“The hole”

En El agujero hay música vocal, números de circo, cabaret, streapteases múltiples, impro, y muchos cuerpos a la vista. El antiguo cine Polanco es transformado en el Gran Teatro Moliere con mesas para los invitados, donde se come y se bebe mientras se ve el espectáculo.

La historia es elemental, sólo un pretexto para mostrar e hilvanar los números que se suceden. Un maestro de ceremonias guía el show y es el anfitrión de una gran fiesta donde presentará a su nueva pareja, una rata llamada Cristóbal y que después, sin más, rompe con ella. El guión fue ideado por dos actores españoles de series  de  televisión,  Secún  de la Rosa y Paco León, sin ninguna idea de lo que es contar una historia; no es el objetivo, claro, pero es tan básica y tan mal desarrollada que no sostiene el espectáculo: lo que importa es la envoltura espectacular, la frivolidad de los planteamientos y los chistes fáciles.

The hole, creado en España, es reproducido en nuestro país con la inserción de noticias de la realidad política mexicana que en nada polemizan; reproducen los noticieros o la burla común de nuestras autoridades y sus corruptelas. Eso fue lo que sucedió estando como maestra de ceremonias, Roxanna Castellanos, quien sin faltarle presencia escénica, anima y atrapa al espectador.

En España el show ha sido un éxito durante tres años, en México llama la atención y la gente asiste una o más veces. La productora méxico-española Destino Entertaiment (en inglés) la realiza en nuestro país con un elenco internacional: las acróbatas son rusas, una aerealista polaca, el contorsionista estadunidense, la streaper española que alterna con una argentina y cantantes/mayordomos mexicanos al igual que los maestros de ceremonias que dividen funciones: Roxanna Castellanos y Alejandro Calva.

Con un aparente espíritu transgresor, se insertan en los modelos mercantilistas del ser humano, transformándolo en seres vendibles y apetitosos. Sin temor a las obscenidades, muestran el marco conceptual de nuestra sociedad de los estereotipos femeninos y masculinos; como si estuviéramos en un Chip and Dale o en un table-dance elegante.

El acabado del espectáculo está muy bien realizado, en particular los números circenses. La escenografía y la iluminación de los españoles Miguel Brayda y Juanjo Llorens es de lo que más llama la atención. Son muy seductores los grandes labios al centro que se iluminan de diferentes colores, y por donde aparecen y desaparecen personajes –acotados por grandes escaleras simulando una gran mansión–. Hay números visualmente bellos como el de la streaper que en la oscuridad pinta su cuerpo y juguetea con pintura fosforescente o la tina donde la “madmoasel” se baña y, por un efecto de duplicidad, sus piernas suben y bajan de maneras insólitas.

The hole es para un público que va a divertirse y echar relajo sin importarle más. Poco ayuda el intento del “espich” aleccionador sobre la libertad sexual que la maestra de ceremonias pronuncia subida en una voladora para cerrar el espectáculo. Lo que puede resultar agresivo para algunos, sobre todo para aquellos a quienes les toca ser de los que se rían a sus costillas, son los momentos en que algunos de los personajes, como el trasvesti con falda de bola y pestañas inmensas, se burlen de la impotencia sexual de algún hombre mayor y lo nombren “pendejo” o cuestionen a su pareja de cómo puede estar con él.

Pues sí, hay público para todo. Ni hablar.