Zafra electoral 2015

El pasado domingo 5, Domingo de Resurrección, comenzaron dos cosas enteramente ajenas a la cuaresma: el horario de verano y las campañas políticas zafra 2015. Ante el primer acontecimiento, el remedio para los habitantes de esta parte del mundo ha consistido, como en los años anteriores, en adelantar una hora el reloj e irse adaptando o resignando lo más pronto posible a las eventuales molestias y contrariedades derivadas del “nuevo horario”. Pero a diferencia de lo anterior, contra las campañas políticas no hay vacuna ni la cosa se resuelve con manipular las manecillas del reloj.

A lo largo de dos meses todo mundo –léase hasta las personas que no van a votar, ya sea por desinterés o porque aún no cuentan con la edad o con la credencial para ello– estará sometido a una propaganda electoral aturdidora, que entre otras cosas tendrá más de 12 millones de anuncios en la radio y la televisión (¡un promedio 200 mil al día!), aparte de mantas, pintas en las bardas, banderolas, anuncios espectaculares, volantes, comentarios y desplegados en la prensa escrita, mensajes en las llamadas redes sociales, etcétera, y también mítines, entrevistas y posibles debates entre la legión de candidatos a alcaldías, regidurías, diputaciones federales y locales, así como algunas gubernaturas que estarán en juego el próximo 7 de junio. Ahora sí que como dice el dicho: ¡Que el Señor nos agarre confesados! Y si no, al menos cansados para que exista la posibilidad de una vía de escape.

En el caso particular de la comarca jalisciense, lo que estará en disputa es la renovación de los 125 ayuntamientos, así como del Congreso local y la representación estatal en la Cámara de de Diputados. Para el primer caso, la novedad es que en más de una treintena de municipios un partido presuntamente de izquierda (el PRD) va en coalición con el de la derecha tradicional (el PAN), en un sospechoso hermanamiento político, digno de rubricarse con uno de los más célebres aforismos de Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no les gustan también tengo otros”. El motivo de tan incongruente coalición, que en la Zona Metropolitana de Guadalajara incluye los municipios de Tlaquepaque y Tlajomulco, no es otro que cubrir las miserias de ambos partidos: uno, el PAN, que se ha ganado a pulso el desafecto de la ciudadanía, y otro, el PRD, que en Jalisco nunca ha pasado de ser furgón de cola y que, para colmo de males, desde hace dos décadas es una más de las empresas “parauniversitarias” que regentea el mandamás de la Universidad de Guadalajara (¿eres tú, Raúl?).

Otra coalición, que ya se ha vuelto una costumbre, es la mancuerna que el PRI ha hecho con el anodino Partido Verde Ecologista de México. En esta ocasión, dicha alianza impulsa las candidaturas de aspirantes a varias alcaldías de Jalisco, entre ellas la de Ricardo Villanueva en Guadalajara y la de Salvador Rizo en Zapopan. En el primer caso, los pronósticos y encuestas colocan al delfín del gobernador Aristóteles Sandoval Díaz en un remarcado segundo lugar, detrás del abanderado de Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro, a quien tanto el gobierno de Sandoval Díaz como el PRI Jalisco sienten como algo más que una piedra en el zapato, de suerte que el plan desde el Ejecutivo estatal y las corporaciones y clientelas tricolores (CTM, CROC, SNTE…) parezca ser el de echarle algo más que cáscaras de plátano al paso del exalcalde de Tlajomulco.

El gran el temor –no sólo para el priismo de la comarca sino para el federal– es que si Alfaro alcanza la alcaldía de la capital jalisciense, podría convertirse en el favorito para llegar a la gubernatura del estado. Claro que para ello el abanderado de MC primero tendría que ratificar en las urnas su condición estadística de puntero y luego no hacer un mal papel como presidente municipal de Guadalajara, lo que, por lo demás, no parece tan difícil, considerando las decepcionantes administraciones que en las décadas recientes han tenido lo mismo gobiernos de origen priista que panista al frente de la capital tapatía.

Quien desde ahora sólo parecería aspirar a dos o tres regidurías en el ayuntamiento de Guadalajara es el abanderado blanquiazul, Alfonso Petersen Farah, quien ya encabezó el gobierno tapatío, aunque con mucha más pena que gloria, hasta el punto que en 2009 los electores del primer municipio del estado lo castigaron tanto a él como a su partido, prefiriendo entregar el gobierno de Guadalajara, luego de cinco administraciones panistas ininterrumpidas, al PRI que, a las primeras de cambio, representado por Aristóteles Sandoval logró la “hazaña” de convertir a la capital jalisciense en el municipio más endeudado de todo el país.

Es difícil decir cuánto tiempo durará la decepción ciudadana –que raya en el aborrecimiento– al PAN, partido que en Jalisco sigue rezagado como tercera fuerza política. Y es que dicho desafecto es todo, menos obra de la casualidad, pues las cuentas entregadas por gobernantes panistas como Emilio González Márquez, Juan Sánchez Aldana o el mismo Petersen Farah, para no hablar de aquel alcalde de Tonalá de apellido Vizcarra que sencillamente mandó asesinar a un compadre y colaborador suyo, han venido a representar uno de los mayores daños al patrimonio del ZMG.

¿Que cuáles daños? Entre muchos otros, la escandalosa mala inversión o malversación de recursos de los Juegos Panamericanos, junto con su depredadora villa deportiva, convertida en un inútil y costoso elefante blanco; las malhechuras del Macrobús, que desde el primer momento se ganó el desafecto de los votantes de la ZMG; el fallido y doblemente oneroso Proyecto Alameda, concebido dizque para “redensificar” (léase repoblar) el cada vez más deshabitado centro de Guadalajara; la entrega de un predio municipal y hasta de un parque público a cambio de promesas de negociantes españoles (Proyecto Mecano) y tapatíos (el proyectado Museo Barranca de Arte Contemporáneo y Moderno), y aun así uno de los padres de estas criaturas (¿es usted, doctor Petersen?) busca de nueva cuenta ser alcalde de Guadalajara.

Pero la presente zafra electoral también ha traído algunas sorpresas gratas. Una de ellas es la candidatura ciudadana, ganada a pulso y con buen tino, por Pedro Kumamoto, recién egresado del ITESO y quien, con mucha imaginación y muy pocos recursos, ahora hace campaña para ganar una diputación local por el X Distrito. Si se considera que dicha circunscripción política, localizada en Zapopan, tradicionalmente ha sido de dominio panista y que de un tiempo para acá este partido anda volando bajo, no son pocas las posibilidades de triunfo de un joven inteligente que, con un discurso tan sensato como antidemagógico y sin cola que le pisen, podría capitalizar el descrédito que partidos políticos de todo signo tienen entre los votantes de ese distrito electoral.

Aunque de un signo distinto, otra sorpresa en el arranque de las campañas políticas fue el hecho de que el payaso profesional Lagrimita (Guillermo Cienfuegos) no consiguiera ser aceptado como candidato ciudadano a la alcaldía de Guadalajara, pues los consejeros del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) no avalaron su registro por anomalías en firmas de ciudadanos que respaldaban su candidatura. Para muchos malpensados, maliciosos y suspicaces, la eventual candidatura de Lagrimita no pasaba de ser una folclórica estratagema de los cocos pensantes del PRI para pulverizar aún más el voto de la oposición, ya sea induciendo a muchos a no votar o al voto nulo (que no es lo mismo pero es igual) o ya sea restándole un par de puntos porcentuales efectivos de los sufragios no priistas.

Con éstas y otras novedades comenzó la zafra electoral 2015.