Michael Cuesta inició su carrera como cineasta independiente en Sundance, después ha destacado por su trabajo en series de HBO tales como Homeland, entre otras. La mezcla de autonomía del cine indi con la eficacia narrativa de la nueva era televisiva sonó ideal para proponerlo como director de Maten al mensajero (Kill The Messenger; E.U., 2014), proyecto de bajo presupuesto de una productora de Hollywood apoyado por un reparto costoso como Andy García o Ray Liotta, que apenas hacen un cameo en la cinta.
Maten al mensajero, la historia de Gary Webb (Jeremy Renner), un reportero que denuncia el apoyo de la CIA a la Contra nicaragüense con dinero financiado con venta de crack y cocaína en Estados Unidos, es un thriller con elementos biográficos y denuncia política. El guión acopla el libro de Webb, Dark alliance (Negra alianza), basado en la serie de artículos que publicó en el diario donde trabajaba, el San José Mercury News, con la biografía homónima de Webb escrita por Nick Shou.
Impulsivo y oportunista, Webb es un personaje contradictorio, polarizado entre un fuerte sentido del deber ser institucional y la culpa de no llenar el ideal del buen padre americano de familia. Tanto, que se convirtió en la presa ideal para la campaña de desprestigio que organizó la CIA, y que las impugnaciones de falta de veracidad –por parte de periódicos mayores como el New York Times o el Washington Post–, no hicieron más que apoyar. Como si un genio maquiavélico hubiera ideado cómo destruir a un periodista a través del periodismo mismo, obligándolo a contradecirse y a refutar lo que nunca dijo.
La personalidad de Gary Webb tiene una cierta dimensión trágica; algo, también, de la maldición de Cassandra a la que nadie escucha y que algún día será proverbial. El personaje de Jeremy Renner, entre el orden del método de investigación y los chispazos de las pistas posibles, entre su gusto por las motos y su deseo de reparación familiar, transmite una sensación constante de incomodidad; periodista brillante e intuitivo, pero un tipo que padece sus contradicciones en vez de explotarlas; un buen cazador con tendencia a convertirse en la presa misma.
El material es enorme y da para varias temporadas de una serie de HBO; pero poco de todo esto cabe en la cinta; Michael Cuesta se mueve a sus anchas en la tele, o en películas con historias planas. Lo cual resulta frustrante porque el contenido político es gravísimo y Maten al mensajero lo deja flotando en una atmósfera de paranoia de la que cada espectador tiene que sacar sus propias conclusiones.
A nadie le sorprende que la CIA haya colaborado con la Contra; si las declaraciones de Barack Obama llegan a tener un efecto verdadero, el intervencionismo habrá quedado atrás (por lo menos a un nivel tan evidente). Lo descabellado es la asociación con la cocaína y el crack para financiarse; las revelaciones de Webb provocaron revuelo en la comunidad afroamericana, seguramente porque a muchos les quedó claro el doble juego de la política americana contra las drogas.








