarones reticulados de traslación. Entre ellas destaca la cubierta ligera para la Sala del Pleno del Tribunal Federal Electoral y el MODUNAM, cubierta velaria de fácil transporte y montaje. En 1999, un grupo de profesores y alumnos del Laboratorio obtuvo el primer y segundo lugar en el diseño de cubiertas para patios de inmuebles de la UNAM. Este premio dio origen a la cubierta velaria que actualmente cubre el patio principal del Palacio de Minería en el Centro Histórico de la Ciudad de México y que se ha convertido en un ícono referencial de las estructuras velarias en México. Muchos de los profesionistas dedicados por hoy al diseño y construcción de éstas son resultado de ese lejano legado de Frei Otto, a través del Laboratorio de Arquitectura de la UNAM.
Es así como la universidad, a través de él bajo mi dirección, y como un tributo al depositario del Premio Pritzker, organizará el coloquio internacional “Frei Otto, su legado a la arquitectura y a la ingeniería” durante el 11, 12 y 13 de noviembre del año en curso. A este coloquio se invitará a excolaboradores del IL, entre los que se considera a Jürgen Hennicke (Alemania), Nicholas Goldsmith (E.U.) y Reiner Graefe (Austria).
En octubre de 1996 fue la última vez que mi esposa y yo tuvimos oportunidad de platicar un buen rato con el profesor Frei Otto en el interior del IL, con motivo del Simposio Internacional IASS 1996 “Conceptual Design of Structures” (International Association for Shell and Spatial Structures). Mi esposa, quien por primera vez conocía a Frei Otto identificó a una persona amable, carismática y muy amigable, ya que cuando le pregunté a Otto cómo era la base articulada del gran mástil central del IL, con gran vehemencia y emoción nos explicó a detalle lo que las piedra bola a su alrededor ocultaban a la vista.
La gran mayoría de las geniales ideas de Frei Otto quedaron plasmadas en la serie de publicaciones que el IL publicó periódicamente, empezando por el Minimalnetze (Redes Mínimas, de 1969), y hasta el Intelligent Bauen (Construir con Inteligencia, de 1995). Por esta prolífica producción del conocimiento, donde se explican las aportaciones que el profesor Frei Otto legó a la arquitectura y a la ingeniería a lo largo de su carrera académica y profesional a Alemania y al mundo entero, se justifica plenamente el otorgamiento de la 40 edición del Premio Pritzker de Arquitectura en su persona. l








