Señor director:
Deseo destacar que en el texto de Miguel García Partearroyo publicado en Palabra de Lector de Proceso 2002 encuentro de un alto valor la exhortación al diálogo, un diálogo respetuoso y abierto como el que practica Carmen Aristegui.
Entiendo que un diálogo fructífero sólo puede concebirse y articularse a la luz de la “tercera vía” y/o del “pensamiento débil” de Vattimo: “Frente a una lógica férrea y unívoca, (el pensamiento débil es) necesidad de dar libre curso a la interpretación (inteligencia de sentido); frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales transversales; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente a un (México) etnocéntrico, una visión (nacional) de las culturas”. En cualquier escenario se buscaría una fusión de horizontes en el diálogo (Gadamer), como lo propicia este espacio.
La propuesta de unidad en torno al boicot electoral para las próximas elecciones se plantea en este contexto. Es una invitación para que, ejerciendo una plenísima libertad –si es que ésta es posible–, en las próximas elecciones los ciudadanos que estemos de acuerdo con la medida practiquemos un ejercicio político de repudio al sistema de representación actual y expresemos nuestro rechazo a un “gobierno” corrupto e insostenible, que no representa los intereses y los más caros anhelos de 99% de los mexicanos. Esta expresión de “desaire democrático” puede darse mediante la anulación de la boleta electoral o votando por un candidato independiente que pudiera tener una intención de representación fidedigna.
Ahora bien, desde el punto de vista de “la persona”, a la dialéctica de espacio y tiempo que señala el Papa Francisco y a la que alude Miguel García Partearroyo (Proceso 2000) le correspondería el adjetivo de “cualitativa”, porque no se trata del “allá y del entonces, sino del aquí y del ahora” en la intimidad. (Ignacio Solares; Kierkegaard.) En otras palabras, se trata de ser o no ser. A la luz de una vocación democrática que se precie de ser digna y congruente, ningún mexicano puede ni debe participar y avalar un proceso electoral en una antidemocracia, que en México alcanza su más pura expresión.
Desde el punto de vista del “Estado mexicano”, la misma dialéctica de espacio y tiempo podría calificarse de “cuantitativa” con la esperanza de que el sentido del vector democrático y la razón de cambio apunte, dentro del espacio del diálogo, hacia el perfeccionamiento de la democracia que anhelamos y de la que nos encontramos a años luz.
Por lo anterior, en lo individual, la dialéctica de tiempo y espacio se articula en elegir elegir y, en la esfera del “Estado mexicano”, es dar cuenta de que el “tiempo último de inicio” del proceso democratizador ya pasó y de que “el destino ya nos alcanzó”, aunque más vale tarde que nunca, y no a trote que canse. Este enfoque excluye la posibilidad de un sincretismo, porque los dominios de espacio y tiempo son diferentes.
Disiento de Miguel García Partearroyo en su juicio de que no tendríamos posibilidad y legitimidad para reclamar cualquier escenario en caso de que predomine el voto nulo, blanco o boicoteado en los próximos comicios, porque en realidad hemos llegado al punto de no retorno. La única opción institucional y digna que nos queda es, precisamente, hacernos oír y “provocar” el reclamo del gobierno.
Nosotros ya hemos reclamado todo lo reclamable; ahora queremos que sea al revés: “Mexicanos, por favor participen en los procesos electorales porque verdaderamente los vamos a representar; dejaremos atrás las corruptelas, las Casas Blancas, los conflictos de intereses, los intereses de los poderes fácticos, el autoritarismo, y lo haremos dentro de un marco de justicia y dignidad”.
Javier Sicilia lo señala: “Si no nos conceden lo que pedimos: paz, justicia, servicio a la gente, protección de la vida, de las comunidades, de las autonomías y del territorio en el que la gente florece, ya no les haremos otras demandas. Pueden gobernarnos hasta que nosotros aceptemos ser gobernados; ya no tendríamos nada que ver con ustedes. Podrán usar la fuerza bruta de la represión (Aristegui, Medina Mora, Privatización del Agua, etcétera) y el crimen (Tlatlaya, Ayotzinapa, Acteal, Aguas Blancas, Guardería ABC, etcétera) como hasta ahora, pero si continúan actuando contra nosotros, ya no cooperaremos con ustedes, y sin nuestra ayuda saben bien que no podrán dar un solo paso” (Proceso 2002).
Quizás el espacio de diálogo en el que podríamos inicialmente abrevar lo articularía la instauración de la Fiscalía para la Justicia, como la propone Sabina Berman (Proceso 2002) para “dar el paso civilizatorio más importante de nuestra historia contemporánea”. (Carlos Monsiváis.)
Atentamente
Ingeniero Santiago Cardoso Villegas








